9 Jun 2021 - 2:03 a. m.

Reapertura de Bogotá genera intranquilidad entre médicos

Están en máxima alerta por la reactivación que decretó el Distrito. Advierten que se inició en el peor momento de la pandemia y que, sumada a las movilizaciones, la situación puede empeorar.
Felipe García Altamar

Felipe García Altamar

Periodista Bogotá

Ninguno de los picos de la pandemia se hizo sentir con tanta fuerza como el que atraviesa Bogotá por estos días. Este tercer pico, que se ha extendido por un mes y se trata más de una meseta, o una ola dentro de otra ola, encontró su momento más difícil justo cuando la capital inició un proceso de reapertura total, que otorga más responsabilidad ciudadana en la prevención y cuidado ante el coronavirus. Esa reactivación de la economía deriva en una mayor ocupación del transporte y otros espacios públicos, sin olvidar que se mantienen las movilizaciones (de hecho, hoy se convocó una “toma de Bogotá”), una combinación de factores que tiene alarmada a la comunidad médica, por la poca capacidad de reacción que tienen en este momento los hospitales de la ciudad.

Las alertas ya estaban encendidas, pero este fin de semana se evidenció cómo el aumento de contagios desbordó cualquier capacidad de reacción de los profesionales de salud. La gravedad de la situación se resume en que quedan menos de 40 camas de unidades de cuidados intensivos y a diario hay más de 100 solicitudes para ocuparlas. Una proporción que demuestra que, si bien la ocupación hospitalaria aún no llega al 100 %, hace varios días los médicos se han visto superados por la emergencia sanitaria.

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A eso se suman otras situaciones, como la que alertó un trabajador del Centro Regulador de Urgencias y Emergencias (CRUE), quien bajo la condición de reservar su nombre contó que las solicitudes de ambulancias también presentan una alta demanda e, incluso, hay ocasiones en que no es posible asignar vehículos de emergencias. El panorama es agobiante y llevó a más de 140 organizaciones médicas del país a emitir una carta en la que manifiestan que “es innegable que el sistema sanitario colapsó” y aseguran que, si no se toman medidas correctivas de inmediato, habrá consecuencias “implacables” no solo en cuanto a salud, sino también en lo social y lo económico.

Una de las organizaciones firmantes de la misiva es la Asociación Colombiana de Especialistas en Medicina de Urgencias y Emergencias (ACEM). Su presidente, Fabián Rosas, es tajante en decir que en los hospitales se está viviendo una “catástrofe”, no solo por la ocupación de camas, sino por falta de insumos y personal.

“Las aglomeraciones, la flexibilidad en las normas, la vacunación que no va a la velocidad prometida y la falta de testeos dan como resultado este colapso que vivimos. El dato del 98 % de ocupación no es real y hay unidades con más de 200 % de colapso. Hay mucha presión en los servicios de urgencias porque no tienen insumos y empiezan a escasear medicamentos vitales como el oxígeno”, resumió Rosas, quien agregó que los protocolos de priorización de recursos según edad, comorbilidades y estado del paciente, basados en normas de bioética, se vienen implementando desde el segundo pico de la emergencia.

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Al respecto, el secretario de Salud, Alejandro Gómez, pidió a quienes tienen cilindros o concentradores de oxígeno en casa, que los reporten mediante las líneas telefónicas habilitadas por la entidad y los devuelvan.

Otra preocupación que mencionó Leonardo García, presidente del Colegio Médico de Bogotá y Cundinamarca, que aparece también en la carta pública, es que en la apertura de Bogotá “no se anunció ninguna medida que beneficie la atención de los pacientes. En el último mea culpa de Claudia López no mencionó priorización de recursos para salud”. Por tanto, pidió acelerar la vacunación, mejorar las estrategias de rastreo de casos y fortalecer el sistema de salud con “más y mejores diagnósticos y equipos de atención primaria y domiciliaria”.

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Pero más allá del presente, la alerta de la comunidad médica es por lo que puede venir. Según afirmaron, volver a permitir interacciones y delegar la responsabilidad en la ciudadanía, cuando ya se ha visto que no todos cumplen con las medidas de prevención, seguirá reduciendo el margen de maniobra del personal de salud y, por tanto, aumentando la cifra de fallecidos.

“Están todas las condiciones adversas para tener un pico más grave que el que pasamos”, dijo Jorge Martin, investigador del Instituto de Salud Publica de la U. Javeriana. Y sentenció que “la reapertura es un suicidio, por no decirlo de otra manera, porque la ausencia de restricciones genera muchas aglomeraciones”, y puso como ejemplo otros países que llevan más del 50 % de su población vacunada (Bogotá no alcanza el 12 %) y aún así tienen dudas de abrir su economía. “Acá cabrá toda la responsabilidad estatal. Los protocolos de autocuidado no son suficientes y los intereses económicos no pueden estar por encima del bienestar de las personas”, concluyó.

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Aunque expertos en salud pública coinciden en que las cuarentenas no tienen mucho sentido, más aún después de un mes de movilizaciones y en general una “reapertura social”, es claro que la situación de los hospitales es alarmante. De igual forma, la reactivación de la economía, si bien es necesaria y se venía exigiendo desde el mismo momento en que comenzó el aislamiento, tal parece que se hará a costa de la preocupación de los enfermos y de las familias de los contagiados por el virus.

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