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La resistencia a los antibióticos dejó de ser un tema exclusivo de hospitales y consultorios y también configura una preocupación ambiental. Por eso, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) adelanta un monitoreo en el río Sumapaz para identificar la presencia de bacterias resistentes a los antibióticos en sus aguas, en el municipio de Fusagasugá.
Se trata de la aplicación del llamado Protocolo Triciclo, una iniciativa impulsada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que propone mirar la resistencia bacteriana como un fenómeno presente tanto en humanos como en animales y el medio ambiente en su generalidad. Con este proyecto, Fusagasugá se convirtió en el primer municipio del país en realizar monitoreos ambientales de este tipo en cuerpos de agua, precedente que abre una nueva línea de vigilancia sobre la calidad hídrica y los riesgos para la salud pública.
La premisa es clara: la resistencia bacteriana no es solo un problema médico. El agua contaminada funciona como un puente silencioso entre las actividades humanas, los ecosistemas y la salud de las comunidades. Allí confluyen residuos, antibióticos mal dispuestos y bacterias que aprenden a sobrevivir.
“Desde el enfoque ambiental, la presencia de bacterias superresistentes en el agua está asociada a la contaminación de ríos y quebradas con antibióticos y residuos de origen humano. Esto crea las condiciones para que estas bacterias se propaguen y conviertan los cuerpos de agua en reservorios de resistencia bacteriana”, explica Carlos Gutiérrez, subdirector general de Planificación y Ordenamiento Ambiental de la CAR.
El monitoreo no se queda en el laboratorio
La idea es anticipar riesgos antes de que se traduzcan en problemas mayores.
“El objetivo es contar con información clara y basada en evidencia científica que permita orientar acciones preventivas y proteger tanto a las comunidades como a los ecosistemas acuáticos”, señaló la entidad.
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Seis jornadas en el río
Hasta ahora, la CAR ha realizado seis jornadas de monitoreo en cuatro puntos estratégicos de la cuenca media del río Sumapaz, dentro del municipio de Fusagasugá. En estos lugares se tomaron muestras de agua que hoy están en proceso de análisis para detectar bacterias que han creado resistencia a ciertos antibióticos.
El proyecto ya ha completado cerca del 60 % del proceso de toma y análisis de muestras. La siguiente etapa consiste en consolidar y cruzar la información recolectada, con el fin de contar con datos sólidos que respalden decisiones ambientales y sanitarias a futuro.
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Ciencia, cooperación y hábitos cotidianos
El estudio cuenta con el apoyo de Países Bajos, en el marco de una apuesta por fortalecer la seguridad hídrica y enfrentar lo que los expertos llaman “contaminantes emergentes”: sustancias que no siempre son tratadas en las plantas de aguas residuales, pero que terminan acumulándose en los ríos.
“De la mano de Países Bajos apoyamos el Protocolo Triciclo, que nos permitirá identificar bacterias superresistentes y la presencia de antibióticos en cuerpos hídricos. Este piloto en el Sumapaz nos dará información clave para el país”, explica Gutiérrez.
El funcionario advierte que muchos de estos contaminantes llegan al agua por prácticas cotidianas en los hogares. Medicamentos mal desechados, antibióticos usados sin control y residuos que las plantas de tratamiento no logran eliminar convierten a los ríos en indicadores silenciosos de riesgo.
“La invitación es a un manejo responsable de los medicamentos desde la casa. Estos residuos afectan a las personas, a los animales y al medio ambiente. La seguridad del agua también depende de lo que hacemos todos los días”, subraya.
Un tema ambiental y de salud pública
Para el director general de la CAR, Alfred Ballesteros, este monitoreo marca un cambio en la forma de entender la resistencia a los antibióticos.
“Ya no es solo un asunto médico. Es una amenaza ambiental y un tema de interés público”, señaló, al destacar que Fusagasugá se convierte en un referente nacional en este tipo de estudios.
Con este avance, la autoridad ambiental refuerza su apuesta por la investigación científica, la protección de los recursos hídricos y la prevención de riesgos que no siempre se ven, pero que ya circulan en el agua. Porque, al final, cuidar los ríos también es cuidar la vida.
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