“Nos estamos acercando a la misión Artemis II, y tenemos su lanzamiento a la vuelta de la esquina”, anunció Lori Glaze, administradora asociada interina para la Dirección de Misiones de Desarrollo de Sistemas de Exploración de la NASA. “Nos quedan pasos importantes en nuestro camino hacia el lanzamiento, y la seguridad de la tripulación seguirá siendo nuestra principal prioridad en todo momento, a medida que nos acercamos al regreso de la humanidad a la Luna”.
Artemis II es la segunda misión del programa Artemis de la NASA, cuyo objetivo es llevar de nuevo a seres humanos a la Luna y, a largo plazo, preparar viajes tripulados a Marte. A diferencia de Artemis I, que fue un vuelo no tripulado, Artemis II será la primera misión tripulada del programa. En ella, cuatro astronautas viajarán a bordo de la nave Orion, lanzada por el cohete Space Launch System (SLS), para realizar un vuelo alrededor de la Luna sin alunizar. Se trata de un paso intermedio crucial antes de Artemis III, la misión que sí contempla un alunizaje tripulado, incluido el regreso de astronautas estadounidenses a la superficie lunar por primera vez desde 1972.
El escudo térmico de la cápsula Orion (el componente que protege a la nave y, en misiones con tripulación, a los astronautas durante la reentrada en la atmósfera terrestre a altísimas velocidades) es una de las áreas de mayor atención de los científicos. Durante la reentrada desde la órbita lunar, la cápsula debe enfrentar temperaturas extremadamente altas (más de 2,700 °C). ¿Cuál es la preocupación? Que durante la misión Artemis I (no tripulada), los datos mostraron que el recubrimiento del escudo térmico se desgastó de maneras algo diferentes a lo predicho por los modelos de simulación, lo que llevó a los ingenieros a estudiar esos resultados para confirmar la fiabilidad del diseño antes de Artemis II.
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Con esas salvedades, la primera fecha potencial de lanzamiento de Artemis II está fijada para el 6 de febrero, es decir, a menos de un mes, con oportunidades adicionales los días 7, 8, 10 y 11. Una segunda ventana de lanzamiento abre opciones para el 6, 7, 8, 9 y 11 de marzo. La última ventana anunciada hasta ahora contempla fechas el 1, 3, 4, 5 y 6 de abril. La tripulación está compuesta por astronautas de la NASA, el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover, la especialista de misión Christina Koch y el astronauta y especialista de misión de la Agencia Espacial Canadiense Jeremy Hansen. La tripulación anunció hace poco que esta versión de Orión se ha bautizado como Integrity.
La NASA planea iniciar el sábado 17 de enero el traslado del cohete desde el Edificio de Ensamblaje de Vehículos hasta la Plataforma de Lanzamiento 39B, una operación lenta y cuidadosamente controlada que puede tomar varias horas. El recorrido, de casi 6,5 kilómetros, se realiza sobre el transportador oruga 2, un vehículo gigante que avanza a paso muy reducido y que podría tardar hasta 12 horas en completar el trayecto. Mientras tanto, los equipos técnicos trabajan de forma continua para cerrar todas las revisiones y ajustes necesarios antes del movimiento. Una vez que el cohete y la nave espacial integrados lleguen a la plataforma de lanzamiento, la NASA comenzará inmediatamente una larga lista de verificación para los preparativos en la plataforma de lanzamiento, incluyendo la conexión de equipos mecánicos de apoyo en tierra, como líneas eléctricas, conductos del sistema de control ambiental de combustible y tomas de surtido de combustible criogénico.
A finales de enero, la agencia espacial de Estados Unidos llevará a cabo un ensayo general con circulación de combustible, el cual es una prueba previa al lanzamiento para llenar los tanques de combustible en el cohete.
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¿Cuál es el objetivo de Artemis II?
Artemis II será clave para poner a prueba los sistemas más críticos de la nave Orión. La tripulación evaluará el sistema de soporte vital, encargado de producir aire respirable y de eliminar el dióxido de carbono y la humedad que generan los astronautas al respirar, hablar o hacer ejercicio. El tiempo en órbita permitiá comprobar su funcionamiento tanto en momentos de máxima exigencia física, como durante el ejercicio, como en condiciones de reposo, cuando los astronautas duermen. También se ensayará el cambio entre el modo “traje” y el modo “cabina”, con el fin de confirmar que el sistema responderá correctamente.
En paralelo, Orión verificará sus sistemas de comunicación y navegación. Mientras la nave aún se encuentra cerca de la Tierra, pasará brevemente por zonas cubiertas por satélites GPS y por la red de satélites de retransmisión de la NASA. Esto permitirá comprobar con antelación que la Red de Espacio Profundo, que será clave cuando la nave se dirija a la Luna, puede mantener el contacto con los astronautas, enviar datos e imágenes y recibir comandos desde la Tierra.
Una vez completadas estas pruebas, la misión ejecutará una maniobra muy importante: la inyección translunar (TLI). Aunque la etapa superior del cohete ya habrá colocado la nave en una órbita terrestre elevada, el módulo de servicio de Orión dará el empuje final para encaminarla hacia la Luna. Este impulso iniciará un viaje de unos cuatro días hasta rodear la cara oculta del satélite, describiendo una trayectoria en forma de “ocho” que llevará a la nave a más de 370.000 kilómetros de la Tierra antes de comenzar el regreso. Durante el trayecto lunar y el retorno, los astronautas tienen como objetivo probar los sistemas de la nave, practicarán procedimientos de emergencia y ensayarán el uso del refugio contra radiación.
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Desde el punto más lejano del viaje (unos 7.500 kilómetros más allá de la cara oculta de la Luna) podrán observar simultáneamente la Luna en primer plano y la Tierra al fondo, a casi 400.000 kilómetros. La misión completa durará alrededor de 10 días y aprovechará una trayectoria de “retorno libre”: gracias a la gravedad combinada de la Tierra y la Luna, Orión no necesitará grandes maniobras para volver, sino que será guiada de forma natural de regreso a casa.
Artemis II será así un ensayo general tripulado. En la siguiente misión, Artemis III, la NASA planea repetir el viaje lunar, pero con un objetivo histórico: llevar nuevamente astronautas a caminar sobre la superficie de la Luna y avanzar en la construcción de una presencia humana sostenida en el espacio profundo.
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