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30 Mar 2022 - 12:42 p. m.

Opinión: La preñez es enigma para el macho

Históricamente, los hombres se han atribuido el conocimiento del cuerpo femenino.
Hasta 1550, dos atomistas italianos, Mateo Realbo Colombo y Gabriel Falopio, se disputaron el crédito del descubrimiento del clítoris.
Hasta 1550, dos atomistas italianos, Mateo Realbo Colombo y Gabriel Falopio, se disputaron el crédito del descubrimiento del clítoris.
Foto: Pexels

En estricta lógica, ningún hombre comprende plenamente los procesos psicosomáticos que vivencian las mujeres preñadas. Por cierto, el acompañamiento a los embarazos y la asistencia de los partos son quizás una práctica médica primigenia, tan antigua como la humanidad misma, oficiada originalmente por matronas o parteras.

Para la modernidad, con base en la milenaria tradición y el desarrollo de las ciencias de la salud, es una especialidad médica: la obstetricia. Hoy en día, con tecnologías de punta, garantiza que los doctores sepan a plenitud el funcionamiento, de lo sintomático y lo patológico en el sistema reproductivo de las preñadas, desde de la fecundación, la gestación, el parto y el posparto.

Sin embargo, en hospitales de gran demanda, donde se hace necesario tecnificar la atención en serie de las parturientas, se prefieren las obstetras, que hayan vivido en carne propia la realidad orgánica y psíquica de la preñez. Allí, las estadísticas demuestran que son más eficientes y atinadas en las orientaciones, porque entienden desde lo sensorial lo que vivencian las embarazadas, sensaciones que los médicos hombres no alcanzan a asimilar, igual que para la racionalidad masculina siempre ha sido un enigma el éxtasis del orgasmo femenino.

Pero si la preñez es un enigma para la concepción masculina, más lo es la interrupción del embarazo, del aborto decidido voluntariamente por la mujer y no por el que la preñó.

Una prueba rotunda de las ignorancias, que por las discriminaciones machistas tiene la ciencia médica sobre la naturaleza hembra, es el hecho de que hasta 1550, dos atomistas italianos, Mateo Realbo Colombo y Gabriel Falopio, se disputaron el crédito del descubrimiento del clítoris, como si las mujeres desde siempre no hubiesen sentido el éxtasis por la estimulación del único órgano con sensibilidad específica para el placer.

Lo cierto es que apenas hasta 1998, la uróloga australiana Helen O,Connell sí logra la disección completa, detallando y explicando la inervación, la función y la prodigiosa sensibilidad clitorial. Pero el patriarcalismo es soberbio y los machos, convencidos de que su racionalismo es omnisciente, no admiten sus limitaciones para comprender a plenitud la naturaleza femenina, entonces desde todas las instancias de poder se define y se decide el ser y el deber ser de las mujeres, desde las religiones, los gobiernos, la educación y, lo peor, desde el poder judicial.

Así se vio aquí en Colombia cuando la Corte Constitucional decretó, con cinco votos a favor y cuatro en contra, la despenalización del aborto hasta las 24 semanas de gestación. Sobre las reacciones públicas no mentaré aquí el sartal de consignas hipócritas, sentencias moralistas y etcétera de sandeces manifiestas por curas, políticos, docentes, comunicadores, médicos, también lideresas patriarcalistas por inercia, esos y esas, horda legionaria del Satatus Quo masculinista.

Lo que si aludo, por desconcertante, son las inconsistencias en los argumentos de los magistrados que votaron a favor, Alberto Rojas y Antonio J. Lizarazo, quienes en el informe de la sentencia, si bien con coherencia constitucionalista dejan ver que más que su íntimo sentir les pudo más la presión de la opinión, alentada por las demandantes de la organización Causa Justa, esas si idóneas, empoderadas y con fundamentos irrefutables.

Contundentes son las estadísticas y los hechos con los que, desde 2006, la abogada Mónica Roa sustentó las demandas presentadas a la corte en su irreductible lucha. “En Colombia muchas mujeres no han recibido educación sexual personalizada ni tienen acceso a internet para investigar por su cuenta.

No todas las mujeres tienen acceso a anticonceptivos y son muchos los embarazos no deseados. De los 400.000 abortos que se hacen al año, menos del 10% se realizan en instituciones sanitarias con los controles debidos, en consecuencia, el aborto es la cuarta causa de mortalidad materna en el país...”.

El día que se hizo pública el veredicto de la corte, escuché por la radio la emotiva declaración de la señora Florence Thomas, alegre refirió su trasegar, desde que llegó de Francia, en defensa de los derechos de las mujeres, formando varias generaciones de lideresas feministas y enfrentando a guardias de la moralidad instituida.

Es un hecho que los criterios feministas constituyen una vanguardia global que ha transformado constituciones y ya es determinante en elecciones de mandatarios y en políticas de gobierno, es una revolución no bélica, pero beligerante, subversiva, como toda sublevación transformadora.

Por supuesto nos afectará de una u otra manera, pero todo avisa que por la revolución femenina devendrá en un mundo más justo, por lo mismo, a los hombres con sentido humanista, nos corresponde atender sus revelaciones, disponernos a aprenderles, acompañarlas en sus luchas y, con humildad de iniciados, hacernos partícipes del cambio en el nuevo tiempo de las mujeres.

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