
/Toan Trinh, MIT Technology Review
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En las últimas horas se conoció que Margaret Hamilton murió el pasado 30 de septiembre, a los 90 años.
Hamilton fue una pionera de la informática y una de las figuras más importantes en el desarrollo del software que hizo posible el programa Apolo de la NASA, que llevó a los humanos por primera vez a la Luna. Entre las décadas de 1960 y 1970, lideró la División de Ingeniería de Software del Laboratorio de Instrumentación del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), una de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos.
Desde allí dirigió al equipo encargado de desarrollar el software de vuelo de las misiones Apolo, incluido el que permitió a la tripulación del Apolo 11 llegar a la Luna y aterrizar en su superficie en 1969. Su trabajo fue especialmente importante, recuerda el MIT, porque, en aquella época, el software todavía no se consideraba una disciplina de ingeniería consolidada. Hamilton ayudó a cambiar esa percepción y fue una de las personas que impulsaron el reconocimiento de la ingeniería de software como un campo propio. A lo largo de su carrera publicó más de 130 trabajos y recibió numerosos reconocimientos, entre ellos la Medalla Presidencial de la Libertad, que recibió en 2016 de manos del entonces presidente Barack Obama.
En su mención, Obama declaró: "Hamilton definió nuevas formas de ingeniería de software y contribuyó al surgimiento de una industria que transformaría para siempre la historia de la humanidad. Su arquitectura de software propició avances trascendentales para la humanidad, al escribir el código que permitió a Estados Unidos pisar la luna". Nacida en Indiana en 1936, Hamilton estudió matemáticas y se mudó a Boston en 1959. Poco después comenzó a trabajar en el MIT, primero en el área de meteorología, donde tuvo su primer contacto con la programación y colaboró con el científico Edward N. Lorenz.

En 1961 se incorporó al Laboratorio Lincoln del MIT y trabajó en SAGE, uno de los primeros sistemas de defensa aérea computarizados de Estados Unidos. Allí empezó a interesarse por la fiabilidad del software, un concepto todavía poco explorado. En 1965 llegó al Laboratorio de Instrumentación del MIT para participar en el desarrollo del software de vuelo del programa Apolo. Para 1968, más de 400 personas trabajaban bajo su liderazgo.
"Decir que Margaret Hamilton fue una pionera, decir que se adelantó a su tiempo, sería quedarse corto. Era ingeniera de software en una época en que ese campo estaba en sus inicios, y no solo desarrolló código avanzado, sino que también lideró un equipo que utilizó esa tecnología naciente para desarrollar uno de los sistemas más complejos que la humanidad jamás haya logrado", señaló Olivier de Weck, profesor del Programa Apolo y director interino del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica del MIT.
“Desde mi perspectiva, la experiencia del software en sí (diseñarlo, desarrollarlo, evolucionarlo, observar su rendimiento y aprender de él para futuros sistemas) fue al menos tan emocionante como los acontecimientos que rodearon la misión”, declaró Hamilton a MIT News en 2009.
“No había una segunda oportunidad. Lo sabíamos. Nos tomábamos nuestro trabajo muy en serio; muchos de nosotros comenzamos este camino cuando aún no habíamos cumplido los treinta. Encontrar soluciones e ideas nuevas era toda una aventura".
"La dedicación y el compromiso eran imprescindibles. El respeto mutuo era generalizado. Dado que el software era un misterio, una caja negra, la alta dirección nos dio total libertad y confianza. Teníamos que encontrar una solución, y la encontramos. Mirando hacia atrás, fuimos las personas más afortunadas del mundo; no nos quedaba otra opción que ser pioneros”.
"El error de Lauren"
En su memorial, el MIT recuerda uno de los hechos que mostraron el carácter de Hamilton en su trabajo. La Universidad cuenta que en una ocasión, la matemática estaba trabajando en su casa cuando su hija, por accidente, activó en un simulador de vuelo un programa llamado P01, lo que provocó que se estrellara. La científica entendió que algo así podía ocurrir en la realidad y propuso una modificación del software para evitar que el error ocurriera durante una misión real. Sin embargo, su propuesta fue rechazada porque se creía que los astronautas estaban demasiado preparados para cometer ese error.
Años después, durante la misión Apolo 8 en 1968, lo que Hamilton había advertido, pasó. El MIT recuerda que Jim Lovell lanzó inadvertidamente el P01 durante el vuelo, lo que provocó la pérdida de los datos de navegación. Solo hasta después, llamaron a Hamilton y a su equipo para solucionar el error. El episodio se convirtió en un ejemplo temprano de programación "defensiva", la práctica de desarrollar software capaz de anticipar o corregir errores.
