Por siglos, se había creído que las muertes de Francisco I de Médici, gran duque de Toscana, y de su esposa Bianca Cappello, ocurridas en octubre de 1587, habían sido causadas por el envenenamiento por arsénico que había llevado a cabo el cardenal Fernando, hermano de Francesco.
Sin embargo, la causa de la muerte de Francisco y de su esposa estaba muy lejos de un supuesto envenenamiento, según revelan 439 años después investigadores de la Universidad de Yale (Estados Unidos) y de la Universidad de Pisa (Italia).
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Para llegar a la verdadera causa de la muerte de Francisco y Bianca, así como la del cardenal Giovanni de Medici, ocurrida en 1562, los científicos extrajeron ADN de cuatro muestras de costillas, tres del gran duque y una del cardenal.
En los resultados de sus análisis, los investigadores encontraron una cepa novedosa de Plasmodium falciparum, la especie que causa la forma más letal de la malaria humana, en los huesos de Giovanni.
Mientras tanto, en los huesos de Francisco descubrieron rastros moleculares de . falciparum y de una segunda especie, P. malariae. En realidad, los científicos rastreaban la propagación y la evolución de la malaria en el centro de Italia durante el Renacimiento y décadas después.
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Sin embargo, sus hallazgos, que fueron publicados hace unas semanas en la revista académica iScience, de Cell Press, también ofrecen pruebas científicas para disipar la especulación sobre la muerte de uno de los integrantes de una de las familias más importantes y poderosas de la Toscana durante el Renacimiento.
“Ahora podemos afirmar con certeza científica que la malaria, y no el envenenamiento, fue la causa de la muerte del gran duque Francesco de Medici”, apuntó Valentina Giuffra, investigadora de la Universidad de Pisa y coautora del estudio.
Serena Tucci, investigadora de la Universidad de Yale y autora principal del reciente estudio, aseguró que el estudio “es un gran ejemplo de cómo podemos utilizar métodos avanzados de laboratorio de ADN antiguo para reconstruir la historia de este patógeno mortal”.
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Para Adalgisa Caccone, también investigadora de una universidad estadounidense y coautora del estudio, el estudio “también generó datos que pueden servir de base para la investigación actual y futura sobre la malaria, que sigue siendo una enfermedad mortal que afecta a millones de personas en todo el mundo.
En 2024, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), a nivel mundial se registraron 282 millones de casos de malaria en todo el mundo, que causaron 610.000 muertes.
“Los hallazgos ofrecen una oportunidad para comprender la evolución de las especies de malaria, lo que puede ayudar a los científicos a comprender mejor cómo se adaptan los patógenos con el tiempo”, concluyó Alexander Ochoa, de la Universidad de Yale, quien también participó del estudio.
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