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29 Jun 2022 - 9:04 p. m.

Mayor (r) Carlos Ospina, la representación de los militares como víctimas de conflicto

De amplia formación militar y académica, Ospina llegó como el único militar que hacía parte de los 11 comisionados que construirían el informe final de la Comisión de la Verdad. Al dejar su cargo hace menos de tres meses, expresó que como comisionado fue estigmatizado por su vida en la milicia.
Jhordan C. Rodríguez

Jhordan C. Rodríguez

Redactor Judicial
El mayor (r) Carlos Guillermo Ospina renunció a su cargo el 2 de mayo de 2022. Su paso por la CEV estuvo seño de polémicas y señalamientos.
El mayor (r) Carlos Guillermo Ospina renunció a su cargo el 2 de mayo de 2022. Su paso por la CEV estuvo seño de polémicas y señalamientos.
Foto: Carlos Rosas - Óscar Pérez

Como “historicidio” describe el mayor Ospina su salida de la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV). Es un hombre reservado, pero a pesar del silencio que prefiere guardar, las pocas palabras que salen de su boca sobre el rol que adelantó dentro de la entidad, denotan una molestia y algo de melancolía por un trabajo que dejó inconcluso. En varias ocasiones ha dicho que dentro de la CEV no tenía lugar y asegura que fue víctima de señalamientos y estigmatizaciones al interior del equipo.

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Carlos Guillermo Ospina Galvis, mayor retirado del Ejército tras 21 años de servicio en las filas, fue parte de la Comisión de la Verdad hasta el pasado 2 de mayo, cuando hizo pública su decisión de dejar atrás el grupo de 11 comisionados que construye el Informe final de la CEV, que fue entregado el martes 28 de junio. Una relación tormentosa entre él y el equipo hicieron que al estar tan cerca de finalizar su labor, desistiera de continuarla, manifestando que permanecer como comisionado le era imposible.

La bandera del retirado militar dentro de la Comisión fue, principalmente, incluir en el informe a miembros de la Fuerza Pública como víctimas del conflicto armado y no solo como victimarios. Ospina, quien hizo parte de la institución castrense y la dejó hace más de dos décadas, conoce de primera mano los riesgos, secuelas y dolor que deja la guerra. Desde 2013 llegó a la dirigencia de la Asociación Colombiana de Militares Víctimas del Conflicto Armado, una muestra de que los suyos también pierden con esta problemática.

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Ospina, además de militar, es abogado de la Universidad La Gran Colombia, administrador de empresas de la Universidad Cooperativa, profesional en Ciencias Militares de la Escuela Militar de Cadetes José María Córdova y especialista en Administración de la Seguridad de la Universidad Militar Nueva Granada. Una carrera académica amplia la respalda con una vida en la milicia, aparentemente sin tacha. Desde febrero de 1975, cuando inició, hasta abril de 1996, momento de su retiro, y aún hoy, más de dos décadas después, no ha tenido escándalos ni se han adelantado investigaciones por las operaciones en las que participó cuando era activo del Ejército.

Durante el segundo mandato del expresidente Juan Manuel Santos, el mayor (r) acompañó los diálogos de paz que sostuvo ese gobierno con la extinta guerrilla de las Farc en La Habana (Cuba), que concluyeron con la firma del Acuerdo de Paz, el 24 de noviembre de 2016, y que dio paso a la creación de la CEV. Unos meses pasaron y el nombre del militar sonó en el Comité de Escogencia del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR), para hacer parte de la entidad que construiría el relato del conflicto armado en Colombia.

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El miércoles 8 de noviembre de 2017, a las 10:00 a.m., en tan solo 15 minutos, Ospina argumentó ante cinco entrevistadores por qué era la persona idónea para ocupar un puesto en la mesa de la CEV. Su trayectoria como militar le permitió asegurar que conoce el conflicto de una forma amplia y que ha “visto el sufrimiento de cada una de las partes, no solamente podría hablar del sufrimiento que tuvieron las madres de los soldados o los soldados, sino también he visto el sufrimiento de las madres de aquellos que se opusieron de alguna forma al Estado colombiano”.

