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Científicos creen que este simio demostró tener capacidad para imaginar

En un artículo publicado en la prestigiosa revista Science, investigadores sugieren que nuestros parientes vivos más cercanos también podrían imaginar.

Alexa Robles-Gil / The New York Times

09 de febrero de 2026 - 12:51 p. m.
Kanzi, el bonobo que hizo parte del experimento.
Foto: NYT - APE INITIATIVE
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Tener un amigo imaginario, jugar a la casita o soñar despierto sobre el futuro se consideraron durante mucho tiempo capacidades exclusivamente humanas. Ahora, los científicos han realizado el primer estudio que indica que los simios también tienen la capacidad de fingir para jugar.

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Las conclusiones, publicadas en la revista Science, sugieren que la imaginación está dentro del potencial cognitivo de un simio y que, posiblemente, pueda remontarse a nuestros antepasados evolutivos comunes.

“Es una de esas cosas que suponemos distintivas de nuestra especie”, afirmó Christopher Krupenye, científico cognitivo de la Universidad Johns Hopkins y autor del estudio.

“Este tipo de hallazgo nos demuestra realmente que la mente de estos animales es mucho más compleja de lo que la gente supone”, dijo.

Los investigadores sabían que los simios eran capaces de ciertos tipos de imaginación. Si un simio ve a alguien esconder comida en una taza, puede imaginar que la comida está ahí a pesar de no verla. Como esa percepción es la realidad —la comida está realmente allí—, requiere que el simio mantenga solo una visión del mundo, la que sabe que es verdadera.

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“Este tipo de trabajo va más allá”, señaló Krupenye. “Porque sugiere que pueden, al mismo tiempo, considerar múltiples visiones del mundo y distinguir realmente lo que es real de lo que es imaginario”.

Los bonobos, especie en peligro de extinción que solo se encuentra en el Congo, son difíciles de estudiar en estado salvaje. Para esta investigación, Krupenye y Amalia Bastos, científica cognitiva de la Universidad de St. Andrews, confiaron en una organización conocida como la Iniciativa Simio para estudiar a Kanzi, un bonobo macho famoso por demostrar cierta comprensión del inglés hablado. (Kanzi era un simio enculturado nacido en cautividad; murió el año pasado a los 44 años).

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El equipo de investigación creó tres escenarios experimentales para Kanzi que compararon con “fiestas del té”. El primero se inspiró en experimentos realizados en la década de 1980 que consistían en juegos imaginarios con niños. Mientras Kanzi observaba, un científico se sentó ante una mesita con dos tazas y una jarra vacías. A continuación, el investigador “vertió” un jugo imaginario en cada vaso, y luego volvió a verter uno de los vasos en la jarra.

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En ese momento, si Kanzi seguía de cerca los líquidos imaginarios, debería darse cuenta de que una taza aún contenía líquido y la otra estaba vacía. Y de hecho, cuando le preguntaron: “¿Dónde está el jugo?”, Kanzi señalaba el vaso que contenía líquido imaginario con más frecuencia de lo que cabría esperar por casualidad.

Aun así, los científicos se preguntaron, ¿y si Kanzi estaba confundido? En un segundo experimento, se presentaron de nuevo a Kanzi dos vasos: uno con jugo real y otro en el que se vertía jugo imaginario. Al preguntarle dónde estaba el jugo, Kanzi señaló el vaso con jugo real, de nuevo con más frecuencia de lo que dictaría el mero azar.

El tercer experimento reproducía el primero, salvo que consistía en transferir uvas imaginarias a dos cuencos y luego vaciar uno de ellos. En más de la mitad de los ensayos, Kanzi identificó con éxito la ubicación de las uvas imaginarias.

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“Es fascinante obtener pruebas tan claras de la imaginación”, aseguró Joseph Feldblum, antropólogo evolutivo de la Universidad de Duke que no participó en la investigación. “Estos experimentos revelan distintas capas y nos ayudan a comprender mucho mejor lo que ocurre realmente dentro de sus mentes”.

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En los humanos, la imaginación ofrece muchas ventajas. Los niños y los adultos pueden ensayar situaciones que podrían ocurrir antes de vivirlas, lo que nos prepara para la vida real sin el costo de equivocarnos.

Cabe suponer que los simios también podrían obtener ventajas al imaginar escenarios futuros más provechosos. “No quedarse atrapado en el aquí y ahora tiene muchas ventajas”, dijo Bastos, “porque puedes empezar a pensar en futuros alternativos”.

Algunos científicos vieron el estudio como una confirmación de lo que la observación natural ya les había hecho sospechar. Martin Surbeck, primatólogo de la Universidad de Harvard que no participó en la investigación, trabaja con una población de bonobos salvajes en el Congo. Ha visto a bonobos hembras jóvenes tomar un palo y colocárselo en la espalda, como si estuvieran jugando con un bebé.

Por sí solo, este comportamiento en la naturaleza no probaría necesariamente que los simios tienen la capacidad de imaginar, explicó Surbeck, pero este estudio era “una prueba más rigurosa del concepto de la existencia”.

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Quedan muchas preguntas por responder. ¿En qué circunstancias de selección natural adquirieron los bonobos la capacidad de imaginar?

“¿De dónde proviene?”, preguntó Surbeck. “¿Cómo evolucionó? ¿Por qué lo tienen los grandes simios y los humanos, suponiendo que los demás no lo tengan?”.

Puesto que son nuestros parientes evolutivos vivos más cercanos, los bonobos y los chimpancés ofrecen pistas sobre los orígenes de las habilidades humanas. Las tres especies compartieron un antepasado común que vivió hace unos 7 millones de años; los bonobos divergieron de los chimpancés hace entre 1 y 2 millones de años.

Los humanos no cayeron desde el cielo completamente formados, comentó Surbeck. “Seamos lo que seamos, venimos de alguna parte”, aseguró. “Y todos nuestros comportamientos tienen precursores. Y muy probablemente, la mayoría de estos precursores existen en nuestro pariente vivo más cercano”.

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Por Alexa Robles-Gil / The New York Times

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