El MIT señala que el aporte más famoso de la mujer al programa Apolo se produjo durante la crucial misión Apolo 11 para alunizar en julio de 1969. La institución cuenta que instantes antes de que el módulo Eagle aterrizara en la superficie lunar, la computadora dio una alarma. Había detectado un error 1202: la computadora estaba sobrecargada, y era posible que el sistema no pudiera manejar el complejo procedimiento de aterrizaje. Pero Hamilton y su equipo habían diseñado un software basado en prioridades, capaz de desactivar tareas en segundo plano innecesarias para priorizar las tareas críticas.
"Houston confió en el software de Hamilton y permitió que la misión siguiera adelante, y dos hombres caminaron sobre la luna por primera vez".
Entre sus numerosos premios y distinciones, Hamilton fue reconocida con el Premio a la Ley Espacial Excepcional de la NASA por sus contribuciones científicas y técnicas en 2003; el Premio de Miembro del Museo de Historia de la Computación en 2017; el Premio Intrepid a la Trayectoria Profesional en 2019; y su ingreso al Salón Nacional de la Fama de la Aviación en 2022.
Hamilton también es recordada por una fotografía de 1969 en la que aparece junto a una pila de códigos del software del Apolo que, según la documentación del MIT, ella y su equipo habían desarrollado. La imagen terminó convirtiéndose en uno de los símbolos de la participación de las mujeres en la historia de la informática y la exploración espacial. En 2015, el software del programa Apolo que ayudó a desarrollar se añadió íntegramente a GitHub, la plataforma para compartir código. Y en 2017, se convirtió en una minifigura oficial de Lego después de que un set diseñado originalmente por la divulgadora científica del MIT, Maia Weinstock, en su honor y el de otras mujeres importantes en la historia de la NASA, saliera a la venta en todo el mundo.
Su legado, más allá de Apolo
Pero el trabajo en las misiones Apolo no fue el único legado de Margaret Hamilton. El MIT recuerda que a medida que las misiones cumplieron su propósito y terminaron, la División de Ingeniería de Software que se había creado para ellas pasó a convertirse en el Laboratorio Draper, una institución independiente.
"Margaret dejó una huella imborrable en Draper, y le estaremos eternamente agradecidos", afirma, citado en una nota de prensa del MIT, Jerry M. Wohletz, presidente y director ejecutivo de Draper. "Gracias a su liderazgo y sus contribuciones al desarrollo del software de vuelo a bordo del ordenador de guía del programa Apolo de la NASA, ayudó a garantizar que los astronautas del Apolo aterrizaran sanos y salvos en la superficie lunar y regresaran a casa sin contratiempos. Honraremos su legado en Draper para siempre". En 1976 fundó su primera empresa de software, Higher Order Software, y una década después creó Hamilton Technologies, dedicada a mejorar la planificación y el desarrollo de sistemas complejos.
Su trabajo contribuyó también a consolidar la ingeniería de software como una disciplina especializada.
"Luché por legitimar el software para que tanto este como quienes lo desarrollaban recibieran el respeto que merecían, y así comencé a usar el término "ingeniería de software" para distinguirlo del hardware y otros tipos de ingeniería, aunque considerando cada tipo de ingeniería como parte del proceso general de ingeniería de sistemas», declaró Hamilton a El País en 2018.
"Cuando empecé a usar esta frase, se consideraba bastante graciosa. Fue una broma recurrente durante mucho tiempo. Les gustaba burlarse de mis ideas radicales. El software, con el tiempo y de forma inevitable, obtuvo el mismo respeto que cualquier otra disciplina".
“Margaret Hamilton ha sido una fuente de inspiración para generaciones de informáticos e ingenieros. Su trayectoria profesional estuvo dedicada a prevenir errores y a lo que ella llamaba ‘manejar lo desconocido’”, afirma de Weck, profesor del Programa Apolo y director interino del Departamento de Aeronáutica y Astronáutica del MIT. “Encarnó el liderazgo con el ejemplo y estableció una práctica de ingeniería de software basada en la resolución de problemas y la ingeniería de sistemas de la que todos nos beneficiamos”.
A Hamilton le sobreviven su hija, Lauren Hamilton; su yerno, Richard Selesnick; dos nietos; cuatro bisnietos; y sus hermanos John, David y Kathryn.
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Melmalo(21794)•Hace 6 horasUna persona muy valiosa para la humanidad,DEP.