El 2026 promete ser un año apasionante y muy excitante para la ciencia, especialmente para aquellos que sueñan mirando hacia el cielo.
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En la Luna, la NASA prepara Artemis II, que llevará a cuatro astronautas a orbitar nuestro satélite en un vuelo de aproximadamente diez días. Será la primera misión lunar tripulada desde la década de 1970 y servirá como preparación para futuros aterrizajes en la superficie lunar. Ojo, Artemis II no aterrizará en la Luna; su objetivo es probar en condiciones reales todos los sistemas de la nave Orion y del cohete SLS, incluyendo soporte vital, comunicaciones y navegación, antes de intentar un alunizaje en misiones posteriores que está planeando la agencia.
Pero eso no le quita importancia: desde la misión Apolo 17 en 1972, ninguna misión tripulada ha ido más allá de la órbita terrestre baja, que es donde se encuentran estaciones como la Estación Espacial Internacional. Por eso, Artemis II será histórica, al devolver a la humanidad a la órbita lunar y preparar el camino para futuros vuelos y posibles aterrizajes en la superficie del satélite.
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Paralelamente, China se prepara para lanzar la misión Chang’e‑7 hacia el polo sur lunar, una región repleta de cráteres y rocas que hace que el aterrizaje sea particularmente difícil. Algunos expertos y aficionados a la historia espacial ven en este avance un paralelo con la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética en la década de 1960, que culminó con la llegada del hombre a la Luna en 1969. En este caso, China se perfila como protagonista de esta nueva exploración.
La sonda Chang’e‑7 tiene como objetivos principales buscar hielo de agua, estudiar la geología y el terreno del polo sur lunar, y recopilar datos científicos que serán fundamentales para futuras misiones de exploración y, eventualmente, para la planificación de bases o presencia humana en la Luna. Además, y si logra aterrizar correctamente, permitirá comparar y complementar la información obtenida por misiones anteriores, como Chandrayaan‑3 de India, y ayudará a entender mejor los recursos y riesgos de esta zona todavía muy poco explorada de nuestro satélite.
No hay que olvidar que China se ha fijado el ambicioso objetivo de llevar astronautas a la Luna antes de 2030. Como parte de estos preparativos, en agosto de 2025 realizó la primera prueba en la Tierra de su módulo lunar tripulado, Lanyue, diseñado para simular el descenso y el ascenso desde la superficie lunar. Este módulo será fundamental para futuras misiones tripuladas, que funcionarán de manera funcionalmente similar a las misiones Apolo de Estados Unidos, incluyendo acoplamientos en órbita lunar y descenso a la superficie, aunque con sistemas y tecnologías propios. Si bien la misión aún depende de numerosos vuelos de prueba y desarrollos adicionales, China avanza paso a paso hacia la meta de un alunizaje.
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Mientras tanto, la India continúa su presencia en la Luna: la sonda Chandrayaan‑3, que en 2023 aterrizó con éxito cerca del polo sur lunar, ya cumplió parte de sus objetivos, aunque el módulo de superficie dejó de funcionar en las noches lunares.
La exploración de Marte también será protagonista en 2026. Japón prepara la misión MMX (Martian Moons eXploration), cuyo objetivo es visitar las lunas de Marte, Fobos y Deimos, recolectar muestras de Fobos y traerlas a la Tierra en 2031, un hito sin precedentes en la exploración de los satélites marcianos.
Fobos y Deimos, las dos pequeñas lunas de Marte, han fascinado a los científicos durante décadas debido a su tamaño irregular y a sus órbitas peculiares. Su origen sigue siendo un misterio, pero existen dos hipótesis principales: algunos investigadores creen que podrían ser fragmentos del propio Marte expulsados al espacio por un impacto gigante en los primeros momentos del sistema solar, mientras que otros sostienen que son asteroides capturados por la gravedad marciana. Ambas teorías encuentran respaldo en distintos aspectos de su composición y movimiento, y por eso estas lunas siguen siendo un objetivo muy importante para misiones como la japonesa. Entenderlas mejor ayudaría a reconstruir la historia temprana de Marte, conocer los procesos de formación y captura de lunas pequeñas, y ofrecer información clave sobre los recursos y riesgos que podrían enfrentar futuras misiones humanas o robóticas al sistema marciano.
Japón ha completado misiones similares con Hayabusa y Hayabusa2, y la segunda devolvió material del asteroide Ryugu a la Tierra en 2020 con éxito.
¿Y Europa se queda atrás? No. La Agencia Espacial Europea (ESA) planea lanzar hacia finales de 2026 el telescopio espacial PLATO (PLAnetary Transits and Oscillations of stars), diseñado para descubrir y estudiar exoplanetas similares a la Tierra. Este telescopio contará con 26 cámaras de alta precisión, que permitirán monitorear simultáneamente más de 200.000 estrellas brillantes en nuestra galaxia. Su principal objetivo será identificar planetas con tamaños y órbitas que podrían permitir la existencia de agua líquida en su superficie.
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Además de la búsqueda de exoplanetas, PLATO estudiará las oscilaciones de las estrellas, lo que permitirá conocer con exactitud su tamaño, edad y evolución. Esta información, creen los científicos, ayudará a determinar no solo la composición de los planetas descubiertos, sino también las condiciones de su entorno estelar, ofreciendo un panorama más completo de los sistemas planetarios.
Finalmente, la India sigue observando el Sol con su misión Aditya‑L1, ubicada en una órbita de halo alrededor del punto Lagrange L1, a aproximadamente 1,5 millones de kilómetros de la Tierra. La sonda monitorea la actividad solar, especialmente durante el máximo solar del ciclo de 11 años, estudiando manchas solares, erupciones y tormentas que impactan nuestro planeta.
Y como la cereza del pastel, 2026 traerá también un fenómeno que todos conocemos muy bien: un eclipse solar total. El próximo 12 de agosto, la Luna se interpondrá entre la Tierra y el Sol, ocultando completamente la luz solar en la estrecha franja de totalidad, que será visible en el norte de España, partes de Groenlandia, Islandia y el extremo norte de Rusia. En otras regiones de Europa, África, Asia y América del Norte, el eclipse se podrá observar de manera parcial. Se trata del primer eclipse solar total visible en algunas zonas de Europa desde 1999.
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Esto, además, es solo parte de lo planeado. Todos los años llegan con sus sorpresas científicas, hallazgos inesperados y descubrimientos que cambian nuestra comprensión del universo. Lo que parece claro es que durante 2026, la exploración espacial y la ciencia continuarán expandiendo los límites de lo posible.
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