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15 Jun 2022 - 1:00 a. m.

La zozobra que dejó ‘Mayimbú’ entre los líderes sociales del Cauca

El capítulo más oscuro de la vida subversiva del disidente de las Farc, Leider Johany Noscué o Mayimbú, es el sistemático asesinato de líderes y lideresas sociales del Cauca. Tras su muerte deja deudas y desazón ante sus familias.
Camilo Pardo Quintero

Camilo Pardo Quintero

Periodista Proyectos especiales
Según la Fiscalía, hasta el primer semestre de 2022 se ha esclarecido el 28 % de los asesinatos a líderes. / Cristian Garavito
Según la Fiscalía, hasta el primer semestre de 2022 se ha esclarecido el 28 % de los asesinatos a líderes. / Cristian Garavito
Foto: El Espectador; - Cristian Garavito

Al interior de decenas de consejos comunitarios y resguardos indígenas al norte del Cauca, Leider Johany Noscué, Mayimbú, era visto como un criminal megalómano y capaz de todo para que su nombre retumbara a lo largo la región. “Asesinar líderes sociales era su combustible. Mataba e inmediatamente se iba de juerga, donde presumía lujos estrafalarios y mostraba como trofeo la vida y dignidad de quienes hacía daño”, le dijo a este diario la Asociación Renacer Siglo XXI, desde Santander de Quilichao.

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Tal vez ese afán de figurar y de mostrarse ante sus víctimas y compañeros de disidencia fue lo que lo acercó a la muerte. Noscué tenía tatuado su nombre (Leider) en el antebrazo derecho. De acuerdo con inteligencia militar, ese rasgo en particular fue el que los llevó a dar con él en la madrugada del 13 de junio, en la que posteriormente lo mataron en combate. Allí incautaron dinero, estupefacientes y armas, de las cuales llamaban la atención dos revólveres Prieto Beretta de nueve milímetros, enchapados en oro y grabados con su alias, una muestra más de su personalidad arrogante y jactanciosa.

Mayimbú entró a la extinta guerrilla de las Farc con 11 años. Supo escalar de a poco en el grupo subversivo y desde antes de la firma del Acuerdo de Paz se ganó la confianza del que consideró su mentor, Gentil Duarte, jefe de las disidencias de las Farc, quien murió el pasado 4 de mayo en ataque del Estado colombiano.

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“Gentil (Duarte) era bastante conocido en nuestra región por su gusto para asesinar líderes y lideresas sociales. Eso lo inculcaba en sus filas y nadie lo cuestionaba. Leider Noscué no fue la excepción, fue un “alumno privilegiado” a la hora de cometer esos crímenes y casi nunca fallaba. Ese hombre quería mostrarse como un único líder en el Cauca, las armas eran su ley y si veía otro tipo de liderazgo que pudiera opacarlo o que se opusiera a lo que él hiciera, no titubeaba y lo mataba. Para la muestra, el caso de nuestra compañera Karina García en 2019″, le dijo a Colombia+20 un líder social desde Buenos Aires (Cauca) que pidió reserva de identidad.

Ibes, el hermano que nunca se fue

A Leider Noscué se le atribuyeron, extraoficialmente, más de 50 crímenes a líderes sociales, campesinos, indígenas y demás ciudadanos. Pero el asesinato de Ibes Trujillo Contreras, líder social histórico en Buenos Aires (Cauca), fue sin duda el primer caso que puso en el radar de las autoridades a este líder disidente abatido. En 2018, la influencia social que tenía Trujillo era tan grande que nunca nadie se imaginó que se fueran a meter con él. La disidencia Jaime Martínez cambió ese imaginario.

El 10 de julio de 2018, un grupo de tres hombres y una mujer de ese grupo armado lo raptaron de su casa en Suárez y lo llevaron sin rumbo fijo a cautiverio. Allí poco o nada se supo de su paradero, a pesar de que se tenían sospechas de quién lo pudo llevar a cabo. Trujillo llevaba meses siendo blanco de panfletos que buscaban amedrentarlo -sin éxito alguno- y la gran mayoría de ellos estaban firmados por la Jaime Martínez, con un bastión fortísimo en Buenos Aires, Caloto y el mismo Suárez.

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Marcha Patriótica (MP), colectivo que Trujillo lideraba, avisó de inmediato a la Defensoría del Pueblo para indagar por la localización del líder, pero todos los esfuerzos fueron en vano, no había rastro del hombre. “Yo lo único que quiero es que nos entreguen al compañero Ibes o que nos digan si lo mataron o por qué lo retuvieron para irnos en paz”, fue una frase que MP volvió señal de resistencia.

Tras una semana de lamentos e incertidumbre, el cuerpo de Ibes fue encontrado sin vida en zona rural de Caloto. Presentaba signos de tortura en el cuello y el rostro, que más adelante fueron determinados como golpes con rocas, según estudios forenses.

Inmediatamente después se confirmó el asesinato de Trujillo, los colectivos de liderazgos sociales en Buenos Aires le hicieron llegar el caso a Naciones Unidas, organización que deploró el crimen y pidió celeridad en las investigaciones. Fue desde ese momento cuando el nombre de Mayimbú retumbó más que nunca en los noticieros y en la agenda de la Fuerza Pública; se volvió un pez gordo al que tocaba atrapar para no quedar mal ante la comunidad internacional.

