Se ha escrito mucho sobre la transformación demográfica y habitacional en Bogotá. Cuando se habla de vivienda en Bogotá, la conversación gira alrededor de cuántos apartamentos se construyen, dónde están y cuánto espacio ofrecen. Pero detrás de esas cifras hay otra pregunta que complementa todos los debates: ¿quiénes viven en esos apartamentos? Un hogar de una persona y otro de cuatro personas pueden vivir en apartamentos, aunque sus necesidades sean distintas. Esa diversidad obliga a observar con cuidado dos cambios que parecen marchar juntos en la capital: cada vez hay una mayor proporción de apartamentos entre las viviendas ocupadas, mientras el tamaño promedio de los hogares disminuye.
La publicación de la Encuesta Multipropósito 2025 permite revisar esa relación. El DANE dio a conocer sus resultados el 28 de octubre, con información sobre vivienda, hogares, ingresos, empleo, pobreza y servicios públicos. La quinta edición, elaborada con la Secretaría Distrital de Planeación y la Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, cubre las 20 localidades de Bogotá y 21 municipios del departamento.
Para este reportaje, El Espectador comparó los datos de las 19 localidades de Bogotá con los de la encuesta 2021, cuando se realizó por última vez. La pregunta inicial era si el aumento de apartamentos acompañaba la reducción del tamaño de los hogares. Los promedios de la ciudad parecen respaldar esa lectura; al analizar cada localidad, sin embargo, aparecen diferencias que vale la pena analizar por separado.
¿Una misma transformación?
En 2021, según la encuesta del DANE de ese año, los apartamentos representaban el 60,7 % de las viviendas ocupadas en Bogotá urbana. En 2025, esa participación subió al 66,6 %. Es decir, dos de cada tres viviendas ocupadas eran apartamentos. La ciudad también registró hogares un poco menos numerosos, porque el promedio de integrantes bajó de 2,79 a 2,71 personas. Además, la proporción de hogares con cuatro integrantes o más pasó del 29,0 % al 27,0 %.
Mientras los hogares grandes perdían participación, los hogares unipersonales aumentaron del 19,3 % al 20,4 % del total, un incremento de poco más de un punto porcentual. Desde una vista general, estas cifras parecen encajar: el apartamento gana presencia, los hogares grandes pierden terreno y vivir solo se vuelve un poco más común. Sin embargo, esos cambios no ocurren necesariamente en las mismas viviendas ni en los mismos lugares. Para saber cómo encajan, hay que analizar cada localidad.

Chapinero y San Cristóbal: dos caminos opuestos
Chapinero tenía en 2021 una característica que ayuda a entender su transformación: el 92,0 % de las viviendas ocupadas eran apartamentos. En 2025 esa proporción fue casi la misma, el 91,0 %. Lo que sí cambió fue la composición de sus hogares. Los hogares de una sola persona pasaron del 32,9 % al 50,2 % y el promedio de integrantes bajó de 2,23 a 1,84. En 2025, casi la mitad de los hogares estaban formados por una sola persona.
San Cristóbal cuenta otra historia. Entre 2021 y 2025, los apartamentos pasaron del 44,4 % al 61,8 % de las viviendas ocupadas. A pesar de ese aumento, los hogares unipersonales bajaron del 17,6 % al 14,7 % y el tamaño promedio del hogar pasó de 2,96 a 3,06 personas. El contraste es claro: allí creció la presencia de apartamentos, mientras vivir solo se volvió menos frecuente.
Entre ambos extremos aparecen otros casos representativos. En Barrios Unidos, las dos transformaciones coincidieron: los apartamentos subieron del 60,6 % al 76,6 % y los hogares unipersonales, del 21,6 % al 33,2 %. Puente Aranda, en cambio, registró una mayor proporción de apartamentos, del 47,1 % al 57,6 %, y menos hogares de una persona, del 18,5 % al 14,2 %. Por su parte, Suba mostró aumentos en ambos indicadores, aunque mucho más pronunciados en los apartamentos: 11,6 puntos porcentuales frente a 3,4.

