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Un nuevo intento por licitar la construcción de un centro comercial en las manzanas 2 y 20 de San Victorino acaba de naufragar. La Empresa de Renovación y Desarrollo Urbano de Bogotá (RenoBo) declaró desierto en las últimas horas el proceso de convocatoria pública mediante el cual buscaba ceder los derechos fiduciarios para la financiación, comercialización y ejecución del Centro Internacional de Comercio Mayorista de San Victorino, uno de los proyectos de renovación urbana más ambiciosos —y accidentados— del centro de la capital.
La decisión se tomó luego de que el único proponente que mostró su interés durante la licitación no lograra subsanar, dentro del plazo establecido, el requisito financiero de disponibilidad de fondos, condición indispensable para quedar habilitado.
De acuerdo con la información que entregó la entidad, también alojada en SECOP, la determinación acogió las recomendaciones del Comité Evaluador tras un “análisis técnico, jurídico y financiero riguroso, adelantado bajo los principios de legalidad, transparencia y selección objetiva”.
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Un proyecto clave, pero accidentado
La declaratoria desierta vuelve a poner en pausa un proyecto que busca intervenir uno de los sectores comerciales más emblemáticos y complejos del país. San Victorino, corazón del comercio mayorista popular, recibe diariamente a comerciantes de todo el territorio nacional y concentra un enorme potencial económico.
Sin embargo, su ubicación estratégica —en inmediaciones de la Plaza de la Rebeca y el Parque de la Mariposa— convive con una profunda problemática social, derivada del choque permanente entre comercio formal, informal y la presión sobre el espacio público.
Lejos de avanzar en línea recta, el proyecto acumula más de 16 años de intentos fallidos, marcados por anuncios truncados, contratos liquidados, estudios obsoletos, alertas financieras y episodios de estafa. Desde su formulación en 2009, el diagnóstico fue claro —San Victorino necesitaba intervención—, pero el cómo y con quién ejecutarla se convirtió en el principal obstáculo.
Con la designación de RenoBo como operador urbano del Distrito, el proyecto volvió a la agenda pública bajo una nueva narrativa y se buscaba aprender de los errores del pasado. La entidad estructuró el proceso ajustando el modelo financiero, la distribución de riesgos y el esquema fiduciario.
La propuesta planteaba la cesión onerosa del 100 % de los derechos fiduciarios a un inversionista privado, quien asumiría la planificación, financiación, construcción y ejecución del proyecto por su cuenta y riesgo, reduciendo la exposición financiera del Distrito.
No obstante, el nuevo intento tampoco logró consolidarse. Al cierre del proceso solo se presentó un consorcio interesado, situación que generó cuestionamientos políticos y denuncias públicas. En este sentido, RenoBo defendió la legalidad del procedimiento hasta el último momento.
Ahora, la no habilitación del único proponente y la posterior declaratoria desierta confirman que el proyecto entra, una vez más, en una zona crítica. Aunque RenoBo insiste en que el proceso cumplió con todos los estándares de transparencia —incluidas más de 11 mesas de socialización y la respuesta motivada a más de 430 observaciones—, la sombra del fracaso vuelve a instalarse sobre una iniciativa que aún no logra recuperar la confianza del territorio ni del mercado.
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