La imagen de los embalses vaciándose lentamente y la incomodidad de un año de racionamiento de agua en bogota aún está fresca en la memoria de la ciudad. Por eso, el anuncio que realizó esta semana la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) llamó la atención: los principales sistemas de regulación hídrica del centro del país muestran una tendencia de recuperación, justo cuando las autoridades comienzan a prepararse para la posible llegada del fenómeno de El Niño. Según el balance de la entidad, las lluvias de junio permitieron revertir la tendencia descendente que venían mostrando varios embalses y mejorar las reservas de agua disponibles para Bogotá y municipios de la Sabana.
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El principal avance se registró en el sistema Chingaza, responsable de abastecer la mayor parte de la demanda de agua de la capital. Dentro de este complejo, el embalse de Chuza se ubicó en 62,49 % de su capacidad y San Rafael en 85,32 %, ambos con tendencia ascendente. De acuerdo con la CAR, este sistema, en general, pasó de 58,27 % a 62,71 % de llenado durante junio. Con corte al 8 de julio, alcanzó el 67,65 %. Los demás sistemas también mostraron resultados favorables. El agregado norte, conformado por Neusa, Sisga y Tominé, alcanzó un almacenamiento conjunto de 62 %. En detalle, Neusa se mantuvo estable con 84,54 % de llenado; Sisga llegó mostró tendencia ascendente, con 79,79 %, y Tominé se ubicó en 56,33 % y bajando.
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Los mejores indicadores siguen observándose en el agregado sur, integrado por los embalses de Chisacá, que permaneció estable en 100,46 %, y Regadera, que registró 111,39 %, aunque con una leve disminución frente a mediciones previas. Allí el almacenamiento conjunto alcanzó 103,99 % de capacidad. Por su parte, el embalse El Hato reportó un nivel de almacenamiento de 76,67 %, también con tendencia ascendente. Para la CAR, estos resultados representan una señal positiva para la región. La entidad atribuyó la recuperación al aumento de las lluvias durante junio y a la operación de los sistemas de regulación. Aseguró que el comportamiento observado contribuye a fortalecer la seguridad hídrica regional.
¿Mejor preparados?
La lectura optimista también la comparte la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), que esta semana descartó un eventual regreso del racionamiento de agua en el corto plazo, incluso, ante la posibilidad de que se configure un fenómeno de El Niño durante los próximos meses. Aunque la intensidad del evento aún es incierta, las autoridades ambientales mantienen el monitoreo de los pronósticos climáticos para el segundo semestre.
Ante el reto de asumir una temporada climática con esas características, la gerente de la entidad, Natasha Avendaño, aseguró que Bogotá enfrenta hoy un panorama muy distinto al que llevó a implementar las restricciones en abril de 2024. Parte de esa confianza se explica por el estado actual de las reservas, pero también por cambios realizados en la infraestructura de abastecimiento durante los últimos dos años.
Precisamente, una de las medidas adoptadas tras la crisis fue la optimización de la planta Tibitoc, que hoy permite reducir la dependencia de Chingaza y diversificar parcialmente las fuentes de abastecimiento de la ciudad. “Estamos mejor preparados. Tenemos buenos niveles en el sistema Chingaza”, afirmó Avendaño en declaraciones recientes. La posición del Acueducto representa uno de los mensajes más tranquilizadores que han recibido los ciudadanos desde que terminó el racionamiento. Sin embargo, varios expertos consideran que la recuperación debe analizarse con cautela.
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Más agua almacenada no significa más seguridad hídrica
Para Diego Bedoya, consultor en gestión del recurso hídrico y docente de la Fundación Universitaria Agraria de Colombia (Uniagraria), el aumento de los niveles de almacenamiento constituye una noticia positiva, porque amplía la capacidad de respuesta del sistema frente a eventuales periodos secos. “El hecho de que se estén recuperando los embalses implica que tenemos una mayor autonomía. Los embalses son equivalentes a los tanques que tienen las casas. Dan un tiempo durante el cual el sistema puede seguir funcionando normalmente, aun cuando disminuya la entrada de agua”, explicó.
