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Veronika, la vaca que usa una herramienta y cuestiona lo que creemos saber de estos animales

Veronika, una vaca que vive como mascota en Austria, no solo se rasca con una herramienta, sino que elige de manera sistemática entre sus distintos extremos según la parte del cuerpo, ajusta su agarre y anticipa sus movimientos. Los autores cuestionan que quizá hemos subestimado la capacidad cognitiva de las vacas.

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20 de enero de 2026 - 02:19 p. m.
Veronika fue criada como mascota en el sur de Austria. Foto: Osuna-Mascaró
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“Imagine las herramientas que fabricaría una vaca”. Con esa frase comienza un particular e interesante estudio publicado esta semana en la revista científica Current Biology. Se trata, para quienes no lo conocen, de un guiño a Cow Tools (Herramientas de vaca), una caricatura muy famosa creada por Gary Larson para su serie The Far Side y publicada originalmente el 12 de octubre de 1982. En la viñeta, una vaca aparece de pie frente a una mesa de trabajo llena de herramientas extrañas e inútiles para los humanos, supuestamente diseñadas por ella misma.

Aunque las vacas no fabrican herramientas, el estudio sugiere que, en ciertas circunstancias, sí pueden usarlas. O al menos, esa es la historia que cuentan los investigadores a partir del caso de Veronika, una vaca que vive como mascota en Carintia, al sur de Austria, y que utiliza una escoba para rascar partes del cuerpo.

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Lo interesante no es solo que use el objeto, sino cómo lo hace. Veronika, según los investigadores, selecciona y manipula la herramienta con la boca, elige de manera sistemática entre el extremo con cerdas o el palo liso según la zona del cuerpo que quiere rascar, y ajusta su agarre antes de cada acción. Para los autores, este comportamiento constituye una demostración de uso flexible, intencional y dependiente del contexto de una herramienta, algo bien documentado en primates y algunas otras especies, pero nunca antes verificado experimentalmente en ganado.

Para entender cómo lograron esto, hay que explicar que los investigadores pusieron frente a Veronika una escoba de patio con dos extremos muy distintos: uno con cerdas rígidas y otro liso, correspondiente al palo. La hipótesis inicial era que el animal se concentraría en regiones del cuerpo difíciles de alcanzar y que, cuando fuera posible, preferiría el extremo del cepillo, más eficaz para rascar, lo que sugeriría un uso de la herramienta orientado a un objetivo y no accidental.

Y eso fue, en parte, lo que ocurrió. Veronika utilizó la escoba únicamente para rascar regiones de la parte posterior de su cuerpo, como el lomo, la grupa, la ubre y el vientre, que normalmente no puede alcanzar por sí sola. Pero el modo en que lo hizo fue mucho más sofisticado de lo esperado por los investigadores. La vaca levantaba la herramienta con la boca, la acomodaba con ayuda de la lengua y la sujetaba de forma estable entre los dientes, ajustando el agarre antes de usarla. Ese control le permitía dirigir con precisión el extremo distal de la escoba hacia la zona que quería rascar.

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Lo más llamativo, se lee en el estudio, fue que Veronika no usaba la escoba siempre de la misma manera. Dependiendo de la parte del cuerpo, elegía uno u otro extremo. Para las zonas superiores, donde la piel es más gruesa, prefería el extremo con cerdas y realizaba movimientos de fregado, levantando y reposicionando la herramienta entre acciones. En cambio, cuando se trataba de áreas mucho más delicadas, como la ubre o los pliegues del vientre, utilizaba el extremo liso del palo, aplicando empujes suaves y muy precisos. Los análisis estadísticos confirmaron que esta elección no era aleatoria, sino que dependía de la región corporal.

Este patrón, escriben los autores, sugiere que Veronika era sensible a las propiedades mecánicas de la herramienta: las cerdas ofrecían fricción para rascar piel más dura, mientras que el palo evitaba la abrasión en zonas sensibles. Además, los investigadores observaron ajustes anticipados del agarre y una variedad de técnicas, lo que indica planificación y control motor fino. En el artículo se destaca que este comportamiento constituye un uso “multipropósito” de una misma herramienta, es decir, aprovechar distintas partes del objeto para funciones diferentes, algo que solo se ha documentado de forma consistente en chimpancés.

Los autores aclaran que el uso de herramientas no es completamente desconocido en ungulados terrestres: ya se habían descrito casos en especies como los elefantes asiáticos, y existían observaciones sueltas (muchas de ellas en redes sociales) de vacas (Bos indicus) rascándose con objetos, así como reportes científicos aislados en caballos. El problema es que todo eso era anecdótico: observaciones, sin pruebas controladas ni verificación experimental. Además, y más allá del caso puntual, el estudio cuestiona una idea muy arraigada: que el ganado carece de capacidades cognitivas complejas. “El caso de Veronika, si bien surge en condiciones inusualmente ricas para una vaca, sugiere que cuando tales posibilidades están disponibles, el ganado puede expresar capacidades subyacentes que de otro modo es poco probable que surjan”, escriben los autores.

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Las vacas constituyen una de las poblaciones de animales domésticos más grandes del planeta, pero viven en sistemas de cría donde el entorno suele ser pobre en estímulos: pocos objetos, poco margen para explorar y resolver problemas. En ese contexto, aunque tengan la capacidad, rara vez se les da la oportunidad de mostrar comportamientos complejos como el uso de herramientas. En esa línea, el caso de Veronika podría no ser una excepción genética, sino que la mayoría de las vacas nunca tienen la oportunidad de mostrar algo similar.

“A pesar de milenios de domesticación para la productividad, el ganado ha sido casi completamente excluido de los debates sobre la inteligencia animal. El caso de Veronika desafía esta negligencia, revelando que la resolución de problemas técnicos no se limita a especies con cerebros grandes y manos o picos manipulativos”, se lee en el estudio. “Quizás el verdadero absurdo no resida en imaginar una vaca que use herramientas, sino en asumir que tal cosa nunca podría existir”.

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