Bogotá

26 Nov 2008 - 11:00 p. m.

Un juicio al absurdo

En una audiencia realizada este miércoles en Zipaquirá se determinó que al parecer hay un cuarto implicado. Así lo dictaminaron las pruebas entregadas por Medicina Legal.

Santiago La Rotta

A eso de la 1:00 p.m. de este miercoles, la jueza que presidía la audiencia en donde se dictaría sentencia contra los implicados en el crimen de Luis Santiago Lozano, el niño de Chía cuya muerte fue ordenada por su propio padre, Orlando Pelayo Rincón, dio un receso de algo más de media hora.

En ese momento Martha Lucía Garzón, acusada de arrebatarle de los brazos de su madre al pequeño que luego iba a ser asesinado, le pasó una nota a un hombre. Quien recibió el pequeño papelito fue José Elí Carrillo, un individuo de hablar pausado, manos ásperas y pelo cortísimo, quien, después de un tinto y un cigarrillo, contó que él había vivido con Martha durante seis años y que tenía una hija de tres años con ella.

Preliminares

Martha Lucía Garzón ya debe estar acostumbrada a los gritos y los insultos que le llueven de todos lados cada vez que debe afrontar un procedimiento judicial. El miércoles no fue la excepción. A las 9:45 a.m., en una camioneta con los vidrios oscuros, arribó a los juzgados de Zipaquirá, en donde fue recibida con los gritos usuales, esta vez también proferidos por la concejal Gilma Jiménez, quien impulsa el referendo para castigar con cadena perpetua a quienes cometan crímenes contra los niños.


Como en una novela, los personajes aparecieron por turnos. Después de Garzón, en un furgón plateado, llegó Jorge Orlando Ovalle  —el tercer implicado, acusado de secuestro  simple—, un ser que en todas sus apariciones se cubre el rostro, como si pensara que su condena la tiene escrita sobre la frente.

Al poco tiempo, en una camioneta blanca, acompañada por agentes del CTI de la Fiscalía, llegó Ivonne Garzón, madre de Luis Santiago. Lo primero que sobresale en ella es una barriga generosa, en donde duerme plácidamente un niño que se llamará, más o menos en enero, Miguel Ángel. El padre de Miguel Ángel es, a su vez, Orlando Pelayo, el confeso autor intelectual del asesinato de quien hubiera sido su hermano.

De último, como corresponde a la figura principal del drama, llegó Pelayo, fuertemente escoltado por la Policía y el Inpec, quienes hacían presencia no tanto para evitar la fuga, sino más para contener la ira colectiva de una sociedad que ha encarnado en él uno de los peores aspectos de la condición humana: el padre que mata al hijo.

“Vamos a pedir, como mínimo, 50 años para los tres. Cabe aclarar que a ellos no se les aplica ninguno de los beneficios establecidos en la ley para rebaja de penas por tratarse de un crimen contra un niño”, dijo, justo antes de entrar al juzgado, el abogado de la madre, Miguel Alfonso Hernández Pérez.

La puesta en escena

Ya adentro de la diminuta sala de audiencias todo transcurrió según un protocolo detenidamente ensayado. El Fiscal procedió a hacer un breve recuento, de casi dos horas, de los hechos. Además leyó el dictamen de Medicina Legal, en el que se confirma que los cabellos encontrados en el cuerpo de Luis Santiago no pertenecen a ninguno de los tres implicados. “En este momento, nos encontramos realizando las respectivas diligencias para determinar quién puede ser la cuarta persona relacionada con los hechos”, dijo el fiscal.

Mientras tanto, sumido en su asiento, se encontraba Ovalle, el hombre del rostro esquivo, quien durante casi toda una hora no retiró las manos de su cara.


“Ese tipo no hacía más sino meter vicio todo el día y robar por ahí lo que se encontrara. Yo me pillé que algo había entre Martha y Ovalle porque él no salía de mi casa, en donde también vivía mi hija. Yo lo conocía bien porque era mi amigo, vivía en mi mismo barrio”, contó, durante el receso de la audiencia, Carrillo, el hombre que vivió seis años con Martha Lucía Garzón. Además dijo que la última vez que vio a su ex mujer fue días después del secuestro de Luis Santiago. “Vino a Zipa a dejarle ropa a nuestra hija. En ese momento ella no me dijo nada de lo que había hecho, tampoco mencionó algo sobre su viaje a Villavicencio, que fue donde la cogieron”.

Cuando Pelayo iba a tomar la palabra, la madre de Luis Santiago se desmayó. Hubo otro receso. Parecía que las cosas se complicaban porque, además, la abogada de Ovalle apeló la imputación del cargo de secuestro simple. La jueza rechazó la petición. Al cierre de esta edición no se había tomado ninguna decisión. En el juzgado de Zipaquirá todavía se escuchaban las versiones de los tres implicados, que dejaron en la memoria del país la cara inocente de Luis Santiago como un retrato del horror, el último rostro.

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