Medellín está atravesada por más de 4.000 quebradas, un sistema hídrico que desciende desde las montañas hacia el valle. Pero, con el paso del tiempo, muchas de estas corrientes fueron canalizadas o modificadas para permitir la expansión de barrios, vías e infraestructura.
Ante el panorama de lluvias que se registran en el Valle de Aburrá y la vulnerabilidad de varias zonas de la ciudad frente a inundaciones y crecientes súbitas, la administración distrital ha puesto sobre la mesa un plan de adaptación climática que contempla tanto obras hidráulicas, como la recuperación ambiental de las quebradas y la creación de parques inundables en distintos puntos de la ciudad.
El programa, que se desarrolla junto al Área Metropolitana, prevé una inversión cercana a los COP 663.000 millones y tiene como objetivo intervenir 350 puntos críticos identificados en 91 quebradas. Entre las metas también se incluye la construcción de 21 nuevas obras hidráulicas y la generación de 40.000 metros cuadrados de espacio público, concebidos para cumplir funciones ambientales y de mitigación del riesgo.
Los parques que funcionarían como barreras naturales
Uno de los componentes más novedosos: la construcción de espacios diseñados para retener temporalmente el exceso de agua durante las fuertes lluvias. Como mencionábamos, debido al crecimiento de la ciudad, se redujeron las áreas verdes y aumentaron las superficies cubiertas por concreto, lo que ha limitado en gran medida la absorción natural del agua lluvia. Como resultado, grandes volúmenes de escorrentía llegan a drenajes y cauces que, en varios casos, cuentan con infraestructura obsoleta, construida décadas atrás.
Para el funcionamiento de la propuesta de los parques inundables, se incorporarían tanto superficies naturales, taludes con vegetación de alta absorción como pavimentos filtrantes que permiten almacenar parte del caudal antes de que llegue a las calles o a las viviendas de la ciudad. El modelo, según esto, contemplaría varias capas de contención: primero, estructuras laterales que reciben el flujo inicial; luego zonas con material vegetal que actúan como barrera; y finalmente esas áreas superiores permeables que facilitan la filtración del agua.
La intención es que funcionen como una especie de “esponja”, que reduzca la presión sobre las quebradas y el sistema de drenaje, al tiempo que amplían la disponibilidad de espacio público en la ciudad.
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Algunas de estas soluciones ya se aplican en proyectos urbanos en desarrollo. En Parques del Río Norte, por ejemplo, ya hay un avance en la construcción de un tanque de retención hidráulica, que tendrá capacidad para almacenar más de 1.100 metros cúbicos de agua y se ubicará bajo una cancha de fútbol.
O la adecuación de los cerca de 220.000 metros cuadrados de áreas verdes del Gran Parque Medellín, antiguo aeroparque Juan Pablo Segundo. Esto, pensado para recoger el agua en medio de las precipitaciones fuertes y, así, disminuir el riesgo de inundaciones en sectores cercanos al aeropuerto Olaya Herrera.
De hecho, en Latinoamérica ya se han desarrollado proyectos similares. Uno de ellos es el Parque Inundable Intercomunal Víctor Jara, en la Región Metropolitana de Santiago, en Chile. El parque, que antes se llamaba Parque Inundable Intercomunal La Aguada, se ubica junto al Zanjón de la Aguada y sirve, precisamente, para inundarse de forma controlada durante episodios de lluvia.
Las intervenciones en las quebradas
El cronograma de obras contempla, además, intervenciones progresivas en distintos afluentes de la ciudad. Durante 2026 se priorizarán quebradas como La Honda, Altavista, El Pelón, La Chorrera, La Cabuyala y La Aguadita. Ese mismo año también se proyectan trabajos en La Máquina, en Manrique; La Llorona, en Aranjuez; y El Indio y La Presidenta, en la comuna de El Poblado.
Para el periodo 2027-2028, el plan incluye intervenciones adicionales en quebradas como Iguaná, La Picacha, La Rosa, Cauces, La Milagrosa y La Rafita, con el objetivo de completar la intervención de los puntos críticos identificados.
Las obras se ejecutarán de forma paralela a acciones de recuperación de espacio público, saneamiento de afluentes y control de asentamientos en zonas de riesgo, con la meta de mejorar la capacidad de respuesta de la ciudad frente a estos eventos.