Expoartesano la memoria, un encuentro con los artesanos del país

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Los visitantes a la feria virtual tendrán la oportunidad de seguir apoyando el trabajo de los artesanos colombianos hasta el próximo domingo 8 de noviembre.

Esta edición de Expoartesano La Memoria, ha sido pionera en su cruzada de apoyo a los artesanos de todo el país, en medio de la nueva realidad que afronta el mundo, y a través de la plataforma que ha servido de punto de encuentro de los clientes habituales con los hombres y mujeres que llevan en sus manos el ADN creativo de los colombianos.

El compromiso de los artesanos participantes ha sido enorme, empezando por lo que significa desprenderse de sus creaciones, pues este año la situación sanitaria no les permitió recorrer los largos caminos desde sus regiones hasta Plaza Mayor en Medellín, muchos a lomo de mula o por horas en canoa, antes de subirse a un avión cargando sus grandes tesoros, para entregarlos directamente en las manos de los compradores, con los que además compartían sus historias ancestrales.

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En esta edición participan 300 artesanos, 100 de ellos provenientes de comunidades étnicas de todo el país que están presentes en la segunda vitrina comercial más importante del sector artesanal

La extensión de la feria irá hasta el domingo 8, será solo para la Tienda Expoartesano y Rueda de Negocios, además puedes encontrarlo en www.expoartesano.com.co

Patricia Hurtado, en la espiral del fuego del pueblo Misak

Patricia Hurtado, indígena Misak, que tiene un proyecto que busca, precisamente, la valoración de su riqueza cultura, así como la del trabajo de sus artesanos en la inversión que hacen de su conocimiento, tiempo, materiales.

Fundó la Asociación Espiral Misak, a la que pertenecen 30 mujeres artesanas y de la que se benefician 120 personas. “La mujer Misak desde los inicios de nuestra historia es artesana. Cuando iniciamos el proceso de mostrarle al mundo lo que nosotros hacemos, quisimos valorar su trabajo. De ahí nació nuestra asociación”, explica Patricia, quien, cuando habla, deja sentir toda su convicción.

“Recuerdo que antes nos decían: ‘¿me vende esta mochila?’. Pero uno nunca decía: ‘vale tanto…’. Uno preguntaba: ‘cuánto me da por ella?’. Hay que cambiar esa actitud. Comenzamos a reunirnos y a prepararnos pensando en crear un grupo que sensibilizara a la comunidad en torno al significado de las artesanías y que mostrara a nuestros jóvenes el sentido profundo de nuestra identidad, esa fuerza que llevamos en nuestra sangre”.

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Buscaron capacitación en el Sena y en Artesanías de Colombia. Y, con la ayuda de los mayores -sus maestros- iniciaron un proceso de introspección desde la raíz. “Esas conversaciones sobre los orígenes y el aprendizaje teórico para aprender a gestionar, nos dieron las bases para iniciar un proyecto que hoy nos llena de ilusión”. Explica que era muy importante para ellas, además de la definición de los conceptos, “saber cuánto vale nuestro tiempo, cuánto invertimos en el material, cuánto nos demoramos haciendo un producto. Y a partir de ahí cobrar lo justo”.

Sentir y pensar como Misak, ese es el gran reto que se tiene, pues, a pesar de vivir en comunidad, las influencias exteriores son muchas. Por eso el fortalecimiento de esa memoria milenaria es clave para conservar el ser interior, la fuerza dada por los ancestros.

Fundaron Espiral Misak en 2015. Ese año se organizaron legalmente e iniciaron una labor “en la que los diseños nacen de lo más hondo que dejaron nuestros shures y shuras (abuelos y abuelas)”.

¿Y por qué Espiral Misak?

“El espiral hace parte de nuestra vida, de nuestra cosmogonía, hablamos del ir y venir: nacemos, crecemos, escribimos una historia y tenemos que regresar a nuestra Madre Tierra”. Y por esa conciencia, dice Patricia, “cuidamos también nuestra Tierra, pues ella nos acogió y nos acogerá de nuevo. La debemos adorar tanto como podamos para no hacerle daño”. Con los tejidos se envuelve su historia. “Siempre estamos haciendo una artesanía, siempre en nuestro nachak estamos hilando, estamos tejiendo. Las niñas y los niños aprenden viendo”.

Espiral Misak tiene un proyecto articulado en el que realizan una serie de prendas inspiradas en sus propias vestimentas: el anako o falda, la ruana, los sombreros. Usan el telar vertical y tejen con agujas croché. Usan la lana de sus ovejas y los hilos de las palmas de iraca y tetera que consiguen en los climas calientes.

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Sus mochilas, con su rica simbología, sus líneas y geometrías, encierran una cadencia y un ritmo al tejer, se diferencian de las realizadas por otras comunidades indígenas en que son más tupidas, usan dos hilos y tienen contrastes entre oscuros y neutros.

Todo lo comercializan a través de Artesanías de Colombia, durante las ferias o cuando les hacen un pedido especial. Tejen con lana de oveja. Y, hacen todo: esquilan, lavan, pisan, hilan, tinturan. También usan fibras sintéticas. Las tinturas las sacan de semillas, barro, cortezas, flores. Usan agua, sal y limón para estabilizar los colores. Todo es único, dice Patricia, porque ninguna tintura sale igual. El nogal, el cascarillo, la lengua de vaca, el eucalipto, el pino, son algunos de los habitantes de sus bosques.

Casi siempre tejen de noche. En solitario o acompañadas. Ahora, también los hombres se han involucrado en la urdimbre. Así que su vida transcurre entre el tejer y el sembrar, dice Patricia Hurtado, orgullosa de un trabajo en el que tejiendo cuentan sus historias como si fuera en las páginas de un libro. Ese conocimiento se expone como un canto a sus orígenes.

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