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13 Feb 2016 - 3:38 a. m.

Soacha, el vecino pobre de Bogotá

Con cerca de un millón de habitantes, el municipio de Cundinamarca no tiene suficientes vías, colegios, ni policía. Ni siquiera hay morgue.

Redacción Bogotá

Soacha, el vecino pobre de Bogotá

El bloqueo de la Autopista Sur que afectó ayer el funcionamiento de Transmilenio en las estaciones León XIII, Bosa, Despensa, Terreros y San Mateo, desembocó en enfrentamientos entre manifestantes que protestaban por las deficiencias del servicio y la Policía antidisturbios. De nuevo, como el pasado miércoles en la troncal de las Américas, hubo lluvia de piedras y gases lacrimógenos.

El caos en la movilidad, como ya es común, puso al vecino municipio de Soacha en el foco de atención. Sin embargo, esa es tan solo una línea en la larga lista de penurias de esa población cundinamarquesa, fundada hace 415 años. No hay ni a dónde llevar un muerto. El municipio, que tiene unos 500.000 habitantes (algunos dicen que casi un millón), uno de los diez más poblados de Colombia, no tiene morgue. Esa situación retrata el común denominador de sus problemas. No hay medios para atender una población que desborda, además de su sistema de transporte, sus colegios, hospitales, barrios y hasta a sus autoridades.

En las zonas marginales de Soacha, el transporte público es escaso o nulo. Las estaciones de Transmilenio son lejanas, los alimentadores no llegan, y los pocos buses que se atreven a hacerlo, sólo lo hacen una o dos veces y durante el día, para evitar ser objeto de atracos. No es extraño, en zonas como Altos de La Florida o Altos de Cazucá, que las personas se levanten a las 3:00 de la mañana, o antes, para caminar hacia sus lugares de trabajo. Pero el transporte, o la falta del mismo, es un problema que se suma a la inseguridad, la constante llegada de víctimas del desplazamiento, la pobreza, el desempleo y la informalidad.

También hay una fuerte presencia de grupos armados ilegales que utilizan zonas marginales como corredores para el tráfico de armas y drogas entre el casco urbano de Bogotá y la zona rural del Sumapaz. En ese trayecto tienen puntos de expendio de drogas. Reportes de la Personería municipal establecen que hay alrededor de un policía por cada 4.000 habitantes, un pie de fuerza a todas luces insuficiente para enfrentar la inseguridad y la violencia.

Informes de la Defensoría del Pueblo evidencian que en las comunas Uno, Tres, Cuatro, Cinco y Seis el escenario de riesgo está determinado por la presencia de grupos armados que se disputan el territorio, autodenominados Águilas Negras-Bloque Capital y Rastrojos Comandos Urbanos, así como de integrantes de posibles milicias de las Farc.

No es extraño, en sectores como Altos de Cazucá o Altos de La Florida, que circulen panfletos y declaraciones de toque de queda impuesto por grupos ilegales que asesinan, extorsionan y desplazan pobladores. Actores dedicados al microtráfico tienen como objetivo a los menores de edad como consumidores y mano de obra criminal. Al menos en seis de cada diez delitos hay un menor involucrado, precisa el personero, Henry Sosa.

A falta de atención y presencia estatal, son fundaciones, organizaciones no gubernamentales y algunas agencias de la ONU las que han impulsado proyectos para garantizar los derechos de los ciudadanos y su inclusión en el mercado laboral formal. Por ejemplo, para evitar los largos viajes que muchos soachunos tienen que hacer diariamente hacia Bogotá, agencias como Acnur han impulsado proyectos enfocados en la integración local urbana, con empresarios que ponen sus centros de producción y contratan mano de obra en algunas comunas de Soacha. Aunque apenas se han dado unos primeros pasos, se asume que este es el camino para convertir esos espacios marginales y excluidos en innovadores y competitivos.

De acuerdo con los resultados de la Encuesta Multipropósito realizada por el DANE en 2014, Soacha tuvo una tasa de ocupación de 54 %, menor que el promedio nacional, que se situó en 58,4 %. Con base en este sondeo, el Observatorio de Desarrollo Económico de la Alcaldía de Bogotá encontró que “en el municipio, el 6,9 % de los hogares ha manifestado tener algún miembro que por falta de dinero no consumió ninguna de las tres comidas uno o más días a la semana”. Además, el 65,4 % de los habitantes del municipio indicó que sus ingresos solo le alcanzan para cubrir lo básico.

Otro problema grave es la informalidad. En las zonas marginales han sido los llamados “tierreros” (personas o colectivos usualmente vinculados a grupos ilegales que estafan a la gente vendiéndole terrenos que no les pertenecen) los que han hecho negocio con las tierras. Mientras es manifiesta la incapacidad de las autoridades locales para ordenar el territorio, las invasiones crecen hasta la punta de los cerros de manera descontrolada. Como no hay formalización de predios, las administraciones de turno no han tenido la obligación de llevar hasta allí servicios públicos como el acueducto.

El crecimiento demográfico descontrolado, sin infraestructura ni servicios para los pobladores, es la gran cruz de Soacha, dice el personero. El municipio, ya desbocado por la población atraída por los múltiples proyectos de vivienda, ha recibido cerca de 50.000 víctimas del conflicto armado, desplazados en su mayoría, provenientes de casi todas las regiones del país.

Por eso, los servicios no dan abasto. Según la Personería, hay una cama de hospital por cada 18.000 habitantes y el Hospital Mario Gaitán se queda corto para atender la demanda, pues también recibe pacientes de los municipios de Sibaté y Granada.

Algo similar sucede con la educación. En este comienzo de año se demandaron 80.000 cupos escolares, pero solo había 56.000. El clamor en Soacha es que se detenga la construcción de viviendas y la llegada de pobladores, al menos hasta que se creen las condiciones mínimas para la vida digna de sus habitantes.

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