Faltaban apenas tres días para que Tatiana Alejandra Hernández Díaz, estudiante de Medicina de la Universidad Militar Nueva Granada, finalizara su internado médico en el Hospital Naval de Cartagena, ubicado en Bocagrande.
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Era Domingo de Ramos, 13 de abril de 2025. Horas antes, en la mañana, había asistido a una eucaristía en el Santuario de San Pedro Claver junto a su mamá, quien había llegado con su familia desde Bogotá para ayudarle con el equipaje de regreso a la ciudad. No quería que cargara peso extra.
Pero Tatiana nunca volvió: hoy se cumplen once meses desde su desaparición en los espolones de la Avenida Santander.
En esta entrevista, Lucy Díaz, su madre, habló de las inconsistencias que, asegura, rodean la investigación, el impacto económico que ha implicado la búsqueda de su hija y las amenazas que su familia ha recibido.
¿Cuál es el balance de este año de búsqueda?
Como, desafortunadamente, no somos una familia de estrato alto, familiares de alguien reconocido, de un político y demás, nuestro caso ha sido manejado a un bajo perfil, donde no vemos resultados ni el apoyo y cada vez siguen dilatando.
Estuve viviendo en Cartagena por seis meses tratando de ayudar en la búsqueda con la información que recibimos de diferentes testigos. Teníamos conocimiento de que a Tatiana “una persona la sacó del lugar donde ella estaba viendo el atardecer”, se la llevó y no sabemos para dónde.
Pedimos ayuda a la Fiscalía, al CTI, a la Armada, a la Policía, a la Alcaldía… Se supone que cuando sucede un caso de estos con una persona muy importante, acordonan la ciudad, cosa a la que le llaman el Plan Candado, y reportan si ven salir a la persona o algún movimiento raro en un vehículo. Resulta que, cuatro días después de la desaparición de Tatiana, el 17 de abril, fuimos a un peaje a colocar una ficha del aviso de la desaparición y los policías no tenían conocimiento de qué había sucedido. Fui a una isla y, de igual forma, me preguntaban: “cuándo fue eso”, “en dónde fue”, “quién era”. Y yo decía: “Pero, ¿cómo lo manejaron?”.
Sobre la investigación en la zona, ¿qué le dijeron los equipos que estuvieron a cargo?
Que las cámaras del distrito, desafortunadamente, entre comillas, no funcionan. Que ellos habían ido a validar toda la información al Centro Histórico, cerca de los espolones en donde se vio por última vez, en el boquetillo de la plaza de Santa Teresa y el boquetillo de Café del Mar, que ellos habían abordado todas esas cámaras y que no había ninguna información de Tatiana.
Uno de los hoteles que quedaba ahí cerca sí prestó un video, en donde decían que no se distinguía si efectivamente era ella, pero por el horario en que vieron una silueta, era una posibilidad. Llegó ahí a la roca, se sentó, y el fiscal de Cartagena nos hizo mucho énfasis en que, de ahí, nunca salió. Que prácticamente se fue al mar.
Nos dijeron: “No, ustedes no pueden ir a pedir información a los establecimientos privados. Tienen que ir con una orden de la Fiscalía o de las autoridades para que les puedan prestar ayuda”. A los 55 días, después de que hicieron esa búsqueda submarina con un robot, comenzamos a preguntarle a los administradores de los establecimientos por los videos y el proceso, pero nos contestaron: “¿por qué no vino antes? Después de 30 días o 40 días nuestros videos se re-graban. Ya no los tenemos y nadie vino nunca".
¿Y cuál fue la información que recibió de terceros sobre el caso?
Hay algo oscuro. ¿Por qué dos testigos totalmente diferentes dicen haber pasado por ese sector el día en que Tatiana estaba allí sentada y dan las descripciones prácticamente iguales o similares? No es una coincidencia si la Fiscalía no ha querido hacer énfasis en buscar o analizar quién es esa persona, porque dieron retratos hablados y describen el mismo vestuario, la estatura, la apariencia, la fisionomía. Dijeron que era una persona alta, mayor, de piel blanca y con barba. Uno de los testigos dijo que parecía extranjero, el otro no lo mencionó, pero coinciden en la descripción general. Sobre la vestimenta, por ejemplo, uno comentó que llevaba una camisa azul turquí y el otro dijo que era azul oscura.
La Fiscalía ya tenía conocimiento de lo que había sucedido, pero lo dejaron de lado, como ha pasado con otros casos de jóvenes en Cartagena. En varias ocasiones, los padres reciben mensajes implícitos —como que dejan sandalias en la orilla del mar, dando a entender que su hija se ahogó— y nunca reciben resultados ni respuestas.
¿Cómo se enteró de lo que ocurría con esas familias?
Viví en Cartagena por 25 años y antes me parecía una ciudad tranquila. Pero personas que me conocían se acercaron para decirme: “Esto es el pan de cada día, que desaparezcan las jóvenes, los adolescentes, pero sí suelen callar a las familias”.
Me reuní con padres de jóvenes que se han desaparecido en la ciudad de Cartagena y contaban los testimonios en almuerzos comunitarios que hacíamos: “a mí me llevaron 20 millones de pesos”, “a mí me dijeron ‘si sigue haciendo ruido con los medios de comunicación, me voy a llevar a su otra hija’”.
