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De acuerdo con la información de la OECD para el periodo 2023-2024, Colombia invirtió 27 dólares por habitante por año en investigación y desarrollo, Estados Unidos 2850, Singapur 2620, Alemania 1970, España 850 y Brasil 180.
Esta diferencia tan abismal de inversión en investigación y desarrollo nos muestra que esos países entienden que la ciencia no es un gasto sino una inversión social, para el progreso de sus sociedades, para generar empleo y reducir la inequidad. Y al mismo tiempo, entienden que esa inversión es una fábrica de capital.
Es muy importante tener presente que ningún país se ha desarrollado importando ciencia. A los países desarrollados no les interesa que nosotros hagamos ciencia que conduzca a productos con innovaciones disruptivas que sean competitivos en los mercados internacionales; cada país tiene que desarrollar su propio conocimiento. Como lo vemos todos los días en las noticias, los países desarrollados nos venden la tecnología, ya empaquetada, máquinas con licencias y obsolescencia ya programada. Por esta razón es muy difícil crear productos de alto valor agregado que lleguen a ser competitivos. Esto explica por qué, cuando se intenta tener una industria sin ciencia de soporte, lo que terminamos haciendo es ensamblar productos desarrollados en otros países con tres o más años de retraso tecnológico.
Gran parte de los problemas que hoy tiene Colombia son originados en la enorme inequidad social. Es una desigualdad injusta y evitable, que se puede corregir con políticas públicas que apoyen con conocimiento a las Mipymes que forman el 90% de nuestro tejido empresarial y generan el 80% del empleo. Sin embargo, no es justo pedirle a una Mipyme que sea competitiva internacionalmente en un mundo de inteligencia artificial, biotecnología y nuevos materiales si no le damos el ecosistema científico que le permita absorber, adaptar y crear tecnología. Por ejemplo, no podemos competir con productos desarrollados en Corea cuando nuestro sistema de ciencia y tecnología es de los más pobres del mundo. Hace más de 50 años Alemania creó los institutos Fraunhofer, con científicos y profesionales altamente calificados, con la única misión de apoyar con conocimiento a las Mipymes alemanas. Igual política empleó Corea a través de sus institutos de investigación con la obligación de transferir tecnología a sus Mipymes, en caso de no hacerlo se suspendía el apoyo del gobierno. China estableció políticas para conectar las Mipymes con parques de ciencia y tecnología y con los institutos nacionales de investigación, en otras palabras, una Mipyme sin conocimiento no puede competir, únicamente puede sobrevivir, que es lo que nos ocurre en Colombia.
Colombia debe aprovechar que existe un Ministerio de Ciencia y Tecnología para que cumpla la función para la cual fue creado, esto es, trazar políticas para el desarrollo del país a largo plazo (10 o más años), a través de misiones bien definidas y vigilar para que la ciencia llegue a las Mipymes. La estructuración y desarrollo de misiones deben ser función de una agencia ejecutora. Esta es una unidad propuesta por la misión de sabios del 2019 que hasta hoy no ha sido creada, y por eso Minciencias hace todo: formula las políticas, abre convocatorias, evalúa, contrata interventoría, paga, liquida, el resultado. Ojalá que el gobierno que está iniciando le un norte claro a la ciencia y la tecnología.
*Profesor Emérito Universidad de Antioquia, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas Físicas y Naturales.
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