Los homicidios a plena luz del día son una imagen, a pesar de lo cruda, parece recurrente en Bogotá. En la tarde de este miércoles, el asesinato en un sector considerado “exclusivo” de la capital, donde un empresario y su escolta murieron a manos de sicarios con corbata, abre muchas preguntas alrededor de la seguridad de la ciudad. Si bien, las cifras oficiales muestran este año una tendencia a la baja e, incluso, hay varias localidades del norte con tasas de un dígito, los hechos de los últimos años siguen dibujando una percepción negativa de seguridad.
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Tasa de homicidio
La tasa de homicidios es un indicador que permite, no solo evaluar el nivel de violencia de una población, sino tener una cifra para compararla con otras poblaciones. Por lo general se expresa en cantidad de homicidios por cada 100.000 habitantes. Y, en este caso, la ONU sugiere que un estándar mínimamente aceptable para las ciudades sería una tasa de 5,8 homicidios por cada 100.000.
En el caso de Bogotá, desde 1993, cuando reportó la tasa más alta de la historia (73,3 casos) libra una lucha por disminuir ese registro, pero sigue lejos de la recomendación internacional. Lo más cerca fue en 2022 cuando reportó una tasa de 12,9 (la más baja en 50 años). No obstante, vino un efecto rebote, con dos años consecutivo de aumentos (13,6 en 2023 y 15,1 en 2024), tendencia que, según el Distrito, fue respuesta de los reacomodos de bandas criminales, producto de la persecución institucional.
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La tendencia se frenó el año pasado, al lograr una ligera reducción, llevando la tasa a 14,8. No obstante, esta cifra no solo es casi tres veces el estándar internacional, sino que sigue lejos la meta que se trazó esta administración: reducir la tasa de homicidios a ocho casos.
Panorama de las localidades
Si bien la tasa general de la ciudad ubica a Bogotá muy por debajo de la tasa nacional (26 por cada 100.000), otro panorama disímil emerge al analizar las estadísticas localidad por localidad. Hay zonas que parecen anclada en la década de los 90, como Los Mártires y Santa Fe, donde las tasas de homicidios alcanzaron 75 y 73 casos por cada 100.000 habitantes respectivamente, y sectores del norte en los que se ha llegado o se está muy cerca de la recomendación internacional, como Usaquén (7,7), Suba (6,0) y Teusaquillo (4,9).
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La excepción del norte son Barrios Unidos (con 10,8) y Chapinero, localidad escenario del último caso de sicariato en la capital y que, refleja una tendencia preocupante: muestra un aumento sostenido en su tasa de homicidios en la actual administración, al pasar 7,9 en 2023; 9,9 en 2024, y 11,9 en 2025.
Y la situación enciende las alarmas, pues, mientras en localidades con alta población como Suba se logró disminuir la tasa a seis casos por cada 100.000 habitantes, Chapinero parece más vulnerable ante el sicariato, lo que exige un refuerzo en su seguridad.
La meta de la administración Galán de llevar a toda la ciudad a una tasa de un dígito sigue pareciendo una utopía estadística, en especial si las localidades del centro mantienen niveles de violencia tan altos y el norte no pueda escapar de una criminalidad que no teme actuar a plena luz del día.
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