Un nuevo caso de robo con escopolamina se reportó en inmediaciones de la conocida Zona T, o zona rosa, de Bogotá. La víctima fue un joven, de 18 años, integrante del equipo de trabajo del edil de Usaquén, Andrés Ardila Vega, quien denunció públicamente los hechos.
El ataque, relató el edil a El Espectador, ocurrió en la noche del viernes 23 de enero, luego de que un grupo de ocho amigos se reunió antes de salir a celebrar en la zona T. Tras ese primer encuentro, acordaron verse más tarde en la calle 85 y se desplazaron hacia ese punto en taxis separados.
“La víctima viajaba en uno de los taxis, dejó primero a un amigo en su casa, en inmediaciones de la calle 93, y luego continuó solo hacia la calle 85, donde se reuniría con el resto del grupo”, explicó el edil.
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De acuerdo con el relato, cuando el joven ya se encontraba cerca del punto de encuentro, el conductor le pidió bajarse del vehículo por un trancón en el sector comprendido entre las calles 82 y 85 con carrera 13, frente a la zona T. Según explicó el edil, el joven no conocía la zona y fue en ese momento cuando dos mujeres se le acercaron, le ofrecieron ayuda y lo obligaron a inhalar una sustancia.
”Según lo que él recuerda, se sintió desorientado y no tiene claridad sobre cómo ocurrió el hecho ni de qué manera le suministraron la sustancia. Solo recuerda que, al reaccionar, ya no tenía ni el celular ni la billetera”, contó Ardila. Minutos después, el joven logró desplazarse como pudo hasta las cercanías del punto de encuentro acordado con sus amigos.
Allí fue encontrado desorientado, casi inconsciente, sentado en una silla de concreto y pidiendo ayuda sin poder articular bien las palabras. “No tenía control de sus piernas ni de su boca. Al darle agua la botaba con baba blanca”, relató el edil.
Ante su estado, el grupo decidió informar de inmediato a la madre de la víctima y trasladarlo a un centro médico. Para hacerlo, tuvieron que cargarlo entre varias personas hasta un punto de recogida sobre la calle 85 con carrera 15.
El joven fue llevado a la Clínica Colombia, donde los médicos confirmaron que había inhalado ketamina.
Para el caso, según afirmó el edil, resulta llamativo que el diagnóstico fuera por inhalación de un derivado de ketamina, teniendo en cuenta que esta sustancia suele ser inducida a través de bebidas.
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El caso vuelve a encender las alertas sobre la inseguridad en la calle 85, una zona frecuentada por jóvenes y donde se han denunciado de manera reiterada robos mediante el uso de sustancias. Ardila pidió mayor atención de las autoridades y advirtió sobre los riesgos de este tipo de modalidades delictivas en sectores de alta afluencia nocturna.
Según informó el edil, el caso ya está en manos de las autoridades. Además, señaló que el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, se comunicó personalmente con él para informarle que el hecho está bajo seguimiento y que se activaron los protocolos correspondientes para dar con los responsables.
Un patrón que se repite en el norte de Bogotá
Este hecho se suma a otros casos documentados en 2025 en zonas de rumba del norte de Bogotá. En septiembre de ese año, El Espectador reportó la captura de una banda que operaba en Chapinero y Teusaquillo y que drogaba a sus víctimas con medicamentos psiquiátricos tras contactarlas en bares y aplicaciones de citas para luego robarlas. Meses antes, el actor Ricardo Mejía también denunció haber sido víctima de un robo con escopolamina en inmediaciones de Chapinero.
Estos antecedentes refuerzan la preocupación por una modalidad delictiva que sigue afectando sectores de alta afluencia nocturna y que vuelve a poner en discusión las medidas de prevención y control en zonas como la calle 85 y la zona T.
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