Bogotá

6 Jul 2014 - 3:54 p. m.

Zamora, la secretaria de Petro

Esta semana se posesionó en la Alcaldía como secretaria general la exfiscal encargada Marta Lucía Zamora. Su experiencia en el poder judicial será clave para blindar esta administración.

Natalia Herrera Durán

En su apartamento, al norte de Bogotá, con la camiseta de la selección de Colombia, una hora antes de que empezara el partido Brasil-Colombia, Marta Lucía Zamora confiesa que más que el encuentro de fútbol le preocupa la ilusión que está en juego. Se angustia por momentos de pensar el sin sabor de la derrota, brinca del sofá y se coge la cabeza. Conoce el sabor del desengaño en lo personal y en lo profesional, sabe de qué se trata y por eso la inquieta. Esta semana Zamora se posesionó ante el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, como la nueva secretaria general, y su entrada, a año y medio de que se acabe esta administración, no es fortuita.

Su amplia experiencia como abogada penalista, con trayectoria en el Poder Judicial, será más que útil para blindar a la alcaldía de Petro, que sigue bajo los reflectores de la Procuraduría y la Fiscalía. El reto es enorme, pero está lista para asumirlo. ¿Por qué no? Si a los 54 años ha capoteado las críticas de sus contradictores, ha sobrevivido a un cáncer de tiroides, ha acompañado con fortaleza la delicada salud de su hija Carolina, que nació in vitro, y se ha repuesto de la muerte de su madre, Alicia Ávila. Se trata de un asunto de disciplina, algo que aprendió desde pequeña, cuando estudiaba con las rígidas monjas del colegio Calasanz femenino.

A los 16 años, convencida de que lo suyo era el derecho, entró a la Universidad Externado. Nunca perdió una materia, aunque tampoco ganó una beca. Conoció el cigarrillo y el coco de su generación: el estatuto de seguridad del presidente Julio César Turbay. Por eso recuerda pelear por la libertad de un compañero preso injustamente. Su activismo político había empezado poco antes con las Juventudes Lleristas, que respaldaban una nueva candidatura a la Presidencia del expresidente Carlos Lleras Restrepo.

Pero esos años de efervescencia política fueron desplazados por el derecho penal, aunque su padre, Daniel Zamora, hubiera preferido que se dedicara al derecho civil y a la empresa de ajustadores de seguros que tenía la familia. Pero Zamora ya había escogido su camino y era tan curvoso como la montaña que llega al peaje de Patios, vía La Calera, o la vía que va hasta el pantano de Quentar, en Granada (España), donde subió a menudo en bicicleta.

Antes ya había sido nombrada asesora de la entonces ministra de Justicia, Mónica de Greiff, quien firmó el tratado de extradición de narcotraficantes hacia Estados Unidos y luego se vio obligada a renunciar y salir del país por amenazas. Zamora renunció a su lado y partió para el sur de España, donde estudió una maestría becada por el Instituto de Cooperación Iberoamericana.

Empezaba la década de los noventa, enlutada aún por los crímenes de la guerra contra las mafias de la droga. En 1991, Zamora regresó al país con los nuevos aires de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente y, por recomendación del exministro Fernando Carrillo, a quien conoció en la Universidad del Rosario siendo profesora, llegó a ser la secretaria de la Comisión de Justicia de la Constituyente.

Poco tiempo después se encontró al entonces magistrado de la Corte Constitucional Alejandro Martínez Caballero, quien había asesorado al M-19 en la Constituyente. Martínez le ofreció ser magistrada auxiliar de su despacho. Esa fue la primera vez que trabajó en la Corte Constitucional. Desde entonces siempre ha soñado con volver en calidad de magistrada. Incluso hasta hace muy poco fue parte de la terna que terminó con la elección de Alberto Rojas, que recientemente tumbó el Consejo de Estado.

Pero esta mujer bogotana también erigió su carrera laboral en la Fiscalía y en la Procuraduría. A la primera entró de la mano del entonces fiscal general, Gustavo de Greiff, a quien había conocido en la Universidad Externado. De Greiff tuvo que retirarse por un fallo de la Corte Suprema que determinó que había llegado a la edad de retiro forzoso y Zamora tuvo que convencer al fiscal entrante, Alfonso Valdivieso, de que podía seguir en el cargo de fiscal delegada ante la Corte Suprema de Justicia. Hasta ese momento era la primera mujer en este puesto. Al final lo convenció y siguió en la Fiscalía, aun cuando el fiscal llegó a ser Alfonso Gómez.

Allí le tocaron casos difíciles, como el de Gustavo Álvarez Gardeazábal, condenado por enriquecimiento ilícito cuando fue gobernador del Valle; o el proceso de corrupción de Dragacol, el más sonado del gobierno Pastrana. Después se fue a trabajar a la Procuraduría con Edgardo Maya, como procuradora delegada para casación penal.

Otro rol distinto en el que le tocó conceptuar durante ocho años. Fue allí donde con su equipo logró que la masacre de Riofrío (Valle) volviera a investigarse. Sus argumentos sobre la muerte de Manuel Cepeda también fueron retomados luego por la Corte Interamericana de Derechos Humanos. En esos años Zamora tomó algunas decisiones que en su momento fueron polémicas, como pedir una rebaja en la pena que enfrentaba el cantante Diomedes Díaz.

En su paso por la Procuraduría se reencontró con Alberto Hernández, quien había sido su profesor en la universidad. Con él empezó una relación amorosa que sólo ha sido separada por dificultades de salud. A su lado siguió su camino profesional, esta vez junto al magistrado de la Corte Suprema Iván Velásquez, metida de cabeza en los expedientes de la parapolítica. En 2006 lo dejó todo por acompañar la enfermedad de su esposo. Cuando volvió a Bogotá entró a la Fiscalía de Viviane Morales. Al mes de posesionarse, por avatares judiciales, Morales salió y Zamora fue la fiscal encargada.

Con la entrada de Eduardo Montealegre, siguió como coordinadora y asumió procesos que hasta hoy le amargan un poco la vida: el del gobernador de La Guajira, Juan Francisco Kiko Gómez, y el del exdiputado Sigifredo López, absuelto por la Fiscalía luego de acusarlo de delinquir con las Farc. Los dos a menudo en Twitter siguen despotricando de su trabajo y la señalan de comprar testigos. Por eso espera pronto que la investigación sobre su accionar en estos casos se resuelva en el Consejo Superior de la Judicatura.

Al final, fue por el caso de López que sintió que Montealegre la dejó sola y prefirió renunciar. Hoy agradece que Gustavo Petro le haya dado su voto de confianza y la nombrara secretaria general. Desde ahí promete abanderar una lucha anticorrupción que no le cae nada mal a la Alcaldía por estos tiempos de escándalos y ruidos políticos al respecto.

 

nherrera@elespectador.com

@Natal1aH

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