8 Jun 2020 - 2:00 a. m.

UCI de Bogotá: el plan para evitar el colapso

Mónica Rivera Rueda

Mónica Rivera Rueda

Periodista Bogotá
Aunque el inventario de camas UCI en Bogotá habla de 1.635, solo 760 se destinan exclusivamente a pacientes de COVID-19.
Aunque el inventario de camas UCI en Bogotá habla de 1.635, solo 760 se destinan exclusivamente a pacientes de COVID-19.

El aumento de contagiados por COVID-19, que por su gravedad deben ser atendidos en las unidades de cuidados intensivos (UCI), según la administración, tiene en vilo a la ciudad. Desde hace un par de semanas, según la administración, la cifra de ocupación de las camas exclusivas para atender a este tipo de pacientes está por encima del 40 %, por lo que la alcaldesa, Claudia López, lanzó una alerta: si se supera el 50 %, Bogotá tendrá que volver a medidas más restrictivas.

La situación ha generado temor y varias preguntas, como: ¿Por qué hay una alerta si los reportes dicen que Bogotá tiene suficientes camas en UCI? ¿Todos los pacientes que están en cuidados intensivos deberían estar allí? o ¿no existía un plan para ampliar la capacidad de las UCI en la ciudad? Las respuestas han hecho que unos y otros se repartan culpas.

Por ejemplo, mientras que el ministro de Salud, Fernando Ruiz, ha advertido que algunos centros asistenciales han mantenido en las UCI más tiempo del necesario a algunos pacientes (para facturar más); el secretario de Salud de Bogotá, Alejandro Gómez, ha dicho que la apertura de nuevas camas UCI depende de la entrega de los ventiladores que prometió el Gobierno y que no han llegado.

A esto se suma la afirmación de sectores como la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), que han presentado informes en los que señalan que Bogotá no aprovechó la cuarentena para mejorar su capacidad, pues la cantidad de camas UCI solo aumentó un 20 %, en cambio Cali la duplicó (entregaron más de 400) y hoy la ocupación no supera el 30 %.

Lo cierto es que, teniendo en cuenta los cálculos de la administración distrital, todo apunta a que la ciudad tiene cada día menos margen de maniobra frente a la emergencia. Al comenzar la pandemia el Distrito prometió que en mayo contaría con 2.000 camas UCI para COVID-19, pero la meta está lejos de cumplirse. Si bien el inventario de salud indica que en la ciudad, en general, hay 1.635 camas UCI, en los reportes de la emergencia precisan que Bogotá solo cuenta con 760 con capacidad para pacientes con COVID-19, de las cuales 307 están ocupadas (120 con casos confirmados y 187 probables). Aunque en los últimos días se han sumado noventa nuevas camas, con esto solo se logró disminuir la ocupación del 47 % al 42 %.

Para Luis Jorge Hernández, director del grupo de salud pública de la Facultad de Medicina de la Universidad de los Andes, lo preocupante es que si se evalúa lo que ocurrió en Europa, se evidencia que la principal causa de mortalidad fue la falta de camas UCI. Y si bien, por ahora, Bogotá está dentro del margen, no se debe desconocer que en Kennedy la ocupación está por encima del 90 %, por lo que los contagiados están siendo remitidos a otras partes de la ciudad.

“Desde la semana pasada estamos entrando en la agudización más fuerte. Hay que ver que Santiago de Chile está llegando al 94 % de ocupación y eso que tiene más de 2.000 camas UCI; entonces, para evitar eso, el Distrito va a tener que trabajar en aumentar las UCI exclusivas para COVID-19 y evitar que la gente llegue a ellas, haciendo mayor testeo y rastreo de casos, para evitar la cadena de contagio, y la clave es el aislamiento”, indicó Hernández.

Esto último es fundamental, si se tiene en cuenta que con la reapertura de localidades como La Candelaria, Los Mártires y Santa Fe, que antes contaban con muy pocos casos, ahora tienen altas tasas de contagio. “Por eso es importante que la flexibilización se haga bien y que, de paso, la sociedad se comprometa a hacer un monitoreo de las cifras”, agregó Hernández.

Según la Secretaría de Salud, próximamente llegarán 200 ventiladores para unidades de cuidados intensivos, que en su mayoría serán entregadas en el suroccidente de la ciudad, donde se reporta el mayor número de contagios, seguidos por el sur, centro-oriente y norte. La entrega no solo se basará en la necesidad, sino por la capacidad del personal, la infraestructura y los servicios complementarios que se tengan previstos.

Pero Hernández considera que se está confiando mucho en la entrega que se hará desde el extranjero y puede ocurrir que se dé después del verdadero pico. “Algunas universidades como la Sabana y la de Antioquia estaban produciendo ventiladores, pero el Invima no ha agilizado el proceso, cuando lo interno debería estar priorizado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología”.

Aunque solo resta esperar el avance de la pandemia como el de los casos más graves, el Distrito no debe ahorrar en esfuerzos. Por ahora, si no se halla una pronta solución, tendrá que acudir a los privados y a la disponibilidad de ventiladores en salas extra UCI, como las clínicas de cirugías plásticas, y continuar con los esfuerzos para controlar el número de contagios, pues al fin de cuentas este factor seguirá siendo clave para evitar el colapso en el sistema de salud.

¿Y Corferias qué?

Pese a que el lugar fue concebido para atender a pacientes no COVID-19 ante un colapso del sistema de salud, han comenzado los trasladados para “oxigenar el sistema y darle la posibilidad a clínicas y hospitales que están en el proceso reconversión de camas hospitalarias”, así como para proteger a pacientes con comorbilidades en alto riesgo en lugares con alto número de contagiados, como los hospitales de Santa Clara, Kennedy y Fontibón, según indica la Secretaría de Salud.

Allí también están llegando pacientes de otras ciudades y aunque se encuentra en operación, el Distrito indicó que los pagos del Centro Hospitalario Transitorio se están haciendo acorde con lo que se está usando actualmente y no sobre la totalidad de lo definido en el convenio para la operación de las 2.000 camas.

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