En el municipio de Armero, en Tolima, se encuentra una gran roca que puede llegar a pesar varias toneladas. Está ubicada en el antiguo barrio El Dólar, donde quedaba la casa de Martha Vargas de Castro, quien junto a su familia lidera el Centro de Visitantes de Armero. Se trata de una iniciativa para conservar la memoria de este pueblo, que fue arrasado el 13 de noviembre de 1985 por un lahar, comúnmente conocido como avalancha, producido tras la erupción del volcán Nevado del Ruiz.
Hoy en día, esa roca es reconocida como una de las paradas turísticas durante los recorridos que realizan los visitantes de Armero. Durante más de 40 años se ha mantenido la teoría de que esa estructura provenía del interior del Nevado del Ruiz, y que llegó al municipio transportada por las corrientes de lodo a través de las cuencas de los ríos que nacen en el volcán, como el cauce del Lagunilla, durante la noche de aquel 13 de noviembre.
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Sin embargo, según confirmó el Servicio Geológico Colombiano (SGC), esta roca es metamórfica y no volcánica. En otras palabras, no se formó dentro del Nevado del Ruiz, pues mientras que este complejo volcánico tiene 1,8 millones de años, la gran roca puede tener hasta cientos de millones de años. Además, en realidad, está relacionada con la presión de la base de las cordilleras.
De acuerdo con Julio Fierro Morales, geólogo y director general del SGC, a estos bloques gigantescos se les llama “megalitos”. La de Armero es una roca metamórfica, “de eso está hecha la cordillera central en este sector. Su edad es de decenas de millones de años y no viene directamente del volcán, no fue una roca lanzada hacia afuera desde su interior”.
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Lo que sí es cierto es que esta gran roca se habría desplazado durante la avalancha, movilizándose a más de 30 kilómetros por hora entre las calles del pueblo. Pero, ¿cómo un bloque rocoso de semejantes magnitudes pudo flotar y llegar al municipio? Fierro explica que en este tipo de flujos de escombros, las partículas chocan entre sí y generan un efecto llamado “nuez de Brasil”.
“Cuando tomamos muchas nueces, como almendras o maní, la más grande es la nuez de Brasil. Si hacemos que ellas interactúen y choquen, la nuez de Brasil va a tender a ir hacia arriba”, dice el geólogo. Este mismo efecto fue el que permitió que flotaran partículas de gran tamaño y todo tipo de materiales, como planchas de las casas en Armero, que les sirvió a los habitantes a modo de balsa para poder sobrevivir. “Ese efecto de nuez de Brasil permitió salvar vidas”.
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