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Una enorme cantidad de basura espacial cae a la Tierra cada semana

Mientras miles de satélites se ponen en órbita cada año, también crece la cantidad de basura espacial que regresa sin control. Hace una década la Fuerza Espacial de Estados Unidos emitió alertas por 110 objetos, y ahora ya va en más de 800.

Selam Gebrekidan / The New York Times

31 de julio de 2026 - 01:00 p. m.
El año pasado se lanzaron más de 300 cohetes, casi cuatro veces más que hace una década. EFE/ RAGUL KRISHNAN
Foto: EFE - RAGUL KRISHNAN
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Una tarde de diciembre, el cielo se desgarró y un pedazo de metal en llamas, más ancho que un autobús escolar, cayó a toda velocidad.

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Sonó más fuerte que un trueno cuando se estrelló en un terreno agrícola y asustó a todos en el pueblo de Mukuku, a unas tres horas al sur de Nairobi, Kenia.

“La gente pensaba que era el fin del mundo”, dijo John Mukunuu, quien vive cerca.

(Lea también: El impresionante vídeo de Starship aterrizando en el mar tras su vuelo de prueba número 13)

Cuando los lugareños llegaron, encontraron un anillo gigante, más alto que un hombre y más pesado que un caballo, incrustado en la tierra. Lo vieron enfriarse de una brasa resplandeciente a un gris opaco. Lo vigilaron, tomándose una que otra selfi, hasta que las autoridades de la capital abarrotaron el pueblo.

El anillo había conectado partes de un cohete. Se suponía que debía haberse calcinado en su regreso a la Tierra.

“Este es un evento aislado”, dijo la Agencia Espacial de Kenia a principios de 2025.

No exactamente.

Ahora caen más desechos espaciales sobre la Tierra que nunca, un efecto de la frenética carrera entre gobiernos y empresas como SpaceX por dominar los cielos.

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El año pasado, la Fuerza Espacial de Estados Unidos emitió alertas por casi 820 objetos que ingresaron a la atmósfera de la Tierra. Hace una década, el gobierno emitió alertas por 110 objetos.

“Los reingresos ocurren todos y cada uno de los días”, dijo Mariusz Slonina, quien dirige las operaciones de conocimiento de la situación espacial de la Agencia Espacial Polaca. Objetos enormes que pesan una tonelada métrica o más llegan alrededor de una vez a la semana, dijo.

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(Le puede interesar: En video: el momento en que un rayo impactó un cohete segundos después del despegue)

Gran parte de los escombros se incinera en la atmósfera o cae en el Pacífico, pero cuando no es así, se desploma contra el suelo, de manera descontrolada e impredecible.

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Mientras más objetos lancen los humanos a la órbita, más escombros tendrán que esquivar en la Tierra. El año pasado se lanzaron más de 300 cohetes, casi cuatro veces más que hace una década. Eso significa que se espera que caigan de vuelta muchos más pedazos y partes gastadas.

Los satélites moribundos son otros detritos comunes de esta era espacial. Un buen número de los aproximadamente 16.000 satélites en órbita regresarán a la Tierra en última instancia.

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En 2024, equipos desechados de la Estación Espacial Internacional se estrellaron contra una casa en Florida. A principios del año pasado, parte de un cohete de SpaceX aterrizó cerca de un concurrido centro comercial en Poznan, Polonia. Se encontró otra pieza cerca del aeropuerto de la ciudad, según la Agencia Espacial Polaca.

Meses después, un satélite chino fuera de servicio cayó a toda velocidad sobre Tenerife, una de las islas Canarias en España. El satélite de tres toneladas métricas envió ondas de choque por toda la región antes de fragmentarse y arder en el aire.

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En octubre, unos mineros descubrieron escombros en llamas en una carretera del desierto en Australia occidental. Recientemente, “bolas espaciales” gigantes llegaron a la orilla de una playa australiana.

El mosaico de regulaciones que rigen los lanzamientos de cohetes y la basura orbital no está a la altura del ritmo del desarrollo espacial.

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SpaceX de Elon Musk, que tiene más de 10,000 satélites en órbita, ha solicitado lanzar un millón más. Blue Origins de Jeff Bezos tiene ambiciones similares y se espera que las “megaconstelaciones” chinas tengan cientos de miles de satélites.

Por ahora, es más probable que a las personas les caiga un rayo a que sean golpeadas por basura espacial. El único caso documentado es el de una mujer de Oklahoma que fue golpeada por escombros en la década de 1990. Sobrevivió relativamente ilesa.

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Pero esas probabilidades están cambiando. Un estudio para la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA, por su sigla en inglés) concluyó que, para 2035, los desechos de los satélites de SpaceX por sí solos podrían matar o herir a alguien cada dos años.

El riesgo disminuye si los satélites se calcinan en la atmósfera, concluyó el estudio. Durante un tiempo, SpaceX dijo que todos sus satélites que regresaban se incineraban. Luego, en 2024, se encontró un pedazo de metal de SpaceX en una granja canadiense. SpaceX, que previamente había estado en desacuerdo con el informe de la FAA, no respondió a las preguntas. Ahora, la compañía dice que alrededor del cinco por ciento de la masa de algunos satélites podría no desintegrarse.

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Sean O’Keefe, profesor de la Universidad de Syracuse y exadministrador de la NASA, dijo: “Los humanos tenemos mucha falta de imaginación. Simplemente no podemos imaginar que nos sucederá a nosotros”.

