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¿Alguna vez ha experimentado algo paranormal? Quizá, que un mueble se haya corrido sin que nadie lo moviera, o escuchó sonidos en la tubería, el piso, las llaves o cualquier objeto sin tocarlo. Puede que no sea necesario creer en los fantasmas para validar estas experiencias. Un equipo de investigadores habría encontrado una razón que explicaría estos hechos.
De acuerdo con un reciente estudio, publicado en la revista científica Cortex, hay diversos factores ambientales y psicológicos que podrían estar asociados con sensaciones ligeramente anómalas. Pero además, también hay dos factores especiales: las fluctuaciones en el campo electromagnético (CEM) y la presencia de infrasonido.
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En palabras más sencillas, hay unas ondas acústicas con frecuencias inferiores a los 20 hercios, que están por debajo del umbral de audición humana, es decir, que son imperceptibles por nuestros oídos. Las vibraciones que emiten pueden ser detectadas por el cuerpo en forma de presión o incomodidad, y esto podría explicar las experiencias paranormales de acuerdo con los investigadores.
Para confirmarlo, el equipo puso en marcha el proyecto “Haunt”, en el que se intentó construir una habitación artificialmente “embrujada”. 79 personas (45 hombres y 34 mujeres) con una edad media de 32 años, debían permanecer 50 minutos en una una habitación blanca, silenciosa, redonda, fresca, con poca luz y sin rasgos distintivos.
38 voluntarios fueron expuestos a una situación convencional, sentados en una sala, escuchando música con distintos tonos emocionales. La otra mitad del grupo recibía simultáneamente una señal de infrasonido de 18 hercios emitida por subwoofers ocultos (unos altavoces especializados en reproducir frecuencias graves).
Antes y después de la prueba, los científicos analizaron sus niveles de cortisol (la hormona asociada al estrés) mediante muestras de saliva, además de recoger sus impresiones subjetivas.
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Antes de ingresar, el equipo les informó que durante este período podrían experimentar sensaciones anómalas y se les pidió que registraran en un plano su ubicación en el momento en que ocurrieron dichas sensaciones, junto con la hora de ocurrencia y una breve descripción de la misma.
Los participantes que estuvieron expuestos al infrasonido mostraron un aumento significativo del cortisol y reportaron mayor irritabilidad y menor interés durante la sesión. También tendieron a percibir la música como más triste en comparación con el grupo de control.
“Muchos de los participantes en este experimento informaron haber experimentado sensaciones anómalas leves. En este sentido, podemos afirmar que logramos cierto éxito en la creación de una habitación embrujada”, se lee en el estudio.
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