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6 Jul 2022 - 7:22 p. m.

“No tenían los permisos”: investigarán fiesta Red Room2 por la muerte de Ricardo Rojas

El pasado fin de semana este hombre falleció en una fiesta de música electrónica en donde, al parecer, no había plan de emergencias. La Secretaría de Gobierno indicó que los organizadores no solicitaron los permisos para realizar el evento.
Ricardo Rojas era chef, trabajaba en un call center y tenía un restaurante en el occidente de Bogotá.
Ricardo Rojas era chef, trabajaba en un call center y tenía un restaurante en el occidente de Bogotá.
Foto: Cortesía

Continúan las investigaciones por la muerte de Ricardo Rojas, un joven de 26 años, que falleció durante una fiesta de música electrónica, promovida bajo el nombre Red Room2, en la que se denuncia hubo fallas en la logística y negligencia por parte los organizadores que culminó en la tragedia que se registró en la madrugada del domingo 3 de julio.

En contexto: Red Room 2: así fue la fiesta en el norte de Bogotá en la que murió Ricardo Rojas

En ese sentido, la Secretaría de Gobierno anunció que interpuso una denuncia penal ante la Fiscalía para que sea esta entidad la que adelante una investigación de los hechos y determine si hay responsabilidad de los dueños del establecimiento y los promotores de la fiesta en la muerte de Rojas.

Por su parte, también se reveló que los organizadores del evento no solicitaron los permisos en el Sistema Único de Gestión de Aglomeraciones (SUGA) de la Alcaldía de Bogotá para obtener la aprobación de la realización de la fiesta, que por su naturaleza tiene riesgos altos para sus asistentes.

“Los organizadores de este evento, lamentablemente, omitieron este paso, no radicaron ante el SUGA los permisos y la documentación necesaria y legalmente requerida para adelantar este tipo de actividades”, aseguró Felipe Jiménez, secretario de Gobierno de Bogotá.

De esta manera, también se iniciaron dos procesos en la Inspección de la Policía de Bogotá, para determinar la responsabilidad de los promotores de la fiesta, quienes pueden acarrear una multa de cerca de 800 salarios mínimos.

Por otra parte, también se investigarán a los propietarios del inmueble por su responsabilidad y una presunta evasión de impuestos al tratarse de una fiesta clandestina.

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La Alcaldía de Bogotá hizo un llamado a los organizadores de eventos a solicitar los permisos y tener planes de contingencia para este tipo de fiestas y evitar estas tragedias.

Como ocurrieron los hechos

Ricardo Rojas llegó al evento alrededor de las 10 de la noche del sábado 2 de julio, con su compañero sentimental de hace cuatro años, Julián Velázquez. El evento se llevó a cabo en un establecimiento cerrado ubicado en la carrera 7 con calle 245 y, según los asistentes, se sobre vendió en varias oportunidades.

Según el relato de personas cercanas a Ricardo Rojas, pasada la 1:00 a.m. la víctima estaba visiblemente afectada, y “decía incoherencias”, por lo que decidieron buscar al personal de seguridad para pedir ayuda; sin embargo, señalan que la atención que recibieron fue prácticamente nula.

“La persona de logística nos indica, no lo dice textualmente, pero da a entender que el evento no había contratado este tipo de servicios, que ellos no tenían paramédicos, ambulancia o enfermería, que lo máximo que podían hacer por él, era sacarlo a que le diera el viento. Nos pareció muy extraño, pero entonces lo que hicimos fue sacarlo de la gente y llevarlo a la parte de atrás (del segundo piso) porque estaba más vacío, pero igual el espacio no tenía mucha ventilación”, relata Julián Velázquez, quién estaba con Ricardo esa noche.

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Alrededor de las 4:30 a.m. Rojas se desplomó. Su cuerpo dejó de responder a los estímulos que le hacían varios de los asistentes y su pulso se fue apagando. Fue hasta las 5:10 a.m., cuando llegó una ambulancia y varios uniformados de la Policía, quienes confirmaron su muerte.

Según la ONG Échele cabeza, quienes trabajan por el control de daño en los consumidores de sustancias psicoactivas, posterior a la fiesta recibieron por lo menos 100 mensajes en los que los asistentes a dicho encuentro coincidían en las fallas de logística. Los mensajes insistían en que hacía falta agua, no había ventilación ni asistencia médica.

El Espectador pudo conocer varias denuncias, en las que jóvenes insisten en que la clandestinidad de estos eventos permite que se pasen por alto reglas básicas para realizar encuentros masivos de música.

Frente a la conmoción que ha provocado la muerte del joven, los organizadores del evento emitieron un comunicado, en el cual niegan las versiones que se han conocido por redes sociales y, por el contrario, afirman haber tenido todo lo necesario para llevar a cabo un evento óptimo.

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“Sí se encontraba personal médico en el lugar. Se contaba con suficiente personal logístico. Había un mínimo vital de agua, más agua de la suficiente para tomar, al igual que agua en todas las zonas comunes, es falso que no había agua o que se cerraron registros”, señalaron los organizadores.

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Redacción Bogotá

Por Redacción Bogotá

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