Bogotá

La obra presenta un avance del 37 %

9 Jul 2018 - 2:29 a. m.

Más inseguridad y pocos avances, reparos de comerciantes a la Séptima peatonal

La segunda fase del proyecto, que busca revitalizar un corredor de 1,4 kilómetros, no tiene contentos a los comerciantes, que se quejan por el aumento de la inseguridad, pocos avances y bajonazos en sus ventas. El Distrito dice que se están cumpliendo los tiempos y pide paciencia.

Javier González Penagos (jgonzalez@elespectador.com) / @Currinche

Sin concluir del todo el primer tramo de la peatonalización de la carrera Séptima –por cuenta de un pleito jurídico entre el Distrito y el contratista, porque los trabajos no fueron finalizados a cabalidad– hoy se avanza en la segunda fase del proyecto, entre la Avenida Jiménez y la calle 26, y entre la Plaza de Bolívar y la Casa de Nariño. Las obras iniciaron hace 14 meses y, aunque tienen un avance del 37 %, no dejan de generar reparos entre comerciantes y transeúntes, quienes advierten más percances y perjuicios, que beneficios.

El proyecto, que comprende la renovación de 37.000 metros cuadrados de espacio público, en un tramo de 1,4 kilómetros, y que tiene un costo de $41.821 millones, se adjudicó en marzo de 2015 y la idea era tenerlo listo el año pasado. No obstante, según el el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), en ese momento no se contaba con varios estudios. Tras superar los inconvenientes, se fijó un nuevo plazo que esperan cumplir en el primer trimestre de 2019. A pesar de esto, los comerciantes, por ahora, lo único que perciben es inseguridad, demoras, desaseo y pocos progresos.

Los reclamos obedecen al incremento de los raponazos y atracos; a la presencia de habitantes de calle (quienes duermen en el espacio cerrado o aprovechan para hacer allí sus necesidades fisiológicas) y muy especialmente a un bajonazo en sus ventas, pues dicen que, a causa de las obras, la gente ya no acude a sus negocios, bien sea por la inseguridad o porque no son visibles.

“Los avances son mínimos. Siguen los cierres y no se ve a un solo trabajador. El daño que nos han causado es realmente grande. Los clientes ven la polisombra y no vienen a la Séptima. Y se convirtió también en el escondite de los cosquilleros, ladrones y habitantes de calle. Esto es un desorden”, dice Reinaldo Salcedo, administrador del complejo comercial Casa Lis, ubicado en la calle 17.

Para Salcedo, sus ventas han caído entre un 30 % y 40 %. Por ello, su preocupación son los avances de la obra y que, tal como ocurrió en diciembre pasado, tengan una temporada navideña con bajos beneficios. “Creemos que no se van a cumplir los tiempos y no nos dicen si hay retrasos o si hay algo que tenga frenadas las obras”, agrega.

La intranquilidad que agobia a Salcedo la comparte Carlos Gallo, propietario de una pequeña relojería en la Séptima con calle 20. Sumado a la caída de sus ventas en casi 60 % –que lo obligaron a despedir a dos de sus empleados– no deja de alertar sobre la presencia de expendedores de drogas; la concentración de vendedores informales, que se toman el estrecho paso peatonal; y los habitantes de calle.

“Todos los días tenemos que estar lavando y limpiando. Al alcalde lo critican por la falta de baños públicos en Bogotá, pero hay que reconocerle que es el único que se atrevió a hacer un megabaño en este sector. ¡Aquí huele a diablo!”, dice Gallo.

Contrario a lo que señalan sus vecinos, en el sentido de que no se ven trabajadores en la obra, Diana Fernández Santamaría, propietaria de un asadero de pollos en la Séptima con 24, indica que sí hay presencia de obreros trabajando, pero solo en las mañanas y no en gran cantidad.

IDU pide paciencia

En respuesta a los reparos de los comerciantes, el IDU niega que haya situaciones que estén retrasando las obras. Según la entidad, los tiempos se están cumpliendo y aunque las lluvias generaron dificultades, no influyeron en el cronograma. “Avanzamos en todos los frentes. Incluso, por el lado del Banco de la República, una zona muy significativa, ya se ve cómo va a quedar el espacio público, la calzada y los adoquines”, sostiene Francisco Uribe, subdirector de Infraestructura del IDU.

Para el funcionario, pese a que el proyecto marcha correctamente, se debe tener en cuenta que la Séptima, al ser tan emblemática y transitada, no se puede cerrar del todo, porque afectaría toda la dinámica de la zona. “Tenemos que trabajar mientras la gente pasa al lado y eso tiene unas implicaciones en el rendimiento. También estamos garantizando el paso para peatones y biciusuarios, manteniendo la ciclorruta, que es el eje de la Séptima y lo que garantiza conectividad”.

Frente al tema de la poca presencia de trabajadores, el subdirector de Infraestructura del IDU pide tener en cuenta que gran parte de la obra demanda la instalación de adoquines y piedras, como si se tratara de un gran enchape. Tal labor es realizada por un trabajador que se encarga de guardar la secuencia y asegurar un orden. Por ello, no se ven muchos obreros. “No podemos tener a varios enchapadores en un mismo tramo, tienen que tener los espaciados para que cada cual coja un tajo diferente. No es como si estuviéramos haciendo asfalto. Esta labor es netamente manual y no se puede industrializar, contrario al tema de redes, de instalaciones o de sumidores”, precisa.

Ante el tema de la inseguridad y la presencia de habitantes de calle, Uribe manifiesta que se ha trabajado con la Secretaría de Seguridad y con la Policía para hacer, no solo mayor presencia, sino recorridos permanentes. “Les pedimos a los comerciantes que nos tengan paciencia, porque una obra tan emblemática como esta no se hace de la noche a la mañana. No se puede bloquear todo el corredor para terminarlo rápido, porque colapsaríamos el centro. Estamos trabajando para poder sacar la obra en el tiempo acordado y efectuamos control y seguimiento”, puntualiza Uribe.

Esta segunda fase, que está a cargo del Consorcio Peatones Go, debe estar lista a más tardar en marzo del próximo año y comprende, además, la renovación de redes de acueducto, alcantarillado, alumbrado y telefonía.

Hoy la obra avanza a su ritmo y ajustada al cronograma. A pesar de esto, los comerciantes piden celeridad y especialmente, comprensión. También sueñan con una Séptima revitalizada, pero esperan hacer parte de ella y no terminar desplazándose por la inseguridad o porque sus negocios ya no sean rentables.

Un anhelo demorado

La peatonalización de la carrera Séptima se ideó en la administración de Gustavo Petro y arrancó en diciembre de 2013. El objetivo era hacer del histórico corredor un bulevar más amable para transitar, buscando reavivar su vocación cultural, donde el espacio público fuera protagonista. Sin embargo, en su primera fase –entre las calles Décima y la Avenida Jiménez–, la falta de planeación, los problemas con los permisos, las adiciones (en tiempo y dinero), los trabajos incompletos y hasta la insolvencia de algunos contratistas fueron los que relucieron.

Hoy, pasados cuatro años y medio, el primer tramo, que costaba $10.300 millones y terminó costando casi $5.000 millones más, aún está en veremos. Aunque la obra se encuentra en un 90 % de avance y ya está habilitada, la actual administración adelanta un proceso de incumplimiento contra el contratista. La segunda fase está en curso, aunque no ha estado exenta de dificultades. En mayo de 2016 fue  suspendida la obra porque no se contaba con nueve estudios, ni con cuatro permisos.

 

jgonzalez@elespectador.com 

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