“Sentimos el peligro inminente de infectarnos y morir”: interno líder en La Picota

José Antonio Rodríguez, líder del Movimiento Nacional Carcelario habló con este diario sobre las preocupaciones que tienen frente a un eventual contagio masivo de coronavirus en las cárceles.

José Antonio Rodríguez está recluido en la cárcel La Picota de Bogotá. (imagen de referencia)Archivo El Espectador

José Antonio Rodríguez, vocero del Movimiento Nacional Carcelario, habló con El Espectador sobre las preocupaciones que les genera un eventual brote de Covid-19 en las cárceles colombianas en medio de un hacinamiento que asciende al 50% y unas precarias condiciones de salud. Desde la cárcel La Picota, donde está recluido, Rodríguez se refirió a la protesta que se coordinó en diferentes penales del país el pasado 21 de marzo y que terminó en el intento de motín de La Modelo, en el que murieron 23 internos en hechos que todavía están por esclarecerse.

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El Gobierno ya declaró la emergencia carcelaria y, además, está próximo a emitir un decreto para concederle la prisión domiciliaria a miles de internos por razones humanitarias. Por ejemplo, para “mayores de 60 años (que no estén condenados por delitos graves), personas enfermas, madres gestantes, que ya tengan permiso de salida por 72 horas, entre otros que estamos analizando”, según señaló la ministra de Justicia, Margarita Cabello.

¿Por qué protestaron el 21 de marzo?

Estamos en una amenaza inminente de perder la vida, no solamente los que estamos presos, sino los que están en la calle. De los que están en la calle me imagino que más de uno tiene la angustia de pensar para donde irse y asegurarse que el virus ese no le quite la vida. Nosotros nos sentimos parecido y nos pasa lo mismo. Lo que hicimos fue sencillamente una protesta pacífica. Allá en la calle lo llaman cacerolazo, nosotros no tenemos, entonces hicimos un “puertazo”: cogimos a golpes las puertas de las celdas. Aquí sentimos el peligro inminente de morir y de infectarnos. Y sentimos la desatención y el menosprecio del gobierno y de las autoridades.

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¿En qué sentido?

No hay una sola medicina. No tenemos ni agua. Por ejemplo, en este momento (la entrevista se hizo el domingo 22 de marzo) no hay agua en las celdas ni para hacer nuestras necesidades con un poquito más de higiene. No hay un tapabocas. No tenemos un control de movimiento de gentes y en la unidad de salud no hay con qué atender un dolor de estómago. 

El Inpec dijo que se iban a entregar jabones y gel y usted dice que no hay ni agua. ¿Qué falta? 

Hace más de 12 años la Corte Constitucional instituyó una palabra toda sofisticada para hablar de los problemas de la cárcel y dice que hay un estado de cosas inconstitucionales. Eso, con el paso del tiempo, se agrava, se agrava y solo se agrava.  Hoy pasó de límite. La ministra de Justicia, de una manera irresponsable e indolente, habla de un plan macabro de los presos. El plan macabro es del Estado colombiano con esa política de desatención, de menosprecio de la vida de los presos, de no conceder ni siquiera las cosas mínimas que están en la ley. Y ahora, resulta que nosotros somos los bandidos que estamos cometiendo otros macabros cuando estamos sufriendo la política macabra contra los presos de Colombia hace más de cincuenta años.  Hay personas más que por ley deberían estar fuera de la cárcel y siguen presos. Hay sindicados que tienen cómo estar en su casa y, sin embargo, se les priva de la libertad cuando, según el Código, esa es una medida excepcional. 

El Gobierno asegura que la protesta realmente era un plan criminal de fuga y que no estaba relacionado con el coronavirus, ¿fue así?

No, no, no, no. Decir eso es desalmado. Y más por una persona que representa a un gobierno que se reclama gestor de un Estado Social de Derecho. ¿Cuál plan macabro de fuga, señora? Cuénteme usted, periodista: ¿quién no está en este momento en cualquier lugar de Colombia angustiado con la amenaza que vivimos con ese coronavirus? Y nosotros estamos aquí hacinados. Nos toca estar amontonados, cuando la política para todo el mundo es de aislamiento.

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Usted está en Picota. Pero, por lo que sabe, ¿en qué momento la protesta de La Modelo escaló tanto?

La estructura de los patios en La Modelo es: un edificio con celdas, al lado un patio, y una pared que da a la calle y unas garitas. Los presos se salieron de las celdas al patio y los guardias llamaron a la Policía. Pero nosotros estábamos haciendo era un llamado de atención. No estamos diciendo que nos den la libertad, sino que se aplique una ley de descongestión hasta donde sea posible. Frente a la situación inminente en que estamos de un contagio masivo, que no se va a poder contener y afuera nadie se va a preocupar, nos van a dejar morir acá. Eso puede escalar a violencia, a desespero, porque ante la muerte, cualquiera se arriesga.

¿Cómo sería esa descongestión?

Que les den la oportunidad a algunos, porque de pronto otros no la vamos a tener, de que por salud o por algún beneficio de ley, sean excarcelados. Hay personas que pueden irse a seguir pagando su pena a su casa. Hay otros que están todavía en condición de sindicados que deben regresar y esperar en su casa que se dé algún día su veredicto. Hay personas mayores de 65 años con enfermedades gravísimas que es doloroso verlos aquí, hay personas que se las está comiendo el cáncer y lo único que hay para darles es un abrazo. No estamos pidiendo impunidad ni una ley especial, somos seres humanos de segunda y eso lo sabemos.

¿Hay mucha angustia?

Yo le tengo que decir: no todos los presos tenemos la misma capacidad de responder con la misma tranquilidad. Hay presos que están mucho más alterados y preocupados y que, incluso, pueden tener un poco de intransigencia frente a la situación y la angustia lo que los hace ser violentos. Incluso, que los señores del Inpec sepan que la lucha nuestra no es contra ellos sino para defender la vida de todos. Porque, a la hora que nos llegue el famoso coronavirus, aquí no se distingue entre el capitán o el pobre preso que está por allá hacinado en una celda durmiendo con 30 más.

¿Cómo es la situación en La Picota?

La Picota tiene como dos grandes cuerpos. Uno que llaman el penal, que es donde está el hacinamiento más atroz, porque en una celda puede haber 30 ó 40 personas. Hay gente durmiendo en pasillos, uno encima de otro. Hay otra parte, que es el Eron, que es de alta seguridad. Hay tres por celda y hay unas 4.000 personas en esas condiciones. Son patios artificiales que no tienen acceso a la luz solar, en donde no hay donde lavar y extender la ropa, dónde no hay donde lavar la loza. El agua la ponen un rato en la mañana. A veces la quitan a medio día y por la noche nunca la tiene uno en la celda.

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Redacción Judicial

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