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Quienes tienen perros y gatos domésticos como mascotas saben que hay una diferencia evidente en la manera como se alimentan. Mientras los perros suelen comer grandes cantidades de alimento cuando está disponible, los gatos distribuyen su ingesta en pequeñas porciones a lo largo del día. Los científicos creen que son comportamientos que reflejan los orígenes evolutivos de estos animales: los primeros, adoptaron esos patrones de su ancestro el lobo (Canis lupus), y los segundos del gato montés africano (Felis silvestris lybica), que captura presas pequeñas en un día.
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Pero, como escribe un grupo de investigadores en un artículo que acaba de ser publicado en la revista Physiology & Behavior (de donde tomamos el contexto del párrafo anterior), aún quedan dudas por resolver para entender por qué los gatos tienen ese comportamiento tan particular. Aseguran que no puede explicarse, únicamente, por la saciedad, sino que hay otros factores internos como la “demanda de energía, la regulación de la glucosa y la retroalimentación gastrointestinal”.
Sin embargo, señalan, lo cierto es que es un patrón muy poco comprendido, pues creen que hay otros factores externos como el olor que perciben los gatos a su alrededor. ¿Qué tanto incide ese elemento para que estos felinos dejen a un lado su plato de comida? ¿Se habitúan al alimento que reciben de sus dueños después de un tiempo y por eso optan por no alimentarse de forma más asidua?
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Para contestar esas preguntas, el equipo de autores, liderado por Takumi Takahashi, de la Universidad de Iwate, en Japón, llevó a cabo un experimento con doce gatos domésticos sanos, que tenían entre 3 y 15 años de edad. Aunque es una muestra pequeña, da algunas pistas sobre los motivos de ese hábito en los gatos y sugiere algunas soluciones.
Lo que hizo el grupo de investigadores fue poner a esos gatos en jaulas, bajo condiciones controladas de luz y temperatura. Luego, los sometieron a un ayuno de 16 horas, tras el cual les daban seis platos de comida con una ración moderada, uno cada diez minutos.
Cuando los autores les presentaban los platos con el mismo producto (compraron seis tipos de alimento para gatos), los animales cada vez comían menos. Sin embargo, en el momento en el que les cambiaban la comida, volvían a alimentarse con más avidez.
Eso sucedió, incluso, cuando les presentaron a los gatos cinco platos con comida, seguido del alimento que podría ser considerado como el menos “apetitoso”. Cuando se los daban, su interés por volver a comer se renovaba de nuevo.
Los científicos hicieron diversas variaciones con todos los alimentos. Por ejemplo, a veces les dieron el mismo “alimento A” en los seis ciclos; en otros, el “alimento F” o el “alimento C”. En otras oportunidades, cambiaron el tipo de alimento, combinaron dos alimentos en un mismo plato, o usaron un recipiente con perforaciones que les permitía comer del “alimento A”, pero oler, al mismo tiempo, el “alimento F”, al cual no podían acceder.
Sin entrar en más detalles sobre todas las variaciones que llevaron a cabo y el posterior análisis estadístico que realizaron, los autores creen que sus resultados son la muestra de que el factor olfativo es completamente determinante en la alimentación de estos felinos. Incluso más que la saciedad que puedan sentir al comer lo “suficiente”.
“Al ofrecerles repetidamente el mismo alimento, los gatos redujeron gradualmente su ingesta, incluso tras un ayuno nocturno. Sin embargo, la introducción de un alimento nuevo, o incluso su olor, aumentó temporalmente su consumo, mientras que la exposición continua al mismo olor entre ciclos de alimentación redujo la ingesta posterior. Estos hallazgos sugieren firmemente que la habituación olfativa al mismo olor desempeña un papel clave en la reducción de la motivación para alimentarse en los gatos”, escriben en el artículo publicado en Physiology & Behavior.
“Basándonos en informes de otras especies para interpretar nuestros hallazgos conductuales”, señalan en otro apartado, “creemos que, aunque no medimos la actividad neuronal en gatos, la habituación olfativa puede activar circuitos conservados de recompensa y alimentación hipotalámica, contribuyendo así a las reducciones a corto plazo en la motivación para alimentarse observadas aquí”.
En otras palabras, ese trabajo parece indicar que los gatos suelen “aburrirse” con frecuencia de su alimento, al percibir el mismo olor de manera repetida. Los perros, apuntan, son el caso opuesto, pues mantienen la motivación para alimentarse incluso cuando se exponen de forma repetida al mismo alimento o a su olor.
“Estos hallazgos sugieren que los gatos, a diferencia de los perros, exhiben una fuerte habituación olfativa y son altamente sensibles a la novedad sensorial”, explican.
Para los autores, los hallazgos pueden ser útiles para quienes tengan gatos que deban mantener el apetito durante, por ejemplo, períodos de enfermedad, pues controlando la exposición al olor podrán alimentarlos. También son útiles en los casos en que se necesite limitar la alimentación.
Su trabajo, aclaran, fue aprobado por Comité de Investigación Animal de la Universidad de Iwate, en Japón.
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