3 Feb 2014 - 7:14 a. m.

El drama de una familia de líderes de restitución de tierras

Fue asesinado el quinto miembro de la familia de Ana Fabricia Córdoba, prima de Piedad Córdoba, y reconocida líder de desplazados que fue asesinada el 7 de junio de 2011.

Wálter Arias. /Medellín

Sicarios que se movilizaban en una motocicleta le propinaron cuatro disparos, tres en la cabeza y uno en la parte inferior del cuerpo, a Carlos Arturo Ospina Córdoba, de 22 años. Sucedió cerca de un lavadero de carros del barrio Naranjal de Medellín, cuando salía de trabajar. (Vea:Repudio por asesinato de hijo de la líder Ana Fabricia Córdoba, también asesinada en 2011)

Luis Fernando Quijano, presidente de la Corporación para el Desarrollo Social, dice que es necesario preguntarse cuáles fueron las medidas de seguridad que tomó el Estado para proteger a esta familia después de que fuera asesinada Ana Fabricia. “Ya han matado a cinco personas —tres hijos hombres, papá y mamá— y sólo quedan dos hijas”, dice.

Las causas del asesinato del joven aún son materia de investigación. El comandante de la Policía Metropolitana, general José Ángel Mendoza, dijo que “la Policía y la Fiscalía harán los máximos esfuerzos por esclarecer este hecho”, con el apoyo de cámaras del sector e información que entreguen los ciudadanos.

Las hipótesis de los investigadores no descartan que los responsables del crimen tengan alguna relación con el asesinato de su madre, quien murió a los 52 años cuando sicarios se subieron a un bus de servicio público y le dispararon.

Días antes que sucediera esto dijo que su muerte estaba anunciada. “Señores, no me dejen matar”, expresó el 29 de abril de 2011 en el auditorio Guillermo Cano de la Alcaldía de Medellín, ante el secretario de Gobierno, voceros de la Vicepresidencia, la Procuraduría, la Fiscalía y la Policía.

Días después de la muerte de Fabricia, Rafael Rincón, expersonero de Medellín y activista de DD.HH., recordó que ella buscó garantías por parte del Estado. “Estuvo en la Fiscalía, en la Alcaldía de Medellín, en la Personería de Medellín y en el Comité Metropolitano de DD.HH. Rogó. Suplicó por su vida. Pero la mataron”.

Lo había hecho por su historial de vida. En 2001 se desplazó de Urabá a la Comuna 13 de Medellín —en ese entonces allí había presencia de milicianos de las Farc y el Eln— porque paramilitares asesinaron a su esposo Dalmiro Ospina Moreno y la amenazaron a ella y a su familia.

Luego fue un hijo de 13 años. Este y otros hechos obligaron a Fabricia a desplazarse nuevamente. Se fue para la Comuna 3 (Manrique), barrio La Cruz. Allí, el 17 de julio 2010, fue asesinado Jonathan Córdoba, 19 años, su hijo mayor. En ese entonces la familia dijo, de manera contundente, que hombres con vestuario de policía habían ido por él. Fabricia, incluso, señaló a un miembro de ésta de ser el responsable de la muerte de su hijo, porque, aseguró, se lo entregó a grupos armados ilegales para que lo mataran.

De esta manera han ido exterminando a esta familia que ha padecido todos los horrores de la violencia de Colombia.

Las exequias de Carlos Arturo Ospina Córdoba, quien vivía con su pareja en unión libre, fueron ayer en la tarde en Medellín.

 

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