“Lo único que tiene que hacer es aparecer en un área metropolitana importante”, agregó.

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O’Keefe y otros expertos afirman que se debería obligar a los gobiernos y las empresas a utilizar materiales que se desintegren por completo.

No existe tal regulación. En Estados Unidos, la Comisión Federal de Comunicaciones exige a las empresas que informen sobre el riesgo de víctimas por la caída de satélites, pero la agencia se enfoca principalmente en regular las frecuencias de radio.

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La FAA, que supervisa los lanzamientos, propuso una regla para regular la eliminación de la basura orbital, pero retiró la idea en enero después de que la industria espacial se opusiera.

Los tratados de la Organización de las Naciones Unidas rigen la responsabilidad por la basura espacial que hiera a personas o dañe propiedades, pero esos son reliquias de la Guerra Fría con un alcance limitado. La ONU emitió directrices para la basura espacial en 2007, cuando había muchos menos satélites. Esas directrices no son vinculantes.

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Si los objetos están en caída libre, ni siquiera los mejores científicos de cohetes pueden predecir con precisión dónde aterrizarán o si se incinerarán por completo. Un error de un minuto al predecir el reingreso cambia la zona de aterrizaje por casi 483 kilómetros, según Aerospace Corporation, un grupo de investigación sin fines de lucro.

En enero, por ejemplo, una bola de fuego perforó la atmósfera sobre Europa. Era la etapa superior de un cohete Zhuque-3, fuera de control después de que una empresa china, Landspace, lo lanzara el mes anterior.

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Las agencias espaciales de todo el mundo monitorearon el objeto durante cuatro días. Era tan pesado —alrededor de 11 toneladas métricas— que no esperaban que se incinerara.

Los gobiernos temían que pudiera precipitarse en áreas densamente pobladas. Los funcionarios británicos pidieron a las redes móviles que probaran el sistema de alertas de emergencia.

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“Las últimas horas, las últimas órbitas transcurrieron sobre Europa, y fue realmente peligroso”, dijo Slonina de la Agencia Espacial Polaca.

Al final, los escombros cayeron en algún lugar del océano Índico o del Pacífico.

La basura de cohetes está avivando tensiones geopolíticas

La plataforma de lanzamiento más nueva de China está en Hainan, una isla frente a la costa sur del país.

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Muchas de las zonas de caída circundantes, donde es probable que caigan los escombros, están en aguas en disputa en el mar de China Meridional.

Los pescadores filipinos se han enfrentado durante años a confrontaciones con la Guardia Costera de China en estas aguas. En estos días, también tienen que estar atentos a los escombros de cohetes.

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Las autoridades filipinas aconsejan no salir al mar siempre que China notifica a los pilotos o marineros sobre un lanzamiento desde Hainan, dijo Gay Jane P. Perez, directora general de la Agencia Espacial Filipina.

Trece piezas de cohetes, algunas del tamaño de pequeñas embarcaciones, han llegado a la orilla en Filipinas en los últimos cuatro años. La mayoría tenía marcas con caracteres chinos o partes de la bandera china, dijo la agencia espacial.

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“Antes, observábamos el acceso al mar. Ahora incluso recibimos escombros de cohetes”, dijo Perez.

¿Quién paga si la basura espacial te golpea a ti o a tu casa?

Si los escombros pertenecen a una empresa o una agencia de tu país, el sistema legal local resuelve las cuestiones de responsabilidad.

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Si no, es probable que tu país dependa de los tratados de la ONU para recuperar los costos.

El convenio sobre responsabilidad, por ejemplo, otorga a los países el derecho a una compensación si el objeto espacial de otro Estado hiere a personas o daña propiedades. Otro tratado, llamado el Acuerdo de Salvamento y Devolución, permite que a los gobiernos se les pague por el costo de devolver objetos espaciales.

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Pero los tratados fueron escritos en una era en la que los países estaban más preocupados porque los astronautas se convirtieran en prisioneros de guerra o por el robo de tecnología, dijo Rosanna Deim-Hoffmann, quien trabaja en temas legales y políticos en la Oficina para Asuntos del Espacio Ultraterrestre de la ONU.

“La forma en que se redactó el tratado no es la manera en que se usa hoy en día”, dijo.

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El primer paso, entonces, es confirmar de dónde provinieron los escombros. Eso significa que la gente común y corriente está a merced de sus gobiernos.

En Kenia, las autoridades tardaron meses en confirmar que el anillo era parte de un cohete francés que había lanzado un satélite de televisión estadounidense. Los escombros orbitaron la Tierra durante más de 16 años antes de estrellarse, según la agencia espacial francesa.

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El gobierno de Kenia no ha solicitado formalmente compensación a Francia, dijo el Ministerio de Asuntos Exteriores francés. Tampoco ha compartido esta información con los habitantes del pueblo, quienes dijeron que el impacto agrietó las casas cercanas, según Daniel Maanzo, un senador que representa el área.

“El gobierno dice que primero tienen que identificar al propietario del objeto, porque es quien es la fuente de la negligencia”, dijo Maanzo.

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“Eso no sucedió”, dijo. “No hubo compensación”.

Brian Otieno y Siyi Zhao colaboraron con el reportaje.

Selam Gebrekidan es reportera de investigación en The New York Times y está radicada en Hong Kong.

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Por Selam Gebrekidan / The New York Times

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