Al revisar las estimaciones de las 19 localidades, el contraste se mantiene. Los apartamentos ganaron participación en catorce localidades y los hogares unipersonales en diez. Hay lugares donde ambos cambios caminaron juntos y otros donde tomaron direcciones distintas. La transformación de Bogotá, por tanto, tiene varias expresiones territoriales y, en consecuencia, un mayor peso de los apartamentos no basta para explicar cómo cambia la composición de los hogares.

La pregunta que dejan los nuevos proyectos
La diferencia importa cuando vemos lo que se construye. Si los hogares cambian de tamaño, ¿qué hace el mercado de vivienda nueva? Los registros que tenemos muestran una historia menos uniforme, aunque en un estudio paralelo a las encuestas multipropósito. Según el Censo de Edificaciones del DANE, los apartamentos de una alcoba fueron el 23,7 % de los iniciados en Bogotá en 2021 y el 24,8 % en 2025. En 2022, los apartamentos de una alcoba llegaron al 31,4 % antes de bajar. En números, los iniciados de apartamentos de una alcoba pasaron de 8 941 a 11 982. El número creció, pero el peso de los apartamentos de una alcoba dentro de las iniciaciones no subió de forma continua.

La información comercial muestra otro detalle. Según Camacol Bogotá y Cundinamarca, entre abril de 2024 y abril de 2025, la vivienda nueva disponible de 31 a 50 metros cuadrados aumentó su participación del 58,0 % al 61,7 %. Mientras tanto, la vivienda nueva de menos de 30 metros cuadrados bajó del 15,6 % al 12,8 %. Estas cifras son de unidades en oferta, y una vivienda de una alcoba no siempre tiene menos de 30 metros cuadrados. Aun así, estas cifras cuestionan una conclusión rápida: la mayor presencia de hogares pequeños no significa que todos los segmentos de vivienda compacta crezcan de la misma manera.

También hay una diferencia que los porcentajes no muestran. Un hogar de una persona puede estar formado por un joven que inicia su vida independiente, un adulto mayor o alguien que atraviesa una separación. Aunque la encuesta los ubique en el mismo grupo, los ingresos, las posibilidades de compra y las necesidades de espacio de cada hogar pueden ser muy distintos. Hernando Zuleta, Carolina Blanco y Manuela Robayo, de la Universidad de los Andes, dicen en su investigación sobre demografía y vivienda que el aumento de los hogares pequeños no se convierte automáticamente en demanda de vivienda nueva que los hogares puedan pagar.
La comparación de las encuestas da una conclusión que afecta la política habitacional. Bogotá tiene una mayor proporción de apartamentos entre sus viviendas ocupadas y hogares menos numerosos en promedio, pero Chapinero, San Cristóbal y Puente Aranda muestran que no existe una sola forma de vivir esa transición. Por eso, los datos describen dónde cambió la vivienda y dónde cambiaron los hogares; el paso pendiente es decidir a quiénes atienden los nuevos proyectos. Luego, después de resolver esa duda, surgirá otra pregunta importante para la ciudad: dejar de preguntarse cuántos apartamentos faltan por construir para solucionar el déficit y empezar a preguntarse para qué hogares irán esas viviendas, con qué capacidad de pago y en qué lugares.
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Javier(8y1mc)•29 de octubre de 2026 – 09:09En Bogotá conseguir apartamento es una locura, abundan las "ofertas" de monoambientes "para inversión" de 22 metros a 300 millones. Un locura. Esto puede crear una burbuja que lleve a un callejón sin salida: una cantidad de monoambientes que nadie quiere habitar, pero que ya están construidos.
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Héctor(15733)•29 de octubre de 2026 – 08:41Qué buen artículo. Lástima que falló la edición de las gráficas.
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Martha(69929)•29 de octubre de 2026 – 08:15El déficit o necesidad de la ciudad que cubrir,ayudaria con modelos de 55 metros y dos alcobas,eso sería una opción decente!! No viviendas de menos de 40 metros, que solo contribuye al encarecimiento dei costo de vida.