“A Ibes lo recuerdo como una persona implacable con sus decisiones de defender la vida. Es un hermano que nunca se fue, porque su legado lo es todo para nosotros. Su lucha es la lucha de todos hasta el día que nos vayamos y su valentía es nuestra herencia. Su muerte fue la que abrió la cacería en firme contra Mayimbú… nadie paraba bola antes y es una lástima que le pusieran cuidado a ese hombre y sus secuaces con la muerte de un hombre tan bueno”, dijo Héctor Marino Carabalí, líder social en Buenos Aires y amigo íntimo de Ibes Trujillo.

En Santander de Quilichao y Buenos Aires hay grafitis y murales enteros dedicados a la vida de Ibes. Para ellos, él nunca se ha ido. Quedó un amigo y mentor que les enseñó que la vida y el respeto por los más débiles es un estilo de vida que no se puede negociar. Mucho menos con el heredero de Mayimbú, del cual aún se desconoce su nombre.

Los recuerdos de Karina

Suárez, pueblo minero y pescador al norte del Cauca, veía en las elecciones regionales de 2019 un cambio para bien. Llevaban años acechados por una violencia armada que no se fue nunca de su territorio y que directamente afectó la democracia local.

En 2007 las elecciones allí fueron suspendidas por hostigamientos guerrilleros. En las contiendas electorales de 2011 y 2015 las amenazas contra líderes sociales en La Toma y Yolombó no cesaron, logrando así que la gente se alejara de las urnas y se resguardaran en sus hogares. Ese 2019 depositaba la esperanza del fin de un ciclo de violencia aterrador que jamás llegó.

Las campañas de Karina García y Ronal Villegas, hoy alcalde de Suárez, se llevaron con moderada calma hasta agosto de ese año. La Jaime Martínez, disidencia más fuerte al norte del Cauca, tenía amenazados a ambos candidatos que lideraban la intención de voto, pero sin ninguna señal concreta que pudiera poner en riesgo sus vidas.

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Todo cambió la noche del 1 de septiembre de 2019. Ese día, Karina García se movilizaba en la camioneta que le fue asignada para su protección personal, junto a su madre Otilia, cuatro líderes sociales más y su escolta, que conducía el vehículo. Se trasladaban por veredas cercanas a Suárez y buscaban llegar por la noche a la cabecera del municipio para cumplir con un compromiso político con unos promotores de su campaña. Pasaron las horas y no se supo nada de ellos, hasta las 6:15 a.m. del día siguiente, cuando llegó la noticia que nadie quiso escuchar nunca: todos los integrantes de la camioneta fueron masacrados.

Los estudios posteriores de Fiscalía indicaron que la camioneta había recibido cerca de 170 impactos de bala y que al vehículo también lo habían atacado con granadas. Como documentó este diario, tres días antes de su asesinato, García sabía que corría un peligro inminente: “Donde la guerrilla no agrada van y dicen que soy su candidata, y a la guerrilla le dicen que soy la candidata de los paramilitares, y así. Entonces, en serio, pongámosle responsabilidad a la contienda. A mí ya me han llamado dos personas a advertirme, y esos nombres están en la Fiscalía encargada de derechos humanos de Popayán y en la de Santander de Quilichao, dos personas a alertarme de que me quieren pegar un susto. En el dichoso susto puede haber consecuencias fatales y no solo conmigo sino con la gente que me acompaña”, dijo la lideresa el 29 de agosto de 2019.

Su asesinato se percibe en el territorio como si hubiese sido perpetrado ayer. Lisifrey Ararat, líder social y defensor ambiental en el corregimiento de La Toma la recuerda con nostalgia y lamenta que este hecho haya sido “tan embolatado” en las investigaciones judiciales que encabezó el Gobierno Nacional y la Fiscalía General de la Nación.

“Aquí Karina representaba aire fresco y un nuevo comenzar para nuestra comunidad. No solo lideraba en las intenciones de voto, sino que en las mismas calles de Suárez toda esa aceptación se transformaba en abrazos y afecto. Su figura era la de una mujer que iba a acabar con las lógicas patriarcales en el poder municipal y su voz era la de indígenas y negros que la respetábamos y la queríamos. Desde que la tenían amenazada se sabía que si algo le pasaba era responsabilidad de Mayimbú y sus matones de la Jaime Martínez y a sabiendas de eso los señores de fiscalía y sus peritos le dieron vueltas innecesarias al caso. Claro que hubo más autores intelectuales, pero el nombre y apellido del directo responsable siempre se supo”, narró Ararat dentro del especial Voces desde el Territorio.

Públicamente, la disidencia de la columna Jaime Martínez nunca se adjudicó esa masacre del 1 de septiembre de 2019. De acuerdo con otro par de líderes de Suárez, consultados por este diario y que pidieron no ser identificados, así se definió la herencia de Mayimbú en el territorio: la cultura del crimen como ley, la impunidad y el silencio como herramienta para infundir terror y la sevicia como sello de identidad.

Suárez añora a Karina y lamenta que Mayimbú nunca hubiera dado la cara ante la justicia. Ahora, sin más que contar sobre el caso que acabó con su vida, la familia de García se encarga de cumplirle uno de sus últimos anhelos, una premonición que la lideresa le pidió a su tío Vicente Sierra horas antes de morir: “si algo me llega a pasar, cuiden de mi hijo, él lo es todo para mí”.

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