Bogotá

Los retos tras la emergencia

26 Apr 2020 - 4:03 a. m.

Pobres invisibles: ¿Quiénes son y en dónde están?

Por años se creyó tener identificados los hogares vulnerables, cuyo número venía disminuyendo. Sin embargo, la emergencia mostró que hay más y aumentó la pobreza oculta. La única forma de atenderlos a todos: ir casa a casa y barrio a barrio.

Felipe García Altamar (fgarcia@elespectador.com)

Seguro los hay, pero en estos tiempos de confinamiento son contados los hogares colombianos que no han sentido de alguna manera un impacto económico por las medidas decretadas hace un mes para hacerle frente al coronavirus. Aunque gran parte de las familias se “apretaron el cinturón” para la época de vacas flacas que vendrá cuando finalice la emergencia, hay otras que llevan años, o toda su vida, pasándola tan mal como en estos momentos, con la diferencia de que antes eran casi invisibles a los ojos del Estado. Se trata de hogares en los que, por cruel que suene, si no hubiese pandemia nunca hubieran recibido ayudas. Por eso, el desafío para las instituciones será saldar una deuda de años de abandono. Pero, ¿cuáles son esos hogares y por qué solo hasta ahora se lograron identificar?

Por años, Bogotá se ufanó de estar entre de las ciudades colombianas con las tasas más bajas de pobreza. Solo el año pasado, tras revelarse los resultados del último censo del DANE, el Distrito celebraba que la pobreza multidimensional había pasado de 5,9 % a 4,3 % (la más baja en la historia), y que la pobreza monetaria se había mantenido en 12,4 %. Pero la realidad estalló y con motivo de la pandemia, la capital cumplió dos semanas de protestas en barrios de escasos recursos, donde luego de casi 40 días de aislamiento no llegaban las ayudas.

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Quienes reclaman, a ojos de varios economistas, son todas aquellas personas que están por debajo de lo que las instituciones consideran como una persona pobre. También están esos hogares a los que nunca se les atribuyó un riesgo de caer en pobreza y que por estos días vieron cómo sus finanzas se derrumbaron por la crisis.

Una sucinta definición de estos grupos la da el académico Jorge Iván González, docente de economía en las universidades Externado y Nacional, para quien “las familias vulnerables son las de menor puntaje en el Sisben y que están por debajo de las líneas de lo que clasifican como pobreza extrema. Aunque se tenía más o menos claro cuáles eran esas familias, hay otras que se reventaron por estos días, por la falta de ingresos y no estaban en el sistema”. Importante aclarar que, según el DANE, una persona pobre es la que percibe al menos $283.828. Un hogar, por ejemplo, de cuatro personas, será pobre si percibe $1,1 millones.

Una tercera clasificación de las personas, que están demandando ayudas, son las que se ubican en la denominada pobreza oculta, fenómeno que se da cuando alguien vive en estratos medios o altos, pero sus ingresos son insuficientes para sostenerse. Guillermo Sinisterra, experto en economía urbana y profesor de ciencias económicas en la Universidad Javeriana, dividió en dos este conjunto: “Se trata, por un lado, de personas que les había ido bien en la vida, pero ahora no tienen ingresos. Hay otro grupo, que son personas que heredaron casas en estratos altos, pero no tienen ingreso. Es algo que se ve mucho en zonas como Teusaquillo y Chapinero, donde hay casas grandísimas, pero sus ocupantes se alimentan en comedores comunitarios”.

La teoría que más acerca a los expertos sobre el porqué miles de hogares quedaron por fuera del foco de atención del Distrito, es que la metodología para recoger los datos no son tan certeras para definir quiénes necesitan auxilio. Al respecto, Sinisterra aseguró que “hay personas y barrios enteros invisibles, literalmente no existen para las instituciones. El Estado es más pequeño que el territorio y hay muchos sitios a donde no ha llegado. Además, el flujo hacia Bogotá siempre hará que se tengan las bases desactualizadas”.

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Por su parte, Camilo Herrera, fundador de la consultora económica Raddar, quien alerta que la pobreza monetaria se puede duplicar de forma temporal, señaló que “entregar subsidios a todos es algo titánico, porque no se sabe dónde están los que más necesitan. Además, el colombiano desconfía y no suele entregar todos sus datos, así que hay que hacer recorridos barrio a barrio, para saber quién necesita ayudas”. Y fue justo así que el Distrito logró cubrir a los hogares que reclamaron ayuda. Antes de la emergencia, se creía que de 2,5 millones de hogares bogotanos, solo 73.000 necesitaban ayudas. Ahora, con los cruces de datos y el trabajo en territorio como respuesta a las protestas, se sabe que son 350.000.

Xinia Navarro, secretaria de Integración Social, quien perfiló a los más necesitados como “aquellos hogares que, por ejemplo, tienen pisos de barro, sus casas son en lata y en general tienen una pobreza extrema”, destacó que la focalización territorial para completar la entrega de ayudas alimentarias, se hizo inicialmente a partir de las alertas tempranas y los polígonos de monitoreo. Esto arrojó los 314 barrios más pobres de la ciudad, que están en localidades como Bosa (con 24.041 hogares), Ciudad Bolívar (21.413), Kennedy (18.150), Suba (17.758) y Engativá (14.202). La funcionaria comentó que “se han atendido barrios que no aparecen en Google Maps”.

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A la fecha, el Distrito ha hecho transferencias al programa “Bogotá Solidaria en Casa” para atender a 175.740 hogares, en el que la Nación también aportó auxilios para atender otros 171.683. “Ahora continuamos con un segundo anillo, que es la atención a 200.000 familias. La idea es que no solo obtengan la canasta alimentaria, sino que queden en la base de datos que se hará con las entregas casa a casa, para cruzar la información con la base de datos maestra del Distrito. Queremos que esas personas reciban también transferencias monetarias a futuro. Esa será nuestra forma de seguir atendiendo a estas familias después de la emergencia”.

Por años se creyó saber a quiénes había que atender mediante los programas estatales, e incluso se pensó que cada día había menos pobres. Sin embargo, en medio de una situación atípica, se demostró que hay más personas vulnerables de lo que se cree y que las estrategias para detectarlas están alejadas de la realidad. Por ahora, como el Distrito debe seguir velando (como prometió) para que a nadie le falte comida ni techo, al tiempo que gestiona la propagación del virus, la conclusión de los académicos es que la estructuración del nuevo contrato social y ambiental se atrasará unos meses, porque Bogotá empieza a descapitalizarse.


13,6

por ciento de las familias de la capital considera que es pobre, de acuerdo con la última Encuesta de Calidad de Vida del DANE.

52,8

por ciento de hogares bogotanos perciben ingresos mediante trabajo informal, según los índices de pobreza multidimensional del DANE.

500.000

hogares, de todos los estratos y condiciones sociales espera haber beneficiado el Distrito cuando finalice la emergencia sanitaria.

29.869

transferencias monetarias tiene en este momento el Distrito, que no se han podido entregar y están en proceso de georreferenciación.

150

funcionarios de las secretarías de Gobierno, Integración, Jardín Botánico, Idiger, Defensa Civil y Fuerza Pública realizan el trabajo barrio por barrio.

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