29 Dec 2019 - 8:16 p. m.

Yo estuve en la caída del POT en Bogotá

El secretario de Planeación relata los momentos previos al hundimiento de una de sus principales apuestas y dice que la coyuntura electoral llevó a que primara lo político sobre lo técnico.

Andrés Ortiz Gómez - secretario de Planeación

Todo estaba dado para que el alcalde aprobara el proyecto del Plan de Ordenamiento por decreto. Sin embargo, el 3 de noviembre, el Concejo aprobó la ponencia que tumbaba el POT.
 / Cortesía
Todo estaba dado para que el alcalde aprobara el proyecto del Plan de Ordenamiento por decreto. Sin embargo, el 3 de noviembre, el Concejo aprobó la ponencia que tumbaba el POT. / Cortesía

Eran las 3:49 del 3 de noviembre de 2019 cuando el presidente de la comisión del plan del Concejo de Bogotá dijo: “Se procede a dar inicio a la votación. Secretaria, sírvase leer las conclusiones de las ponencias”. El ánimo del recinto estaba alterado. Los representantes de la oposición se movían de un lugar a otro, no dejaban de murmurar entre ellos. En el fondo del salón, algunos líderes barriales organizaban las barras escribiendo letreros con mensajes como: “No al nefasto POT”, y aprovechaban cada mención al tema para levantarlos y pedir a un fotógrafo que dejara registro de los participantes. Este tipo de mensajes los habían difundido en internet algunos grupos de activistas, que los soportaban (en su gran mayoría) en “falsas verdades”. También en las localidades, por personas que buscaban obtener escaños en las JAL o en el Concejo. En la calle, frente al cabildo, el ambiente era alterado por unos pocos simpatizantes de la oposición, con letreros que decían: “Por un ordenamiento sostenible y equitativo, a este POT le digo NO”. Nada más irónico que esta última frase -pensé-. Los últimos dos años discutimos con los equipos ambientales, con especialistas en ecoeficiencia y cambio climático, con los técnicos de la Secretaría de Ambiente y con la CAR sobre la forma de asegurar un POT ambientalmente realista y sostenible a largo plazo, para hacer de Bogotá un ejemplo para el mundo. Ahora un grupo de jóvenes con máscaras blancas y vestidos negros llamaba la atención de los medios demostrando que algunos ambientalistas eran más ideólogos políticos que científicos (ecólogos) y que su campaña buscaba distorsionar los objetivos del POT. A las 3:50, el presidente dijo: se pone en consideración la ponencia negativa en votación nominal. Sentí escalofrío. Más de 3 años y medio de trabajo intenso y técnico, ocho consultorías especializadas, más de 100 profesionales y expertos, más de 30.000 bogotanos consultados directamente, tablas de todo tipo para sistematizar los aportes recibidos y para darles respuestas puntuales, mesas de trabajo con gremios y organizaciones sociales y, justo ahora, la animadversión política estaba a punto de mandar todo ese trabajo al traste. No es posible que gane la impostura -pensé-, aún hay suficiente cordura entre los partidos que no son radicales. Pocos días atrás, uno de los concejales de la oposición había dado un discurso ejemplar sobre lo que debía ser el planeamiento de las ciudades contemporáneas. Esto me animó, pero a las pocas horas volvió a enviar mensajes por Twitter como “Este POT es un negocio para los inmobiliarios” y volví a perder la esperanza. Los empresarios que estudiaron el tema y los que modelaron la propuesta, con ejemplos concretos, coincidían en que era el POT que más los castigaba, el más exigente en beneficio de Bogotá. Se preguntaban: ¿de dónde salían esas ideas absurdas de que este proyecto los favorecía? Antes de la votación, el presidente de la comisión permitió a algunos líderes barriales expresarse. Tenían buenos argumentos, que podían ser resueltos en el marco de la propuesta. De hecho, las dos ponencias positivas habían planteado modificaciones que abarcaban temas como eliminar algunos polígonos de alto impacto o hacer más restrictiva la mezcla de usos en barrios predominantemente residenciales. En todos los casos estábamos de acuerdo, al punto de que solicité preparar una versión nueva con esos ajustes, por si se daba la oportunidad de adoptarla. A las 3:55 la pantalla indicaba que había 5 votos a favor y 5 en contra. Faltaban tres concejales por votar, que representaban partidos moderados. La esperanza me volvió por un par de minutos, aunque tenía claro que después de 80 días de intenso debate público algunas fuerzas políticas que se habían expresado a favor habían cambiado su posición tras conocer los resultados de las elecciones del 27 de octubre. La espera por los votos faltantes se hizo infinita. A las 4:09 se empezó a mover de nuevo el registro. Sorprendentemente los tres concejales votaron negativo. Por un instante dudé de si era posible. Ninguno de los argumentos expresados eran convincentes. Se trataba de explicaciones que habían sido rebatidas técnica o jurídicamente, pero el hecho era que inexplicablemente ya había sido sentenciado el proyecto. Miré la cara de decepción entre algunos asistentes y me pareció que mis colaboradores se tornaron un poco pálidos, pero ninguno perdió la compostura. Sentía gran dolor por el trabajo, el tiempo y los recursos que habían sido enterrados de forma tan absurda. Algunos asistentes se acercaron para darme la mano. Esto me confortó lo suficiente como para levantarme y pasar a la sala contigua a dar declaraciones a la prensa. El POT que con urgencia necesita Bogotá para su sostenibilidad y para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos había sido derrotado por una coyuntura política. Aprendida la lección.

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