6 Jul 2021 - 4:23 p. m.

Opinión: El secretario de Seguridad de Bogotá

La semana pasada se cerró una primera etapa en la gestión de la seguridad, la convivencia y la justicia del Gobierno de Claudia López con la salida de la administración después de 18 meses del Secretario Hugo Acero, frente a lo cual vale la pena hacer una revisión del camino avanzado en esta área.

La semana pasada se cerró una primera etapa en la gestión de la seguridad, la convivencia y la justicia del Gobierno de Claudia López con la salida de la administración después de 18 meses del Secretario Hugo Acero, frente a lo cual vale la pena hacer una revisión del camino avanzado en esta área.

El Secretario Acero tenia experiencia ejecutiva en asuntos de seguridad en épocas complejas de orden público y era reconocido por su amplia experiencia en la comprensión de las instituciones de seguridad, dos elementos clave para su gestión. Asimismo, era una persona con la madurez necesaria para dimensionar la importancia de una relación constructiva y colaborativa entre las instituciones civiles y las de seguridad a la hora de proteger a los ciudadanos.

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Desde el principio demostró un interés particular por alinear la idea de gobierno de la Alcaldesa Mayor con las características particulares de una Secretaria que, creada y desarrollada por sus dos primeros secretarios – Daniel Mejía y Jairo García-, tiene el reto de consolidar una visión moderna de la gestión de la seguridad a través de principios de planeación, coordinación y visión multidimensional.

Uno de los trabajos más intensos de Acero y su equipo fue asegurarse de que el gobierno de la capital no pasaría el tema de la seguridad a un segundo nivel – el Plan de Desarrollo es gaseoso en esa dimensión- a partir de un Plan de Seguridad aplicado a las necesidades de la ciudad. Adicionalmente, cuidar de las relaciones de la alcaldesa y su equipo con los organismos de seguridad del Estado, dado que desde antes de que esta asumiera sus responsabilidades ya había desplegado una narrativa de deslegitimación y pugnacidad con estos.

Además de semejantes retos, el Secretario apostó por sacar adelante una visión de seguridad enfocada en la anticipación a amenazas relacionadas con el microtráfico, el fortalecimiento de la delincuencia local y el reposicionamiento de grupos armados en la ciudad que habían atacado la Escuela de Policía apenas un año antes. En una observación general Acero hizo una lectura estratégica de la seguridad bogotana acertada y por lo tanto la ciudad se sintió confiada en la que sería su gestión.

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No obstante, a veces no basta con el esfuerzo de un líder conocedor y un equipo de altas competencias profesionales. En este caso, la aparición prematura de eventos disruptivos con alto impacto social y económico, la voluntad confrontacional de la alcaldesa contra las fuerzas de seguridad y la descoordinación ejecutiva causada por un Secretario de Gobierno que anhela las funciones de seguridad, pudieron afectar gravemente el rendimiento de la gestión de la Secretaría.

Así las cosas, el balance del Secretario durante un tiempo se puede hacer en dos dimensiones. La de una gestión inmovilizada por funcionarios de otros sectores y niveles entrometidos sin capacidad de comando y control, debilitada por un liderazgo que no respetó su experiencia y trayectoria frente a ciudadanos y funcionarios, dejándolo como responsable injustificado de la inseguridad mientras que se le cerraban los espacios para el desarrollo de su visión estratégica.

La de los resultados, con nubes grises en el futuro, que enfrenta la dureza de los hechos sobrevinientes que dieron un giro al contexto social y económico de la ciudad, el debilitamiento de la relación con la Policía y de las capacidades de respuesta, así como el uso político de una disminución criminal por cuenta de la pandemia, que lo enfrentó a justificar lo que en ningún lugar del mundo se buscó justificar.

Hay que agradecer al señor Hugo Acero por su servicio a la ciudad. Poner a disposición de esta su experiencia y respetabilidad en estos temas fue un acto generoso que la administración desaprovechó para continuar la senda de la consolidación de una gestión profesional y moderna de la seguridad, la justicia y la convivencia.

El nuevo Secretario de Seguridad, Convivencia y Justicia Aníbal Fernández de Soto es el cuarto funcionario con experiencia y trayectoria en el ámbito de la seguridad que ocupa esta posición. Tiene grandes capacidades para liderar la seguridad en un escenario de cambio estratégico como el que la ciudad vive en la actualidad. Su éxito estará estrechamente ligado a superar desde su posesión las barricadas que enfrentó su antecesor.

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