¿En algún momento usted también recibió amenazas?
Sí. Nos amenazaron, nos dijeron que iban a tomar represalias contra mi esposo y contra mí, que nos iban a llevar a un campamento a ver si íbamos a seguir siendo, con estas palabras textuales, “sapos” ante las autoridades. Afortunadamente grabé eso y lo llevé a la Fiscalía.
No supimos quién era. Se supone que se hizo una investigación al respecto y nos respondieron: “Efectivamente, no pueden seguir más en Cartagena”. Pero yo no estoy diciendo mentiras. Voy a hacer todo el ruido que pueda. Nadie me va a callar.
Ha mencionado en otras oportunidades que tuvo que enfrentar pagos por extorsión...
Sí, varios grupos al margen de la ley o gente desde la cárcel —lo digo entre comillas porque no sabemos exactamente quiénes eran, a pesar de las investigaciones que supuestamente hizo la Fiscalía—, llamaban en la madrugada y me decían: “Deme cierta suma de dinero, tenemos a Tatiana cerca de Cartagena. Deme para el peaje, la gasolina, los viáticos de las personas y se la pongo en la madrugada”.
En vista de la desesperación que yo tenía, no me ponía a hacer análisis de si era una llamada real o una llamada falsa. Yo hacía las consignaciones y después ese número me bloqueaba y nunca más me volvían a contactar. Y así me tocó pagar y pagar, hasta que desperté y dije: “No más, porque tampoco tengo los recursos”. Me ha tocado pedirle ayuda a mi familia, a mis amigos, recibir donaciones.
Me mandan fotos con el rostro de Tatiana, de esas que solo se ven una vez. Lo que digo ahora es “mire, he caído unas y mil veces en estas estafa. Si usted me la pone en una videollamada, le consigno tres veces lo que usted me está pidiendo. No lo tengo, pero se lo consigo”. Los investigadores privados me han hecho las verificaciones y me dicen: “Efectivamente, lo que le mandan está hecho con inteligencia artificial”. Ya no caigo en esos juegos de gente inescrupulosa.
¿Y cuándo comenzó esta investigación privada paralela a la de la Fiscalía?
Como al sexto o séptimo mes de la desaparición. Cuando regresé a Bogotá encontré ese grupo de investigadores, una parte de ellos egresados de la misma universidad en donde estudia Tatiana. Por eso me están brindando el apoyo.
Entendiendo que hay un grado de confidencialidad, ¿qué hallazgos complementan la investigación?
Nos dimos cuenta de que después de 10 meses de desaparecida Tatiana, a la Fiscalía le quedó grande hacer la validación del computador que fue decomisado el siguiente día de la desaparición. Nunca nos dijeron que no lo analizaron.
¿Y qué se logró extraer en esta oportunidad?
Nada relevante. Los investigadores privados estaban haciendo un análisis de los últimos correos, los últimos mensajes que ella cruzó, pero no encuentran nada. Lo único que dicen es que puede ser que se haya borrado información de esos equipos.
No sabemos si de pronto alguien le había puesto alguna cita, si alguien le había hecho una llamada... porque ella ese día estaba libre, no estaba en actividad con el hospital. Han intentado verificar eso en sus equipos (celular, tablet y computadora).
Junto a la dificultad emocional que han vivido, ¿cómo ha impactado a su familia en lo económico la búsqueda de su hija, entre viajes, estadías, llamadas...?
Aunque las empresas en las que trabajamos mi esposo y yo nos brindaron mucha ayuda con traslados y estadías, hubo gastos que tuvimos que asumir por nuestra cuenta. En Cartagena nos tocó encargarnos de imprimir afiches, que lamentablemente han ido retirando del Centro Histórico.
Nos han dado apoyo fundaciones de médicos, familiares, amigos, donaciones. Hemos salido un poco adelante, porque endeudados quedamos. Pero así, haciendo una suma bajita con todo lo demás… yo creo que han sido unos COP 35 millones.
Hasta hace poco, en los medios se hablaba de una posible tercera búsqueda marítima. ¿Qué le habían dicho sobre las anteriores y sobre la posibilidad de realizar una nueva?
Me enteré a inicios de febrero, que tuve una reunión en la Fiscalía aquí de Bogotá, que iban a hacer una búsqueda nuevamente en agua. Yo le digo a la fiscal encargada del caso: “¿Por qué siguen perdiendo el tiempo y dinero en esas búsquedas? Ustedes saben que es algo ilógico”. Me dice que “es un protocolo que debemos cerrar y la Armada nos va a colaborar, vamos a hacer la solicitud”.
Me comuniqué. Quería que me dijeran si había una tercera búsqueda, la fecha para desplazarnos y llegar con los investigadores que están en Bogotá para acompañar la actividad. Pero me dijeron que no iban a buscar más, porque con eso ya era suficiente para darle respuesta a la Fiscalía (Bogotá) de la solicitud que hicieron.
Se está haciendo el resumen para entregar todo y concretar que, efectivamente, no encontraron nada positivo. Ahora sí van a descartar la posibilidad de que Tatiana se haya ahogado. No sé ahora qué más van a pretender o en qué van a hacer énfasis, pero siguen sin darnos el soporte con la búsqueda física, que es lo que estamos pidiendo a gritos.