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El gobierno del presidente de la Espriella está considerando fusionar los ministerios de Educación y de Ciencia, Tecnología e Innovación. La propuesta tiene argumentos a favor y en contra. En un país con un grave déficit fiscal, revisar el tamaño y la eficiencia del Estado es necesario. Pero hay una pregunta más importante que la de cuántos ministerios necesitamos: ¿qué lugar queremos darle a la ciencia, la tecnología y la innovación en el desarrollo de Colombia?
Minciencias nació con la promesa de elevar la importancia de la investigación científica en las decisiones del Gobierno. Sin embargo, seis años después, es difícil afirmar que ese cambio institucional haya producido una transformación significativa. Colombia sigue invirtiendo alrededor del 0,3% de su PIB en investigación y desarrollo, una cifra muy inferior a la de los países desarrollados. Tampoco se observa un despegue sostenido de la innovación tecnológica o de las patentes de residentes colombianos.
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Los informes de gestión del Ministerio destacan proyectos financiados, investigadores apoyados y recursos comprometidos. Pero esos son indicadores de actividad, no necesariamente de impacto. Financiar una investigación no garantiza que produzca conocimiento relevante, ni aprobar proyectos con recursos de regalías significa que estos se ejecuten adecuadamente o generen los beneficios esperados. Necesitamos evaluar resultados, no celebrar presupuestos ejecutados.
¿Tiene sentido entonces fusionar los ministerios? Hay razones para considerarlo. Colombia enfrenta restricciones fiscales que obligan a eliminar duplicidades, compartir estructuras administrativas y utilizar mejor los recursos públicos. Además, una mayor articulación entre educación, investigación e innovación podría contribuir a fortalecer la formación de talento humano y la generación de conocimiento.
Pero también hay riesgos. El Ministerio de Educación administra un sector enorme, con necesidades urgentes de cobertura, calidad, infraestructura y financiación. En esa estructura, la ciencia podría terminar relegada. Aunque tampoco podemos desconocer que tener un ministerio propio no ha garantizado que la investigación sea protagonista de las políticas públicas.
Si se concreta la fusión, es indispensable crear, como mínimo, un Viceministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, con presupuesto identificado, capacidad de decisión y liderazgo especializado. Quien dirija el nuevo ministerio probablemente tendrá experiencia en educación, pero no necesariamente en ciencia e innovación. Por eso, el viceministerio debería estar encabezado por alguien con conocimiento profundo del sistema científico y tecnológico, experiencia de articulación con el sector productivo y capacidad de interlocución con el Gobierno. Sería un error reducir Minciencias a una dirección dentro del Viceministerio de Educación Superior.
Y es que Minciencias no existe solamente para relacionarse con las universidades. Su misión incluye promover la innovación empresarial, el desarrollo tecnológico y la productividad. En las economías avanzadas, una proporción importante de los doctores trabaja en empresas, desarrollando productos, procesos y tecnologías. En Colombia seguimos asociando el doctorado principalmente con la academia, desaprovechando su potencial productivo.
El problema de fondo es que nuestros gobiernos, independientemente de su orientación política, no han convertido la ciencia y la innovación en prioridades estratégicas. Y como sociedad tampoco hemos comprendido suficientemente su potencial para generar crecimiento económico, empleos de calidad y bienestar. Seguimos discutiendo cómo distribuir la riqueza, pero prestamos mucha menos atención a cómo producir más riqueza mediante conocimiento, tecnología y productividad.
La discusión no debería reducirse a defender un ministerio por su nombre o a eliminarlo para mostrar austeridad. Colombia necesita una estrategia de ciencia, tecnología e innovación con prioridades claras, financiación suficiente y estable, incentivos para que las empresas investiguen e innoven, y evaluaciones rigurosas de impacto. Y necesita algo que ninguna reforma administrativa puede garantizar: una persona al frente, con capacidad técnica, liderazgo transformador e influencia real en las decisiones del Gobierno.
La ciencia no será una prioridad porque tenga ministerio propio, ni dejará de serlo necesariamente porque se fusione con Educación. Será una prioridad cuando exista voluntad política para convertir el conocimiento en uno de los motores del desarrollo del país.
*Decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana
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