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¿Por qué algunas madres chimpancés llevan consigo a sus crías muertas durante meses?

Un nuevo estudio analiza las causas de que se registren casos de transporte de crías muertas hasta por periodos superiores a los 120 días. Según los investigadores, el nuevo análisis permite reconstruir la evolución de las respuestas humanas ante la muerte y la cognición relacionada con ella.

17 de septiembre de 2026 – 05:45 p. m.
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Los chimpancés, junto con los bonobo, son nuestros parientes más cercanos.
Foto: EFE/EPA/HUGH KINSELLA CUNNINGHAM

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En el campo científico hay una disciplina que se conoce como la tanatología, que, de manera resumida, estudia el fenómeno de la muerte y, en particular, el manejo del dolor emocional ante pérdidas significativas en los animales.

Y uno de los grupos, debido a su cercanía con los seres humanos, en los que más se han estudiado estos procesos, son los primates, en particular los chimpancés y los bonobos. Uno de los comportamientos que más ha llamado la atención de los científicos en estas especies es lo que se conoce como el transporte de crías muertas (ICC, por sus siglas en inglés).

Como se ha documentado en varios estudios, el ICC puede extenderse durante días e incluso por semanas enteras. Si bien se han postulado varias explicaciones de este comportamiento, sus causas siguen siendo investigadas por la ciencia.

Ahora, una investigación de la Universidad de Oxford y publicada en la revista Biology Letters ofrece la explicación más precisa que se tiene para la fecha sobre este comportamiento. Según las autoras del estudio, los hallazgos también ofrecen una mirada que permite reconstruir la evolución de las respuestas humanas ante la muerte y la cognición relacionada con ella.

En concreto, la investigación encontró que los infantes involucrados en ICC eran mucho mayores en el momento de su muerte, “y, por lo tanto, más unidos a su madre y fueron llevados en brazos durante más tiempo que los bebés más pequeños. Por su parte, aquellos que fallecieron por enfermedad fueron llevados en brazos durante más tiempo que los que murieron a causa de un infanticidio”, explica la Universidad de Oxford en un comunicado.

Para llegar a estos resultados, los investigadores revisaron datos de 83 casos de ICC documentados en 15 sitios diferentes. En estos se documentaron casos de madres que cargaron a sus infantes muertos entre rangos de 30 minutos hasta periodos de 126 días. La duración promedio de los casos reportados fue de 11 días.

“Al reunir una amplia muestra de casos de ICC procedentes de 15 lugares distintos, podemos extraer conclusiones generalizables a nivel de especie sobre este comportamiento: algo que no se puede hacer utilizando casos de un solo lugar o de una sola subespecie”, Reece Hammond, doctorando de la Facultad de Antropología y Etnografía Museística de Oxford y uno de los autores del estudio. “Esto significa que nuestros hallazgos pueden utilizarse para hacer inferencias sobre la evolución del comportamiento relacionado con la muerte en los seres humanos tras nuestra divergencia de los chimpancés hace entre seis y ocho millones de años”.

En total, probaron diferentes hipótesis que explican la extensión del ICC en los diferentes casos. Los investigadores señalan que la causa de muerte es el principal predictor de que este fenómeno se presente por más tiempo. A este le siguen que se presenten en sitios con intervalos más largos entre nacimientos, los cuales tendieron a mostrar mayores duraciones. A esto se suma la temperatura, la cual tiene una ligera correlación, pero los autores piden interpretarla con cautela.

En resumen, para los autores del estudio, la causa de la muerte fue el indicador más consistente. Esto último respalda la hipótesis de que la muerte de bebés por enfermedad puede resultar más ambigua para la madre.

“Nuestros hallazgos demuestran que no es necesario dar por sentado que las madres de los chimpancés y los bonobos conciben la muerte como algo irreversible para explicar durante cuánto tiempo llevan consigo a sus crías muertas. Estos patrones pueden explicarse por la persistencia del comportamiento maternal y por factores sociales, relacionados con el ciclo vital y ambientales, pero, y esto es importante, eso no significa que estos animales sean incapaces de reconocer la muerte”, Thomas Püschel, uno de los autores del estudio.

Una de las aclaraciones que hacen los autores del estudio es “que ninguno de los patrones observados en la duración del transporte de los cadáveres de los bebés implica que las madres reconozcan la muerte como un estado biológico irreversible, aunque tampoco excluyen necesariamente dicho reconocimiento. Dada la estrecha relación evolutiva entre el género Pan y el género Homo, esto podría indicar que los complejos marcos cognitivos necesarios para reconocer el carácter definitivo de la muerte surgieron en el linaje de los homínidos tras la divergencia del último antepasado común de Pan y Homo”.

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