16 Apr 2020 - 3:00 a. m.

Estigmatización y discriminación en la pandemia

Valentina García, primer caso confirmado en Villavicencio, ya se recuperó del virus, pero sufrió amenazas en redes sociales por su contagio. Autoridades tienen reportes de casos similares en otras ciudades.

Karen Vanessa Quintero - @karenvaquintero

Algunos enfermos del COVID-19 también deben enfrentar a quienes los discriminan por haberse contagiado. / EFE
Algunos enfermos del COVID-19 también deben enfrentar a quienes los discriminan por haberse contagiado. / EFE

La ingeniera ambiental Valentina García viajó a España para hacer una pasantía internacional. El 3 de marzo llegó a Bogotá, sus papás la recogieron y se trasladaron a Villavicencio. El lunes 9 de marzo se sintió mal, tenía fiebre, malestar general y cansancio, por lo que fue al médico y terminó en aislamiento apenas contó que venía de España.

El 11 de marzo le hicieron la prueba y tres días después le entregaron los resultados. “No sé cómo me contagié. Estuve en Europa desde el 15 de febrero hasta el 3 de marzo, a algunas de las personas con las que tuve contacto les hicieron pruebas y salieron negativas, a otros no, pero no tuvieron síntomas. Tal vez en los vuelos o en los aeropuertos”, dice García, quien es uno de los 3.000 casos positivos de COVID-19 en el país.

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Asegura que nunca violó el aislamiento y que se sentía muy preocupada por la posibilidad de haber contagiado a alguien: “Me informaron que solo corrían peligro de contagio las personas con las que había estado un día antes de que me empezaron los síntomas, pero igual estaba mi familia, personas del trabajo, mi novio, unos primos. Les hicieron pruebas como a 20 personas con las que tuve contacto. Ninguna estaba contagiada”.

Pero aparte de los padecimientos de quienes se contagian, el panorama se hace más complejo cuando la gente cae en comportamientos de poca solidaridad o discriminación contra quienes padecen el COVID-19. Peor aún, cuando hacen campañas en internet contra personas que ni siquiera tienen la enfermedad.

Valentina fue agredida: “Dieron la dirección de mi casa, llegaron incluso amenazas de muerte por redes sociales, no sé si en algún momento vinieron”. La Policía y el alcalde tomaron medidas. Vigilaron la zona y conversaron con un grupo de personas del conjunto que estaban indispuestas con la situación.

La secretaria de Salud de Villavicencio, Tania Lucero Cortés, dijo que la Alcaldía estuvo pendiente del caso desde el inicio, brindando asesoría psicológica y vigilancia para garantizar el bienestar de la paciente. “Esta es una enfermedad nueva, estamos aprendiendo, no podemos castigar de esa forma. Esperamos pronto pasar a la siguiente etapa, que es la de comprensión y aceptación”, dijo.

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Pero el de Valentina no fue el único caso. En Neiva fue apedreada la vivienda de dos mujeres mayores que tenían el virus. En Soacha, Cundinamarca, vecinos intentaron agredir a un hombre que contrajo el virus en Ecuador. En Cali un hombre que trabaja como DJ dijo que sus vecinos lo señalaron en redes sociales cuando se enteraron de que tenía coronavirus. En los cuatro casos se filtró la identidad de los pacientes.

Recientemente, una mujer en Barranquilla fue amenazada por información falsa que circuló en redes sociales. Una empresa de aseo estaba desinfectando casas y calles y, desde un edificio cercano, alguien hizo un video en el que se mostraba la fachada de su casa; las personas que limpiaban tenían tapabocas y objetos de protección. El video fue divulgado por redes sociales con información falsa. “Al día siguiente llegaron mensajes de voz donde decían que estábamos contaminados y que estaban haciendo la desinfección, porque habían sacado a una persona muerta. Empiezan a llegar incluso periodistas que querían corroborar la información. Definitivamente las noticias falsas se reproducen más rápido que el virus”, afirmó la mujer que prefiere no ser identificada.

En grupos de Whatsapp se compartieron amenazas que ponían en riesgo la vida de la mujer y de sus hijos, menores de edad. La Policía explicó a los vecinos que la información era falsa, incluso la empresa de aseo emitió un comunicado aclarando todo. “Sentí temor por mí y por mis hijos. No dormía porque pasaron gritando improperios frente a mi casa. No podía salir y nadie quería traerme domicilios. Tuvimos que encerrarnos en una habitación”, agregó. Los servicios de domicilio ya volvieron, pero ella no sale de casa. Ahora recibe terapias de una psicóloga.

William Alejandro Jiménez, psicólogo y estudiante de doctorado en bioética, no justifica este tipo de comportamientos, pero reconoce que tienen mucho que ver con las angustias, miedos y preocupaciones que se evidencian “cuando hay en el entorno una amenaza latente o peligro. Las reacciones más directas e incontroladas pueden incluir conductas de rechazo hacia el otro, en este caso hacia quien sea portador del virus”, afirmó.

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¿A qué se deben esos comportamientos agresivos y que desinforman y estigmatizan en casos como el de la pandemia? Carlos Mejía, magíster en sociología de la U. Nacional y profesor e investigador de la Universidad del Valle, dice que estos fenómenos colectivos se pueden explicar por medio de lo que Emile Durkheim denominó representaciones sociales colectivas, que se definen como conjuntos de creencias y de sentimientos comunes a los miembros de una sociedad. Es decir, de manera colectiva se hace una representación del otro (en este caso de quienes están contagiados) y se le identifica como una amenaza, y en esa medida son atacados.

A veces también se hacen representaciones de personas que no tienen el virus, pero pueden llegar a contraerlo, como el personal médico que ha reportado agresiones de vecinos. Mejía también hace énfasis en otro elemento clave del debate. La información que circula por todas partes. Gracias a los medios de comunicación modernos, dice el analista, las personas reciben “infinidad de significantes a los que no alcanzan a conferir significados”, por eso hay representaciones confusas y parciales de los hechos. A esa conclusión, recuerda él, han llegado sociólogos como Scott Lash y John Urry.

Por un lado hay una situación de crisis de salud pública que despierta preocupaciones naturales y obliga a tomar medidas de precaución para evitar contagios. Y por el otro hay gente que (a propósito o por ingenuidad) reproduce información que conduce a la discriminación o a crear pánico. Se aprovechan de la falta de precaución de quienes consumen esa información y de la tensión que hay en el ambiente por la enfermedad. De hecho, en febrero de 2020 la compañía de ciberseguridad Kaspersky hizo un estudio que afirma que el 73 % de los colombianos no saben identificar una noticia falsa. Muchos periodistas tampoco.

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“Ya se activaron las redes de alarma, hay teléfonos para que la gente se pueda comunicar, quienes manejamos los programas de salud mental estamos trabajando para evitar que el pánico se propague”, afirmó Oscar Díaz, médico y psiquiatra. Y recordó que la Asociación Colombiana de Psiquiatría habilitó una línea (192) para que quienes sientan miedo o pánico puedan buscar ayuda. Los profesionales reciben la llamada y la dirigen a las regiones donde están los voluntarios.

Valentina García es ya una paciente recuperada y trata de volver a su vida cotidiana. Sigue aislada y con temores. Ya no al virus, sino a la intolerancia de quienes la juzgan por haberse contagiado.

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