Bogotá

3 Jul 2014 - 4:38 a. m.

Una extraña muerte en la localidad de Kennedy

Fiscalía investiga los hechos en los que perdió la vida Mauricio González, quien apareció ahorcado en una patrulla de la Policía.

Redacción Bogotá

En la tarde de ayer aún reposaba en Medicina Legal el cadáver de Mauricio González, quien murió el lunes en extrañas circunstancias, que hoy investiga la Fiscalía y que podrían involucrar a patrulleros de la Policía. Sus familiares no creen la versión de los uniformados: que González se ahorcó con su propia correa en una patrulla mientras era trasladado a una Unidad Permanente de Justicia (UPJ).

Entre lágrimas, Jenny Paola Piragua, de 25 años, dedicada al cuidado de dos hijas de González, de 3 y 4 años, y en embarazo de un tercer hijo, relata lo sucedido: “A las 10 p.m. fui hasta el CAI de Britalia porque Mauricio amenazó con golpearme. Estaba tomado. Él cuando se emborrachaba se transformaba. Cuatro patrulleros llegaron y lo metieron en un camión de la Policía. El patrullero Andrés Mejía fue el que me pidió varios datos antes de llevárselo. Me dijeron que me lo traían mañana temprano, en sano juicio. No volví a verlo con vida”.

En la mañana del martes, Piragua vio llegar un carro de la Fiscalía a su casa del barrio Britalia, en la localidad de Kennedy. Habló con los agentes, pero sólo se enteró de la versión de que Mauricio González, su compañero sentimental desde hacía cinco años, se había suicidado, horas después, en la sala de urgencias de un hospital, luego de un inconveniente de salud que tuvo. También relató que no era la primera vez que decidía acudir al CAI para detener la violencia de González. Una semana atrás había pedido ayuda. Los uniformados lo encontraron en la calle y lo subieron a la patrulla. Llegó a la casa a las 4:00 a.m., luego de que la Policía lo dejara en libertad.

Mauricio González, de 41 años, le confesó a su esposa que no podía controlar el consumo de licor, pero nunca había intentado acabar con su vida. Trabajaba en la construcción de vitrinas en aluminio y vidrio, que se comercializaban en los centros comerciales de San Andresito en Bogotá. Según Gabriel Piragua, su suegro, respondía económicamente por su familia y quería mucho a sus hijas.

“Yo fui al CAI el martes y me dijeron que el tema estaba en investigación. ¿Cómo se va a ahorcar solo y borracho dentro de un camión? Si a una persona se la llevan viva, ¿cómo la van a devolver muerta? Siempre les quitan las correas y los cordones a las personas que se llevan a la UPJ, ¿por qué no cumplieron con este procedimiento?”, son algunas preguntas que tiene Piragua sobre este episodio.

Según Medicina Legal, al cadáver de González se le aplicó el protocolo de Minosota, una medida que se emplea para identificar si hubo o no tortura, siempre que se pueda inferir que el Estado, en este caso la Policía, tuvo alguna responsabilidad. Lo único que certifica el organismo es que González tiene señales de ahorcamiento, pero aún no se sabe si eso le causó la muerte o si fueron producidas por alguien más. El resultado de este estudio sólo se conocerá la próxima semana por la complejidad de los análisis de química forense e histopatología (estudio de tejidos) que se le realizan al cuerpo.

Al respecto, el CAI de Britalia, consultado por El Espectador, no quiso pronunciarse. La dirección de la Policía de Bogotá, por su parte, señaló que para darle “imparcialidad y transparencia” a la investigación, entregaron el caso al Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía, que será el encargado de establecer qué fue lo que pasó realmente en la madrugada de ese lunes en que Mauricio González perdió la vida.

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