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En 2021 nació el Festival Cinemancia en Medellín como una respuesta de la Corporación Imágenes para un Mundo Nuevo a la crisis que dejó la pandemia, en la que muchos espacios culturales del Valle de Aburrá desaparecieron. Su objetivo es difundir películas independientes en el área metropolitana y ofrecer un espacio de discusión sobre el cine y las artes con una programación académica. A las 7:00 p.m. del 3 de septiembre de 2026, Pablo Roldán, director del festival, daba inicio a la sexta edición, que se acabó este fin de semana.
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“Este año dijimos que íbamos a tener menos películas, quizás menos eventos, y al final terminamos con 109 películas, seis municipios y casi 80 eventos”, anunció Roldán.
La acogida del público a Cinemancia se reflejó en el primer día del festival, cuando algunas personas se quedaron por fuera del Teatro Comfama Alfonso Restrepo Moreno después de que fueron reclamadas las 400 entradas que completaban su aforo. La película de apertura contó la historia de un profesor de música andina de la Universidad Nacional que se enfrenta al inminente cierre del programa. Se trata del estreno de “Todas las canciones del mundo”, del director bogotano Santiago Flórez Rincón.
“Ver todo este grupo de personas, tanta afluencia de público, impresiona muchísimo que un festival entusiasme así al público con su programación y su propuesta. Cada vez es más difícil que un festival logre ese magnetismo sobre la gente”, manifestó el productor de la película, Federico Atehortúa, tras ver el aforo completo del teatro.
La directora de Cinema Comfama, entidad que alojó la función de apertura y varias sedes de la programación, celebró que la oferta cinematográfica de Medellín sea cada vez más amplia y le dé al público la oportunidad de elegir. El festival, explicó, es un reflejo de esa situación: “este monstruo de festival que desde que nació, nació grande”.
Sobre la intención del festival y el tema de esta versión, el director explicó: “hay sobre todo una idea del cine que piensa que, más que contar historias, es para sentir el tiempo, es para experimentar el tiempo”, precisó Roldán, “y por eso creemos que la ficción es la que hace pasar las cosas, es decir, estira el tiempo”.
Los reconocimientos en Cinemancia
Esa idea se refleja en la selección, organizada en tres competencias que reparten el Premio Iris y los estímulos económicos que se entregaron en la clausura. La competencia central reunió catorce películas, entre ellas “La corazonada” de Diego Soto, y “Las almas ni los ojos” de Canela Reyes y César Jaimes. La Competencia Nuevas Voces está dedicada por completo a cortos colombianos recientes, con títulos como “Medellín, yo te saludo” de Lucas Muñoz, y “Madres de nacimiento” de Gloria Isabel Gómez. Finalmente, la competencia de cortometrajes suma quince obras internacionales.
El otro eje del festival es Retrospectivas, que permite ver varias películas de un mismo director en pocos días: la más extensa está dedicada al chileno José Luis Torres Leiva, con once títulos, y hubo otras sobre el austríaco Thomas Fürhapter, la boliviana Luciana Decker y el chileno Sergio Navarro. A eso se suma Iluminaciones, la sección de películas antiguas que fueron restauradas y que este año incluye “Los golfos”, dirigida por Carlos Saura en 1960, y “Macho Dancer”, del filipino Lino Brocka, de 1988.

El festival también invitó a dos críticos a armar cada uno su propia selección: el estadounidense Michael Koresky escogió tres películas y el argentino José Miccio propuso un recorrido de ocho títulos por el cine de su país. Cabe resaltar que muchas de las películas están acompañadas por sus directores en una serie de conversatorios en los que se tratan temas como el documental y la ficción, la crítica, el canon y el legado de algunos artistas.
Las sedes de Cinemancia
Por su parte, la sede centro del Colombo Americano funcionó como Casa Cinemancia, con dos salas, cuatro proyecciones diarias, una exposición de afiches y otra sobre los materiales de las películas, y es la única sede que apareció todos los días de la programación. “Las cosas se perfilan para hacer un gran festival. Obviamente siempre hay retos y hay muchas cosas en el detrás de cámaras del festival que lo llevan hacia adelante”, manifestó Roldán sobre todo lo que sucede más allá de las proyecciones.
Con sus 109 películas de 24 países, el festival se expande por el Valle de Aburrá en quince salas de seis municipios: en Medellín hay programación en La Capilla del Claustro Comfama, Cineprox Las Américas, el Cine MAMM, el ITM y la librería Antimateria; en Itagüí, en el Teatro Caribe y la Fundación Diego Echavarría Misas; en Envigado, en la Casa Museo Otraparte; en Bello, en la Biblioteca Comfama; en Caldas, en la Casa Municipal de la Cultura; y en Copacabana, en el Terko Bar. Casi todas las funciones eran de entrada libre por orden de llegada, con dos excepciones: en Cineprox Las Américas, donde había que comprar boleta en taquilla, y en el Cine MAMM, que se adquirían en el primer piso del museo.

El festival se sostiene por la cooperación de distintas entidades. Del sector público participan el Fondo para el Desarrollo Cinematográfico, el Ministerio de las Culturas, Corantioquia y las alcaldías de Medellín e Itagüí. Las cajas de compensación Comfama y Comfenalco aportan recursos y buena parte de las sedes. La cooperación extranjera del Goethe-Institut, la Embajada de Austria, Acción Cultural Española y la Cineteca de la Universidad de Chile hace posibles varias de las películas que participan en la sección retrospectivas. Además, algunos negocios pequeños de la ciudad se sumaron a la iniciativa desde el sector privado.