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El acoso sexual de los machos podría estar empujando a esta tortuga a la extinción

En una isla del lago Prespa, en Macedonia del Norte, una población de tortugas Hermann enfrenta un colapso inusual: hay 19 machos por cada hembra. Según un estudio publicado en Ecology Letters, el acoso intenso y las lesiones derivadas del apareamiento estarían reduciendo la supervivencia y la reproducción de las hembras, en lo que podría convertirse en un caso real de “vórtice de extinción”.

Redacción Ciencia

14 de febrero de 2026 - 10:46 a. m.
Los científicos revelan un evento de extinción en curso y predicen que la última hembra de tortuga insular podría morir en 2083. /Licencia libre
Foto: Licencia libre
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Los científicos tienen teorías sobre por qué una especie puede extinguirse incluso si no enfrenta amenazas externas como depredadores, destrucción del hábitat o cambio climático. Una de ellas apunta a lo que conocen como “proporciones sexuales sesgadas” y “sistemas de apareamiento físicamente coercitivos”.

Lo primero significa, en pocas palabras, que hay muchos más individuos de un sexo que del otro en la población adulta. Por ejemplo, muchos machos y pocas hembras. Lo segundo sugiere que existen sistemas en los que el apareamiento implica acoso intenso o fuerza física, generalmente por parte de los machos hacia las hembras.

En estos contextos, si hay demasiados machos, aumenta la competencia y el acoso, y las hembras pueden sufrir más estrés, lesiones o incluso morir.

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Esto puede desencadenar lo que los científicos llaman un “vórtice de extinción”: una espiral negativa que se retroalimenta. Pequeños problemas demográficos generan consecuencias que empeoran la situación y, a su vez, agravan aún más el problema, hasta que la población colapsa. Esta teoría, aunque conocida, nunca se había documentado en la naturaleza. Hasta ahora. Una investigación publicada en la revista Ecology Letters sugiere que esto podría estar ocurriendo.

Tortugas que se tiran al acantilado

En el lago Prespa, en Macedonia del Norte, vive una población insular excepcionalmente densa de tortugas Hermann (Testudo hermanni). Esta tortuga es pequeña (entre 15 y 20 centímetros, aunque algunas pueden llegar a 25), tiene un caparazón abombado con tonos amarillos y negros muy marcados, una cola con una pequeña uña o espolón córneo en la punta y puede vivir más de 50 años.

En esa comunidad del lago Prespa los machos superan considerablemente en número a las hembras, en una proporción de 19 a 1. Según los investigadores, los machos “les infligen graves lesiones copulativas y las exponen al riesgo de caídas fatales desde las escarpadas paredes rocosas de la meseta insular”.

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Los científicos informan en su investigación, publicada hace unas semanas, que 16 años de datos de captura y recaptura revelan un evento de extinción en curso y predicen que la última hembra de tortuga insular podría morir en 2083.

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¿Por qué? Los investigadores cuentan en su estudio que las hembras acosadas están demacradas. En The New York Times, los autores agregan que “como parte del cortejo, las tortugas chocan, muerden (a veces hasta el punto de sangrar), montan y finalmente empujan vigorosamente a las hembras que huyen”. Tres cuartas partes de las hembras de la isla presentaban lesiones genitales.

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Y eso está teniendo efectos en la reproducción. Las pocas hembras que quedan producen nidadas más pequeñas y que solo el 15 % tenía huevos. “Una vez, le puso un GPS a una de las pocas hembras de la isla que ponían huevos para rastrear dónde los depositaba. Sin embargo, un día, los datos del acelerómetro del dispositivo ‘se volvieron locos’, dijo. Al regresar a la isla, la encontró muerta en la playa, con el caparazón destrozado”, se lee en The New York Times.

Nadie sabe con certeza por qué hay más machos que hembras. Los científicos manejan dos hipótesis: una variación genética aleatoria o la posibilidad de que los humanos hayan llevado tortugas a la isla en cantidades desiguales. Lo único claro es que, si la tendencia continúa, en unas décadas ya no quedarán.

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