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7 Mar 2022 - 7:45 p. m.

Opinión: Estadísticas al desnudo

No hay falsedad en los datos de homicidios presentados por la alcaldesa de Bogotá en febrero, pero sí un uso irresponsable y oportunista de información técnica que deteriora la credibilidad de las instituciones encargadas de gestionar la seguridad.
Un balance de las cifras de seguridad de un mes cualquiera realizado en la primera semana del siguiente sólo permite apreciar datos parciales, a la espera de su actualización.
Un balance de las cifras de seguridad de un mes cualquiera realizado en la primera semana del siguiente sólo permite apreciar datos parciales, a la espera de su actualización.
Foto: Twitter Claudia L

A mediados de la semana anterior se abrió una intensa polémica en redes sociales sobre la presentación de resultados de la gestión de la seguridad por parte de la alcaldesa Claudia López, en la cual se la acusaba de desconocer el tema que presentaba, o incluso de falsear la información.

Ni lo uno, ni lo otro. En realidad, lo que parece haber ocurrido fue el uso inconveniente de información parcial y en proceso de consolidación, para anunciar a la ciudad resultados que no significan mucho y que son difíciles de sostener. Una práctica de gobierno irresponsable y politiquera.

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Es irresponsable porque la presentación de resultados en la fecha y de la manera en que se realizó demuestra en el mejor de los casos el desconocimiento profundo del proceso de generación de la información, o en el peor, el desprecio por el daño que causa la promoción de verdades atemporales o incompletas en la credibilidad de los responsables de la seguridad.

Y oportunista, porque terminó siendo una manifestación más de una costumbre que hace carrera en las administraciones locales del país, que abusan de graficas de barras y líneas de tendencia cuando hay un dato positivo, para resolver en el Excel los problemas de seguridad que enfrentan los ciudadanos en las calles. La trampa del debate entre percepción y realidad.

El proceso de estructuración de registros sobre delitos en Colombia se desarrolla de manera diaria. Su ingreso en las bases de datos se produce al ritmo en que se reciben las denuncias o registran las noticias criminales. Todo el tiempo ingresan datos de hechos recientes o de aquellos que, en un periodo definido por procesos internos, han quedado rezagados.

Lo anterior es de la mayor importancia para el uso y el análisis de los resultados de criminalidad. Un balance de las cifras de seguridad de un mes cualquiera realizado en la primera semana del siguiente sólo permite apreciar datos parciales, a la espera de su actualización. Es decir, se presenta una fotografía en la mitad del proceso de revelado.

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Es precisamente esta situación la que originó la polémica de la semana anterior. La máxima autoridad de la ciudad en realidad presentó una información preliminar que no estaba dirigida a la ciudadanía, perdiendo de vista que su mensaje no tenia mayor utilidad al no dejar explícito el carácter evolutivo de las cifras.

La encrucijada de seguridad en la que se han visto las ciudades ha llevado a las autoridades de gobierno a confundir la gestión pública con la gestión comunicacional. Hay una dedicación más intensa a la aparición temprana en las redes sociales, la toma de una foto que transmita compromiso o la identificación de causales de los problemas en factores externos a la administración, que a la búsqueda de la raíz de los problemas.

Lastimosamente, el delicado ejercicio del seguimiento, el monitoreo y la evaluación se han visto atrapados por esta dinámica. En varias ciudades las autoridades políticas tuercen reglas de la estadística con comparaciones inviables o interpretaciones vacías para enfrentar el debate público. De esta manera, crean con malabares una verdad que terminan creyendo y los aleja de la posibilidad de resolver los asuntos de fondo.

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Las decisiones de gobierno con resultados exitosos tienen origen en alternativas construidas con base en buena información, correctamente interpretada. Por esta razón es un error grave que las autoridades presenten resultados al público basados en cifras que no hayan surtido un periodo de consolidación.

La presentación de los indicadores de resultados y operaciones deben ser contextualizados en un marco temporal amplio que muestre la evolución del fenómeno y permita informar a los ciudadanos sobre las causas, ventajas y dificultades en la gestión de la seguridad. Los datos estadísticos de seguridad de un periodo corto o un hito en particular no son significativos en lo estratégico. Tan solo son la lectura de un contador de registros.

Por otra parte, se debe promover la transparencia en la recolección, estructuración y difusión de información; la definición de un cronograma fijo de rendición de cuentas que responda a criterios de estabilidad en el resultado; y una difusión enfocada en rendir cuentas y no en defender el discurso.

Dada su debilidad respecto a la temporalidad y rendición de cuentas, el reporte sobre comportamiento del homicidio en febrero en Bogotá terminó generando un debate político que bloqueó la posibilidad de conocer las políticas, planes y programas que se han implementado para impulsar la caída de ese delito y establecer si la mejoría observada es un fenómeno transitorio o permanente.

Es importante que la alcaldesa entienda que del afán no queda sino el cansancio. Proteger la veracidad de la información de seguridad – en contenido y relevancia – es un esfuerzo clave para cuidar la reputación de sus instituciones de seguridad y construir confianza con los ciudadanos.

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