15 Apr 2017 - 8:13 p. m.

Las momias más antiguas del mundo pasan por un proceso de realidad aumentada

Dos mil años antes que los egipcios, la cultura de los Chinchorro, una civilización precolombina mucho menos conocida de pescadores recolectores que vivieron entre el norte de Chile y el sur de Perú, llevó a cabo las primeras momificaciones de las que se tiene historia. Algunos de los cuerpos pasarán por un escáner para saber más sobre la edad, enfermedades que padecieron y su proceso de momificación.

AGENCIA SINC

Chile quiere que los sitios arqueológicos de las momias de Chinchorro sean reconocidos como patrimonio Mundial de la Humanidad.  / MNHN
Chile quiere que los sitios arqueológicos de las momias de Chinchorro sean reconocidos como patrimonio Mundial de la Humanidad. / MNHN

No sabemos cuántos ejemplares existen, pero se calculan que podrían ser más de 300. Tampoco sabemos por qué momificaban a sus muertos, solo que el primer ejemplar encontrado data del año 5.000 a.c. y pertenece a un niño de cuatro años de edad al morir. Es la momia más antigua de la que existe registro en el mundo.

La cultura de los Chinchorro, un grupo de pescadores recolectores ubicado en Atacama, el desierto más árido del mundo entre el norte de Chile y el sur de Perú, es una de las más complejas en cuanto a su relación con la muerte. Considerados los primeros tanatólogos de la historia porque trabajaban sobre el cuerpo humano y lo transformaban en auténticas esculturas. Todo lo que sabemos de su cosmovisión y creencias se basa en conjeturas e hipótesis y en muy pocas certezas, al no existir ningún registro escrito.

Al contrario que los egipcios, que solo momificaban a las altas jerarquías, los Chinchorro parecían hacerlo de manera más democrática. Cada una de las momias presenta rasgos, materiales y características diferentes, lo que sugiere una tradición familiar.

A mediados de diciembre de 2016, 15 de las 158 Chinchorro de la colección no expuesta del Museo Nacional de Historia Natural de Chile (MNHN) se sometieron a uno de los escáneres más sofisticados del momento para estudiar aspectos hasta ahora inaccesibles y tratar de resolver algunas de esas incógnitas: edad, enfermedades que padecieron y proceso de momificación.

El escáner introducirá a las momias en la realidad aumentada con el objeto de realizar una reconstrucción facial de un hombre y una mujer para mostrar por primera vez cómo lucían los antepasados de los chilenos; y también de una impresión 3D que facilite el trabajo de los científicos y permita la exposición de los cuerpos sin dañar su preservación.

Se pretende así arrojar luz sobre una civilización con una compleja emocionalidad y cosmovisión en torno a la vida y la muerte y cuyo culto mortuorio está lleno de enigmas.

¿Demasiados bebés muertos?

Bernardo Arriaza, director del Laboratorio de Bioarqueología del Instituto de Alta Investigación (IAI) de la Universidad de Taracapá, al norte de Chile, especula que las momias surgieron como una forma de lidiar con el duelo de tantos bebés perdidos, y que de ahí la tradición podría haberse extendido a los adultos. Las momias pudieron surgir para lidiar con el duelo de los bebés perdidos por culpa del arsénico endémico del valle.

“La tradición comienza gradualmente en Camarones. Las primeras no son muy complejas, se trata de emplasto de barro, palitos y unas fibras vegetales”, explica Bernardo Arriaza, el mayor experto en esta cultura. “200 años después, en otro sitio arqueológico llamado Camarones 17, la momificación se vuelve más compleja y 800 años más tarde estamos ya ante trabajo de expertos”, señala.

“La mayoría de la gente conoce cómo fue el proceso de momificación en Egipto: evisceraban el cuerpo a través de incisiones, extraían el cerebro a través de la nariz y disecaban con natrón. Sin embargo, en el caso de los Chinchorro, se trata de un proceso incluso más complejo”, explica a Sinc Verónica Silva, investigadora del Área de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural de Chile, a cargo del proyecto de los escáneres.

Lo primero que se extraía era la piel. Después se evisceraba el cuerpo, se sacaba toda la musculatura y se dejaba solo el esqueleto, en torno al cual se reconstruía el cuerpo de formas muy variadas. Hay desde algunos ejemplares hechos con arcilla hasta otros completamente rellenos con vegetales, plantas y fibras que cubren longitudinalmente el esqueleto, otorgando volumen al conjunto.

Una vez finalizado el cuerpo, volvían a poner la piel del muerto, que a su vez podía tener distintas cubiertas de arcilla o fibras de algodón. A veces se pintaban de rojo o negro, otras no. No hay patrones ni reglas.

“El proceso de momificación es muy íntimo, y es la propia familia la que va poniendo sus propias aportes tecnológicos y artísticos al elaborar los cuerpos, que son transformados en auténticas esculturas, en obras de arte”, señala Silva. 

Momias negras y rojas

Los científicos encontraron varios tipos de momias, entre ellas, unas de color rojo y negro que se diferenciaban en el proceso de vaciado del esqueleto, que en el caso de las rojas era más similar al egipcio. “En vez de sacar la piel y descarnar el cuerpo para dejar solo el esqueleto, hacían incisiones y a través de ellas iban sacando todo el tejido blando, dejando la piel por fuera. Este proceso es muy complejo porque significa que a través de las incisiones tienes que cortar los músculos y extraerlos”, explica la antropóloga. “Y de ahí el rellenado, un trabajo meticuloso que podía llevar semanas enteras”, señala.

“El preparador fúnebre sabe dónde van los huesos, cómo articularlos, cómo amarrarlos, cómo cortar y cómo cercenar. Es experto”, explica Arriaza

En cualquier caso todos los expertos destacan el conocimiento anatómico que poseía esta cultura antigua. “Me asombra que en todos estos cuerpos que han sido modificados y transformados siempre encontramos todos los huesos en su posición anatómica correcta, no hay mezcla de un individuo con otro. El preparador fúnebre sabe lo que está haciendo, dónde van los huesos, cómo articularlos, cómo amarrarlos, cómo cortar y cómo cercenar. Es experto”, explica Arriaza.

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