Un transporte público tarifa cero permite que las familias, sin importar dónde vivan o cuánto ganen, accedan al trabajo, a la salud, a la recreación, a la educación, a la ciudad.
Hace unos meses, propuse que los gobiernos Nacional y Distrital estudiaran el camino para que no nos siguieran cobrando a los usuarios del transporte público en la tarifa, ni la compra de buses viejos y nuevos, ni los equipos tecnológicos, ni la construcción de patios. Eso representaría una reducción hasta del 40% de lo que hoy pagamos en el pasaje.
En abril escribí la columna Hay que bajar la tarifa de Transmilenio, en la que señalé que la mayoría de quienes usamos el transporte público hemos sido fuertemente golpeados por la carestía, lo que lleva a que el valor del pasaje sea “un problema social de enormes dimensiones.”
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Hay que recordar que el transporte público pesa entre el 25 % y el 30 % en los ingresos mensuales de una familia. Eso es un montón.
Hace poco tuvimos una conversación con Carlos Felipe Pardo y Angélica Castro, con quienes compartimos el interés por la movilidad, sobre si había llegado el momento de impulsar el transporte público gratuito en Bogotá.
Aún no hay consenso, pero es un debate que como ciudad y sociedad debemos dar. Si ya estamos cubriendo buena parte del déficit financiero del transporte público, ¿por qué no asumir el pago total de prestar el servicio y que todas las personas lo tengan como una opción?
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Hagamos algunos cálculos a mano alzada para contribuir a la discusión:
Hoy la operación de Transmilenio al año vale, aproximadamente, 4.5 billones de pesos. Vía tarifa se pagan 2.1 y los restantes 2.4 se pagan con recursos de la ciudad. Eso significa que financiamos más de lo que se recoge con pasajes.
Si el Gobierno Nacional, como lo hace con el metro, financia la compra de buses y equipos tecnológicos, así como la construcción de patios, estaríamos hablando de 1.8 billones de pesos menos vía tarifa. Eso significa que el transporte tarifa cero en Bogotá valdría 2.7 billones de pesos, 300 mil millones más de lo que ya pagamos como ciudad. Y eso, no está lejos de nuestras posibilidades.
Para lograrlo necesitamos que el Gobierno Nacional amplíe lo que financia y le quite las millonarias arandelas que le cargaron al pasaje. Ahí, además de la fuerza de la administración distrital, es clave el apoyo de las y los congresistas que se eligieron con votos de Bogotá. Que actúen como bancada, igual que las de otras regiones, dará más fuerza a la voz de nuestra ciudad.
A su vez, el Gobierno Distrital tendrá que reorientar los recursos de tarifas diferenciales (Sisben, adulto mayor o persona con discapacidad), de arreglo de puertas y torniquetes, y otras fuentes de recursos para financiar la prestación del servicio como inversión social.
Celebro que desde otros espacios se sumen más personas a este interés. Ojalá el presidente Petro, comprometido con el medio ambiente y la lucha contra el calentamiento global, se la juegue porque el transporte público tarifa cero sea una prioridad y una realidad.