No obstante, considera que existe una diferencia importante entre tener más agua almacenada y alcanzar una verdadera seguridad hídrica. A su juicio, la capacidad de una ciudad para enfrentar escenarios de escasez depende de múltiples factores que van mucho más allá del volumen acumulado en los embalses. “Podemos construir muchos embalses, pero también tenemos que proteger las fuentes que los alimentan. Las aguas superficiales y subterráneas necesitan medidas de conservación para mantener sus caudales y su calidad”, señaló.
La seguridad hídrica, explica, también involucra la reducción de pérdidas en los sistemas de distribución, la protección de cuencas abastecedoras, la diversificación de fuentes y la capacidad institucional para anticiparse a eventos climáticos extremos. La discusión no es menor. La reciente crisis demostró que una ciudad rodeada de ecosistemas productores de agua puede enfrentar dificultades cuando coinciden fenómenos climáticos adversos, altas demandas de consumo y limitaciones estructurales en el sistema.
El desafío sigue siendo El Niño
El principal factor de incertidumbre continúa siendo el comportamiento del clima durante el segundo semestre del año. El diagnostico ya se sabe: reducción de las lluvias, aumento de las temperaturas, mayor presión sobre las fuentes hídricas y un incremento del riesgo de incendios forestales. Bedoya coincide en que los pronósticos obligan a mantener la prudencia.
Aunque reconoce que el nivel actual de Chingaza es sustancialmente mejor que el registrado durante los momentos más críticos de la emergencia hídrica, considera prematuro asumir que el problema quedó completamente resuelto. “Tenemos que estar preparados para El Niño, que de cierta manera, es impredecible en su totalidad. Sabemos, eso sí, que cada vez es más fuerte. Y en eventos anteriores, incluso menos severos, los niveles de almacenamiento ya alcanzaron umbrales que activaron alertas”, afirmó
Por esa razón, el experto sostiene que las medidas de prevención deberían comenzar mucho antes de que los indicadores vuelvan a deteriorarse. “No podemos seguir teniendo una respuesta que llegue cuando el problema ya lo tenemos encima”.
Una lección difícil de aprender
La recuperación de los embalses coincide con un debate que Bogotá ya enfrentó durante la reciente crisis hídrica: hasta qué punto el ahorro ciudadano puede resolver por sí solo los problemas de abastecimiento.
Durante el año de racionamiento, la meta fijada por el Distrito de reducir el consumo a 15 metros cúbicos por segundo solo se cumplió durante cinco días. Aunque el consumo disminuyó frente a los niveles previos a la emergencia, distintos especialistas señalaron entonces que la ciudad ya partía de niveles relativamente bajos en comparación con décadas anteriores, lo que limita el margen para seguir reduciendo la demanda únicamente a partir de cambios en los hábitos de consumo.
Un alivio, pero no una garantía
Los datos muestran que Bogotá y la región llegan a este nuevo periodo climático en una situación mucho más favorable que la de hace dos años. Los embalses presentan niveles de almacenamiento superiores, el Acueducto asegura haber fortalecido la infraestructura de abastecimiento y las autoridades descartan por ahora la necesidad de recurrir nuevamente al racionamiento.
Sin embargo, los expertos coinciden en que la recuperación debe entenderse como una oportunidad y no como una garantía absoluta.
La mejora observada durante junio ofrece un margen de maniobra más amplio para enfrentar un eventual periodo seco, pero no elimina desafíos que la crisis reciente dejó al descubierto: la dependencia de determinadas fuentes de abastecimiento, las pérdidas en las redes, la necesidad de proteger las cuencas y la ausencia de estrategias más robustas para aprovechar el agua lluvia.
La recuperación de los embalses ofrece hoy un margen de maniobra que Bogotá no tenía hace dos años. La pregunta que queda abierta es si ese tiempo adicional será suficiente para corregir las vulnerabilidades que la última crisis dejó al descubierto antes de que llegue el próximo periodo seco.
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