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¿Le gustaría tocar el fósil de un dinosaurio? Ahora, puede hacerlo en Bogotá

Desde principios de marzo está abierta en Bogotá una exposición que reúne fósiles que muestran la enorme riqueza paleontológica de Colombia. En un esfuerzo por unir la ciencia y el arte, investigadores reunieron especímenes como el del Perijasaurus lapaz, la segunda especie de dinosaurio de origen colombiano, para que todos puedan observarlos y, en ciertos casos, tocarlos.

Fernán Fortich

09 de marzo de 2026 - 05:08 p. m.
En La Guajira, en la zona de operaciones de Cerrejón, se han encontrado fósiles de tortugas gigantes.
Foto: Cortesía
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En las próximas semanas, las personas que pasen por la avenida Jiménez, cerca al Museo del Oro en el centro de Bogotá, podrán ver en el pedestal de la plazoleta de la Universidad del Rosario —el espacio en donde fue derribada una estatua de Gonzalo Jiménez de Quesada durante el paro nacional de 2021— una escultura de un Perijasaurus lapaz, un dinosaurio herbívoro de cabeza pequeña y cuello largo. La obra representa la reconstrucción de un fósil que fue hallado en la Serranía de Perijá, en el departamento del Cesar, y constituye la segunda especie de dinosaurio de origen colombiano.

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Esta escena es uno de los puntos más visibles de la exposición Ecos de Gigantes, que está abierta de manera gratuita en la capital del país desde principios de marzo. Su objetivo es acercar la paleontología a todos los visitantes. Incluso, les ofrece una oportunidad que pocas veces puede tener un ciudadano que no esté relacionado con esta ciencia: tocar un fósil.

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“Está demostrado que los fósiles no se van a dañar con el tacto humano. Es la posibilidad de acercar a las personas a estos objetos. Como científicos tenemos la responsabilidad de no ser los únicos que vemos los descubrimientos, sino que es algo a lo que todos deberían tener acceso”, cuenta Edwin Cadena, paleontólogo e investigador de la U. del Rosario y uno de los creadores de la exposición.

Después de todo, como señala Cadena, en Colombia apenas se conoce alrededor del 20 % de la riqueza fósil del país. Y uno de los lugares privilegiados para hacerlo es el desierto del departamento de La Guajira.

La ventana guajira

La zona donde están ubicadas las operaciones de Cerrejón, hace unos 60 millones de años, no era árida y desértica, sino una selva tropical pantanosa atravesada por ríos, donde vegetación exuberante se acumulaba en ambientes con poco oxígeno. Con el paso de millones de años, esa materia orgánica quedó enterrada por sedimentos, se comprimió y terminó transformándose en los mantos de carbón.

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Por ese motivo, hoy en ese lugar, donde está una de las minas a cielo abierto más grandes del mundo, hay zonas con alto potencial paleontológico, que la compañía se ha encargado de evaluar. A través de alianzas con investigadores de universidades como la del Rosario, se han logrado estudios en Cerrejón, donde se han recuperado más de 2.190 fósiles de hojas megafósiles —que pueden ser observados sin utilizar un microscopio— de unos 58 millones de años.

Uno de los ejemplos más populares es el de la Titanoboa cerrejonensis, hallada en 2005 en las rocas del Cerrejón, por Cadena, precisamente. Esa serpiente gigante, que podía tener hasta 15 metros de largo, habitó ese territorio hace unos sesenta millones de años.

“Nosotros realizamos estudios del suelo como parte de nuestras operaciones, y en esos ejercicios podemos detectar zonas donde hay arcillas, que son suelos que preservan hojas y fósiles de diversos tamaños. En contraste, en zonas donde hay arenisca, sabemos que la probabilidad de hallarlos es baja”, explica Pablo Lozano, gerente de responsabilidad social y ambiental de Cerrejón, mientras apunta a una estantería con una serie de muestras de la exposición.

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Uno de los objetivos de la exposición es mostrar algunos de estos fósiles hallados en los últimos años en Colombia, en La Guajira y en otras zonas de Colombia. “Las especies aquí presentadas —como la Carbonemys cofrinii, una tortuga gigante extinta conocida del Paleoceno Medio de Cerrejón— permiten comprender cómo era la biodiversidad del Paleoceno y el Cretácico, y por qué el territorio colombiano ocupa un lugar estratégico en la investigación científica internacional”, expresó la U. del Rosario, a través de un comunicado.

