“Perdónanos por no protegerte”. La frase, plasmada en un arreglo floral, que ubicaron en el Club de Oro, lugar donde llevaron el féretro de Valeria Afanador para que el pueblo le diera el último adiós, es el reflejo del dolor y la indignación que hoy se respiran en cada esquina de Cajicá. El haber encontrado sin vida a esta menor, de 10 años, fue un duro golpe para el municipio y el país, que hasta el último momento oró para que la hallaran sana y salva.
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Pero todo terminó en tragedia, en la tarde del pasado viernes, cuando encontraron su cuerpo en el sector de La Fragua del río Frío, a escasos metros del colegio, de donde desapareció. Desde entonces, el ambiente es de luto, no solo por el decreto de la Alcaldía, que declaró tres días de duelo, sino porque sus habitantes asumieron como propia la angustia y el sufrimiento de la familia por la desaparición de su hija.
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Caravana en su memoria
En la mañana de este domingo 31 de agosto, la comunidad del municipio y la familia de la menor organizaron una caravana para despedirla. Bajo una llovizna persistente, el recorrido comenzó a las 8:30 a. m. en el centro comercial Centro Chía y se extendió hasta el salón de eventos Club de Oro. Allí, cientos de personas esperaban con globos de colores y flores la llegada del féretro para darle el último adiós a Valeria y clamar justicia. Todo el pueblo expresó profundo dolor por la pérdida.
Mientras esperaban, entre los asistentes se percibía no solo el duelo, sino la indignación por las condiciones que han rodeado el lamentable fallecimiento. Aunque los forenses no han determinado si se trató de un accidente o un homicidio, la sospecha de un crimen es la que toma más fuerza entre los pobladores.
Para Angélica Cabrera, habitante del municipio y quien siguió el caso desde el primer día, la tristeza es profunda, aunque reconoce que las autoridades hicieron todo lo posible. “No sé qué le pasa a la sociedad. Siempre toma a las personas más vulnerables. Debemos rogar que todo esto termine bien. Que se sepa qué pasó”, indicó.
Los conocidos de la familia también expresaron su dolor. Simoneta Pardo agradeció el acompañamiento de la comunidad, pero advirtió que, en algunos casos, ese apoyo también trajo dolor, por la desinformación que circuló en torno al caso. La comunidad está herida y cuestiona la inseguridad que hoy toca la puerta de una familia cercana. “Era una niña que no tenía nada que ver con nadie. Es impactante cómo estas almas terminan tan heridas por adultos”, agregó Pardo.
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La llegada del féretro
A las 10:00 de la mañana, a lo lejos comenzaron a sonar las bocinas de los vehículos: el cuerpo de Valeria estaba llegando al lugar, acompañado por sus familiares. A su llegada, el féretro blanco, símbolo de inocencia, fue cargado por sus seres queridos, entre ellos su padre. Los asistentes, en un momento, rodearon a la familia y empezaron a cantar.
Las palabras “¡justicia para Valeria!” inundaron las calles con fuerza. Tras la llegada del cuerpo, la multitud se acercó, y poco a poco se empezó a armar una fila afuera del salón, para que la comunidad pudiera despedirse y brindarle apoyo a la familia. Muchos niños estuvieron presentes y algunos, con lágrimas, no entendían lo que estaba sucediendo.
Las niñas sienten miedo
Las voces de los menores que conocen el caso también son importantes, al igual que su preocupación. Sofía Reina, de 17 años, se acercó para hablar con El Espectador y, con previa autorización de su padre, narró que se enteró luego de llegar del colegio. “Caminar ahora al colegio se volvió difícil. Tengo que irme en un grupo grande o siento que me puede pasar algo. Con esto, un lugar que creías seguro ya no lo es”, afirmó e hizo un llamado contundente a las autoridades del municipio: estar más pendientes y actuar con mayor prontitud. No solo por las niñas, sino por todos en Cajicá, un municipio que siempre ha sido tranquilo, y que ahora tendrá que cargar con un recordatorio doloroso del peligro que también puede estar en sus calles.
Expectativas
Aún se espera que la Fiscalía o Medicina Legal revelen oficialmente las causas de la muerte de Valeria, para determinar si detrás hubo un doloroso accidente, producto del descuido del colegio, o si se trató de un rapto y un homicidio, como indica la sospecha que crece entre la población, en especial tras conocer que los socorristas dijeron que el sitio donde encontraron el cuerpo lo habían inspeccionado varias veces.
Esto refuerza la teoría de un posible rapto, la cual pidió investigar el abogado de la familia Afanador. “Nos llena de rabia e incredulidad que, ante la posibilidad de una desaparición forzada, la Fiscalía no haya desplegado todas sus fuerzas desde el primer día. Las evidencias apuntan a omisiones y negligencias imperdonables, de aquellos a quienes pagamos para proteger a los ciudadanos”, expresaron los padres de Valeria a través de un comunicado público el viernes pasado, antes del hallazgo.
Íngrid Joana Cubides Puente, directora encargada de la regional ICBF Cundinamarca, en nombre de la institución, lamentó lo sucedido y aseguró que desde el viernes han acompañado a la familia de la niña. “Desde ese día estuvimos con todo el núcleo familiar, en especial, con los abuelos, a quienes les dimos la noticia. Ahora la idea es poder brindar un apoyo psicosocial más especializado tanto a sus hermanos como a sus primos”, explicó Puente.
Ahora, aclarar lo que ocurrió con Valeria está en manos de la Fiscalía, que debe analizar el informe forense del Instituto de Medicina Legal para saber cuál será la línea a seguir: si fue negligencia y omisión del colegio o si fue un rapto y homicidio premeditado. El asunto es que, sea cual sea el camino, alguien debe responder por la muerte de Valeria.
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