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Ya hemos escuchado y leído mucho sobre el fenómeno de El Niño que podría convertirse en uno de los episodios más intensos de las últimas décadas. Pero, ¿lo hemos visto? La NASA publicó en las últimas horas una comparación de imágenes satelitales que permite dimensionar cómo se está comportando el océano Pacífico y qué pistas ofrece sobre lo que podría ocurrir en los próximos meses, cuando se espera que el fenómeno alcance su mayor intensidad.
La agencia espacial de Estados Unidos comparó las condiciones del océano el 13 de octubre de 1997, durante uno de los episodios de El Niño más intensos registrados, con las del 12 de octubre de 2026. Las imágenes muestran similitudes entre ambos eventos, especialmente en la distribución de las anomalías en la altura de la superficie del mar, que se extienden por el Pacífico ecuatorial central y oriental hasta las costas de Sudamérica.
Para hacer esta comparación, los científicos utilizaron mediciones de altimetría satelital, una tecnología que permite registrar la altura de la superficie del océano. Aunque los mapas no muestran directamente la temperatura del agua, sí ofrecen pistas sobre dónde se está acumulando calor: cuando el agua se calienta, se expande y puede elevar el nivel del mar.
En las imágenes, las zonas rojas corresponden a lugares donde la superficie está más alta de lo habitual; las blancas indican condiciones cercanas al promedio y las azules, niveles inferiores a lo normal.



La comparación es posible gracias a un registro de 35 años de mediciones satelitales. Según explicó la NASA en una publicación de este viernes, las distintas misiones han permitido mantener observaciones de zonas similares del océano, con periodos de superposición entre satélites. Esto les da a los investigadores una herramienta para estudiar cómo evolucionan estos fenómenos y qué diferencias existen entre un episodio y otro.
Pero de este análisis hay un detalle importante para la NASA. Aunque El Niño de 2026 se desarrolló de forma mucho más repentina que el de 1997, a partir de octubre ambos comenzaron a mostrar patrones similares en la altura de la superficie del mar: niveles más bajos en el Pacífico occidental y más altos en el oriental, con aguas cálidas que se extienden hacia Sudamérica. Para Josh Willis, científico del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, estas semejanzas permiten considerar que algunos de sus impactos podrían ser parecidos.
Eso no significa, sin embargo, precisa la agencia científica, que la historia vaya a repetirse exactamente. El Niño forma parte de un patrón climático natural que aparece, aproximadamente, cada dos a siete años, cuando se altera la interacción entre el océano y la atmósfera.
En condiciones normales, los vientos alisios mantienen las aguas más cálidas acumuladas en el Pacífico occidental. Cuando estos vientos se debilitan, el agua caliente se desplaza hacia el centro y el este del océano, lo que puede debilitar aún más los vientos y favorecer que el proceso continúe.
La intensidad y los efectos de cada episodio dependen, entre otras cosas, de dónde se concentra ese calor y de cómo responde la atmósfera. Por eso, dos fenómenos de gran magnitud pueden producir patrones de lluvia diferentes.
La NASA recuerda que durante El Niño de 1997-1998 se registraron lluvias intensas en California y en el sur de Estados Unidos, mientras que en el episodio de 2015-2016 las precipitaciones se concentraron principalmente en Centroamérica y el sureste estadounidense, con inundaciones importantes en México. En este último caso, las aguas excepcionalmente elevadas no llegaron a la costa de Sudamérica con la misma intensidad que en 1997.
El pronóstico del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), publicado el 8 de octubre, señalaba una probabilidad del 83 % de que El Niño alcanzara una intensidad fuerte o muy fuerte durante los primeros tres meses de 2027.
La NASA cita esta proyección como parte del contexto para interpretar las imágenes, aunque advierte que todavía es difícil anticipar con precisión cómo se manifestarán sus efectos durante el invierno de 2026-2027 y después.
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