La máquina del tiempo

Justo en la mitad de la exposición, que consiste en un pasillo, se encuentra otra escultura. Se trata de una representación de un cocodrilo de más de cinco metros de longitud y encarna el que sería uno de los fósiles descubiertos en Colombia más importantes en los últimos años.

Una de las reconstrucciones de fósiles que se muestran en la exposición.
Foto: Cortesía

“Este es un titanosaurio, un orden extinto de saurópsidos reptiles. Durante gran parte del Jurásico y el Cretácico los cocodrilos se adaptaron al mar, y este es un bonito ejemplo de ello. Este fue hallado en Zapatoca (Santander)”, expresa Cadena.

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El investigador cuenta que, junto con otros científicos, están terminando una publicación en torno a la descripción de este espécimen de esta especie que tendría más de 135 millones de años y podría ser “uno de los cocodrilos más grandes de este grupo que se ha encontrado en todo el planeta”, sostiene. “Su tamaño muestra cómo, básicamente, estamos encontrando gigantes en nuestro país”.

Para mostrar al público cómo eran estas especies, los investigadores trabajaron con el paleontólogo aficionado y artista Byron Benitez, quien construyó réplicas con información proporcionada por estudios previos.

Uno de los elementos que llama la atención de estas esculturas es el color que tienen las especies de la exposición. “Para los colores, lo que hacemos es usar los representantes actuales más cercanos, en este caso, cocodrilos, incluso aquellos que tienen alguna adaptación marina. Pero también mostramos otros detalles, como lo que ocurría en la parte baja de sus cuerpos, donde tenían otro tipo de piel que no estaba expuesta al sol. Los visitantes pueden ver, además, detalles en los ojos y en la lengua”, sostiene Cadena, de la U. del Rosario. “Es un trabajo entre ciencia y arte”.

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Cerca de esta reconstrucción, está colgada, a dos metros de altura sobre el suelo, la reconstrucción de un fósil de un pterosaurio que surcó los cielos de lo que hoy es Santander hace 135 millones de años. Tenía entre cuatro y cinco metros de longitud.

“Se ha descubierto que este espécimen tenía una adaptación al vuelo prolongado y la captura de presas acuáticas, como peces y crustáceos. Además, su locomoción terrestre era limitada. El registro fósil de esta especie es escaso en Colombia, lo que lo convierte en una evidencia relevante para comprender la distribución de estos reptiles voladores en el norte de Suramérica”, precisa la Universidad del Rosario.

La exposición también tiene una galería lineal en la que las especies expuestas van disminuyendo de tamaño. Con ello busca comparar los hallazgos fósiles con los realizados por la arqueología, que estudia vestigios humanos.

“Para empezar, la arqueología trabaja en capas de suelo mucho más superficiales que aquellas en las que se encuentran fósiles, en las que se trabajan amplios periodos de tiempo. A esto se suma que la remoción de las capas de tierra es mucho más fina y detallada cuando buscan restos humanos o de actividad de personas”, explica Lozano, de Cerrejón.

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Los organizadores de la exposición aceptan que, a pesar de estar pasando por una época de muchos descubrimientos en el país, existen retos para la conservación de los fósiles en Colombia. “Partiendo del hecho de que nosotros lo hacemos de manera voluntaria, pues en Colombia no es obligatorio detener actividades por hallazgos paleontológicos, diferente de lo que ocurre con aquellos con los arqueológicos”, precisa Lozano.

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Para Cadena, que tiene pensado realizar más investigación en La Guajira en los próximos meses, “siempre existe el reto de cómo hacemos que estas investigaciones sean sostenibles en el tiempo, y creo que parte de esto es posicionarla en el país, mostrar que vale la pena traer historias del pasado”.

Uno de los llamados que hace Cadena es a que el Estado también se vincule a estos esfuerzos de investigación y divulgación. Desde hace años, por ejemplo, en el sector se habla de la necesidad de crear un museo de historia natural en Colombia, con el objetivo de contar con un espacio permanente donde aprender sobre evolución, biodiversidad y fósiles.

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Por Fernán Fortich

Periodista con enfoque en temas ambientales, posthumanistas y sociales.@fernanfortichrffortich@elespectador.com
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