21 Jul 2018 - 2:00 a. m.

Seguridad en Bogotá: entre esfuerzos y percepción

Con base en el análisis de datos y la georreferenciación del delito, el Distrito sugiere estrategias a otras autoridades, para hacerle frente a la criminalidad. Sin embargo, la sensación de inseguridad persiste entre los ciudadanos.

Javier González Penagos (jgonzalez@elespectador.com) / @Currinche

Archivo particular.
Archivo particular.

En promedio, Bogotá es a diario escenario de tres homicidios; 266 denuncias por hurto y 55 por lesiones personales. En una ciudad, de ocho millones de habitantes, estas cifras no parecen tan altas. Sin embargo, tres de cada cinco capitalinos dicen sentirse inseguros en la ciudad. Entonces ¿qué hacen las autoridades ante este panorama y cómo focalizan sus acciones?

Parte de esa responsabilidad le corresponde a la oficina de Análisis de la Información y Estudios Estratégicos, de la Secretaría de Seguridad, encargada de organizar y estudiar las estadísticas delictivas, para luego proponer y recomendar cómo orientar esfuerzos. Para ello, la dependencia cuenta con acceso a múltiples bases de datos de la Policía, Fiscalía, Línea 123, otras entidades distritales, y con las mismas autoridades en terreno.

El análisis y organización de esa información les ha permitido determinar que donde más roban carros es en Kennedy y Puente Aranda, especialmente los sábados y domingos en la noche; que los barrios más afectados por hurto a residencias son Galerías, Bosa Occidental y Kennedy Central (generalmente, los miércoles en las madrugadas), o que el hurto a personas está enquistado en un corredor entre Los Mártires, Santa Fe y Chapinero, en las mañanas de los miércoles, jueves y viernes.

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Una vez logran focalizar el delito, se establecen los denominados puntos calientes y se identifican patrones. Esta información luego es presentada a la Policía, la Fiscalía y a otros organismos para contrastar, idear medidas y dar con los delincuentes. Ello lo revisan en una reunión todos los viernes, aunque las grandes estrategias para perseguir el delito se fijan con al menos seis meses de antelación.

“Tenemos capacidad e información que nos permite saber cómo dirigir las acciones. Es un trabajo conjunto, concertamos (porque cada autoridad tiene información distinta) y llegamos a conclusiones de quién, cómo y dónde trabajar”, explica Lorena Caro, jefe de la oficina de Análisis de la Información.

Según la funcionaria, tras la focalización, se definen dos tipos de intervención. Por un lado, se priorizan puntos calientes, donde se hacen varias acciones, como robustecer la presencia policial en ciertas horas o coordinar estrategias con otras entidades, por ejemplo, con la Secretaría de Educación, en entornos escolares. Por otro lado, cuando se trata de grandes estructuras o se evidencia el inicio de una olla, se planea un trabajo interinstitucional; se priorizan frentes, y se analiza con detalle cómo están operando los delincuentes para así propinar golpes certeros. Muestra de ello fue la intervención en el Bronx.

“Con el patrullaje en puntos calientes, el efecto es disuasivo. Pero cuando se trata de grandes intervenciones –como las de María Paz, en Kennedy, o en Ciudad Bolívar– hacemos una planeación más estratégica para identificar a estructuras que pueden tener coartada a la comunidad. Georreferenciamos, cruzamos datos y analizamos el comportamiento de delitos como homicidios y lesiones, así como las llamadas de quienes se quejan por venta de droga. Así, se va recogiendo información”, agrega Caro.

Mayor percepción

Pese a los esfuerzos de las autoridades (con más herramientas para combatir el delito) y a los resultados en la lucha contra el crimen (desarticulación de bandas), lo cierto es que los ciudadanos no dejan de sentirse inseguros. Según la última encuesta de percepción de la Cámara de Comercio, el 54 % de las personas se sienten inseguras en Bogotá y otro 34 % no se declara seguro en su barrio.

En opinión de Jerónimo Castillo, director de seguridad y política criminal de la Fundación Ideas para la Paz, esta percepción de inseguridad y la victimización (la tasa de quienes afirman haber sido víctimas de algún delito) siempre serán dos variables irreconciliables, lo que explica la dificultad para convencer a la gente de que hay delitos que están a la baja, pese a que dejen de ocurrir con tanta frecuencia. “No están relacionadas, porque dependen de factores como movilidad, espacio público o lo que informen los medios”, sostiene.

De acuerdo con Castillo, los hechos delincuenciales que terminan teniendo impacto mediático afectan la percepción. Advierte, además, que la dificultad para medir las cifras oficiales de inseguridad, por cuenta de la reciente integración de bases de datos y el aumento de denuncias, también plantea dificultades a la hora de determinar si, en efecto, están o no bajando los delitos. “Es difícil determinar qué es lo que está pasando y esa inseguridad sobre las cifras también aumenta la percepción”, asegura.

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Por otro lado, Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac), menciona que sí se ven los resultados, pero que la ciudadanía –no solo en Bogotá– tarda mucho tiempo en percibir mejoras. Agrega otra arista y es el discurso político, que puede llegar a incidir en esa sensación. Un ejemplo es la postura de quienes se opusieron al Acuerdo de Paz con la desmovilizada guerrilla de las Farc. “Basta consultar las cuentas de Twitter de varios senadores opositores, que insisten en que el Gobierno deja mal la seguridad. Eso genera una sensación de inseguridad que la terminan pagando las alcaldías”, precisa.

Otros hechos que aportan a ese fenómeno son las dificultades para lograr una efectiva judicialización de delincuentes –que terminan libres a las pocas horas de ser capturados– o el déficit de policías para cubrir la ciudad. Pese a todos los análisis que puedan hacerse del tema y la consideración del sinnúmero de variables, lo cierto es que la gente reclama cada vez más seguridad, por lo que el reto de las autoridades, no solo será seguir persiguiendo la criminalidad, sino involucrar mucho más al ciudadano para encarar los nuevos desafíos en este frente, que supone la muy cambiante dinámica delictiva.

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