Para el mayor, tal como lo dijo en esa entrevista, “el dolor es uno solo y el dolor se comparte, eso es lo que nos une”. Uno de los hallazgos del retirado militar es que “dentro de las víctimas no hay una división ideológica, los une es el dolor que ha tenido cada uno”, pero a su modo de ver y manifestar las cosas, sí ha existido una invisibilización de una parte de ellas. Los miembros de la fuerza pública, según él, han sido afectados en igual medida por el conflicto, pero sostuvo desde su ingreso a la CEV que es una población casi que ignorada por completo.

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“Ha habido un sesgo con lo que se llama víctimas militares, porque a los militares se nos enseñó a sufrir y que era nuestro destino que fuéramos heridos o muertos en combate, pero no tuvieron en cuenta que nuestras familias también sufrieron mucho”, aseguró el mayor en esa entrevista de noviembre de 2017. Aún así, fue enfático en asegurar desde aquel entonces que “más que los combatientes, de ambos lados, quienes más están sufriendo, son el entorno familiar”.

En los cuatro años y medio que duró Ospina como comisionado, la constante fueron los choques con otros integrantes de la CEV e incluso con la sociedad. Las acciones del retirado militar muchas veces fueron catalogadas como intenciones de negar la verdad del conflicto armado o de quitarle culpas a la fuerza pública. También se le señaló de ser irresponsable con el manejo de la información de la Comisión y de tratar de restarle importancia a hechos tan graves como las ejecuciones extrajudiciales, conocidas como “falsos positivos”.

Las elecciones legislativas y presidenciales de 2022 fueron la gota que derramó el vaso en la tensa relación del militar y la CEV. Ospina y otras voces manifestaron que con el Informe Final se intentaría interferir en política, específicamente con la escogencia de un nuevo mandatario nacional. Según dijo el militar en sus denuncias públicas, “cuando la responsabilidad de un conflicto armado es netamente del Estado y de sus fuerzas militares, pero se deja aparte a los otros actores de la convivencia, se le está dando razón política a un sector”.

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El 5 de mayo de este año, cuando la renuncia fue presentada, Ospina no se reservó nada y fue muy claro en las razones que lo llevaron a apartarse de su cargo. El mayor (r) aseguró en aquel entonces, que dentro de la CEV “han dicho que yo soy parte de un complot, que yo entré a la Comisión a hacer inteligencia, que yo quiero dañarla y que estoy haciendo un informe que es un contrainforme, porque mi verdad es diferente a la que presentan ellos”. Por esto, dice el Informe Final que se presentó el pasado martes es una versión sesgada del conflicto.

Ahora, poco más de un mes después de dejar la Comisión, el militar insiste en que ya no vale la pena decir qué hizo o que no en la CEV. Resalta que, a su parecer, eran tantos los deseos de los demás comisionados de que él, como único militar, desistiera del cargo, que en poco tiempo borraron su rastro, como si nunca hubiera hecho parte de ellos. “Me sacaron de la página web, es que es la cosa más miserable, no aparezco sino en un letrerito, me borraron mi perfil, me borraron mis actividades, me borraron muchas cosas”.

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A pesar de su notable molestia con la Comisión, Ospina dice que ya no es trabajo de él dar pelea por lo que considera que debería aparecer en el Informe Final. Para el retirado militar, su renuncia a la CEV debe generar en la comunidad dudas sobre cómo se gestaron las cosas la interior de la entidad, pero también sostiene que “si la sociedad colombiana no se pregunta ‘¿y aquí qué pasó?’, no vale la pena y yo no me voy a desgastar diciendo algo, cuando nadie ha visto que es una comisión totalmente sesgada y ahí lo está diciendo”.

Contar la historia tras las peleas al interior de la CEV, dice el mayor, no tiene razón de ser, porque, como manifiesta, “la Comisión ya cometió ‘historicidio’ a la mejor forma Maoísta con las purgas. Ahí está dicho todo mi paso. No hay nada más que agregar a mi historia en la CEV, no existió”. Lejos de compromisos, escándalos y señalamientos, el militar, que aún conserva un sinsabor por como terminaron las cosas, insiste en que “si la sociedad colombiana permite que la CEV asesine históricamente a un comisionado y censure su verdad, nada más vale ni voy a hacer más. No quiero ser héroe, sino abuelo”.

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