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Este hombre murió hace 700 años con 160 fracturas. Científicos creen saber qué pasó

Un estudio sobre un esqueleto hallado en el castillo de Stirling, Escocia, encontró más de 160 fracturas que podrían ser la primera evidencia arqueológica de una persona alcanzada por un proyectil lanzado desde un trabuquete.

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20 de agosto de 2026 - 03:07 p. m.
El estudio analiza el esqueleto conocido como Skeleton 150, encontrado en el castillo de Stirling, en Escocia. /Holly Hayes
El estudio analiza el esqueleto conocido como Skeleton 150, encontrado en el castillo de Stirling, en Escocia. /Holly Hayes
Foto: Holly Hayes
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Un hombre de entre 22 y 34 años que vivió en 1304 presenta lesiones muy similares a las que tendría hoy una persona atropellada a alta velocidad por un carro. ¿Cómo es posible?

El hallazgo se presentó en la 25.ª reunión de la Asociación de Paleopatología, celebrada a principios de este mes en Berlín. Jo Buckberry, antropóloga biológica de la Universidad de Bradford en Bradford, Inglaterra, fue quien presentó el hallazgo. El estudio analiza el esqueleto conocido como Skeleton 150, encontrado en el castillo de Stirling, en Escocia, y plantea una hipótesis que califica como extraordinaria: que sus lesiones serían la primera evidencia arqueológica conocida de una persona que sufrió el impacto de un proyectil lanzado por un trabuquete, una enorme máquina de asedio utilizada en la Edad Media.

El contexto es el asedio de Stirling de 1304, durante las guerras de independencia de Escocia. La historia cuenta que en ese momento, el rey inglés Eduardo I atacó el castillo y empleó diferentes máquinas de guerra, entre ellas el famoso War Wolf, un trabuquete diseñado para lanzar grandes proyectiles contra las fortificaciones.

Los investigadores estudiaron los nueve esqueletos encontrados en el lugar para determinar si alguno presentaba lesiones relacionadas con ese episodio de violencia.

Uno de ellos, el ya nombrado Skeleton 150, resultó especialmente llamativo. Se trata de un hombre que tenía entre 22 y 34 años y cuyo esqueleto presentaba más de 160 fracturas. Las lesiones se extendían desde la parte superior del cráneo hasta las rodillas. Para estudiarlas con mayor precisión, los investigadores utilizaron radiografías, microscopía y tomografías micro-CT, además de examinar directamente los huesos. A partir de eso, los autores establecieron un par de cosas importantes. La primera es que las fracturas no parecen haber sido producidas mucho tiempo después de la muerte. Los investigadores las clasificaron como peri-mortem, es decir, lesiones producidas alrededor del momento de la muerte, cuando los huesos todavía tenían las características propias del tejido vivo.

Además, determinaron que se trataba fundamentalmente de traumatismos por fuerza contundente, no de heridas provocadas por espadas, lanzas u otras armas cortantes.

Lo más interesante, sin embargo, dijeron los autores, es la distribución de las fracturas. La mayor concentración de daño estaba alrededor del hombro derecho y la parte posterior del cráneo, donde también había una mayor fragmentación de los huesos. A partir de ese patrón, los investigadores creen que el hombre recibió un impacto único, extremadamente violento y de alta velocidad, como cuando hoy un carro atropella a una persona. El análisis también permite plantear cómo estaba situado el hombre en el momento del impacto. Los investigadores creen que probablemente estaba vivo, de pie, apoyando su peso sobre las piernas y con los antebrazos flexionados delante del cuerpo. Esa postura ayuda a explicar cómo se distribuyó la energía del golpe por el esqueleto. En otras palabras, el proyectil habría impactado una zona concreta del cuerpo, pero la fuerza del choque se habría transmitido a otras partes, produciendo el enorme número de fracturas.

Pero ¿por qué relacionan esto con un trabuquete? Porque el patrón de las lesiones es compatible con un objeto contundente que golpeó el cuerpo a gran velocidad, y porque el esqueleto procede de un lugar y un periodo en el que está documentado el uso de estas máquinas de asedio. Stirling estaba siendo atacado precisamente en 1304 por las fuerzas de Eduardo I, que utilizaron máquinas como el War Wolf. La combinación entre las características de las lesiones y el contexto histórico lleva a los investigadores a proponer que Skeleton 150 pudo haber sido alcanzado por uno de esos proyectiles.

Sin embargo, hay que mantener cierta cautela. El estudio no puede demostrar que el hombre haya sido golpeado específicamente por el War Wolf, ni siquiera puede establecer con absoluta certeza que el proyectil proviniera de un trabuquete. Por eso, los investigadores reconocen que existen pocos casos forenses modernos directamente comparables con este tipo de trauma. Su conclusión es que el patrón de lesiones es compatible con un impacto de alta velocidad producido por una máquina de asedio, y que constituye la primera evidencia arqueológica que apunta en esa dirección.

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