El fútbol profesional colombiano: 70 años de goles y emociones

Este miércoles se cumplen siete décadas desde el primer partido oficial.

Independiente Santa Fe, el primer campeón del Fútbol Colombiano en 1948 (arriba) y Deportes Tolima, el último campeón (abajo).

A las 11 de la mañana del domingo 15 de agosto de 1948, en la cancha del hipódromo de San Fernando en Itagüí (Antioquia), con un partido entre Atlético Municipal de Medellín y Universidad Nacional de Pereira, comenzó el fútbol profesional en Colombia. Cuatro meses antes habían asesinado a Jorge Eliécer Gaitán y la violencia partidista hacía de las suyas, pero el espectáculo del fútbol irrumpió en los estadios para canalizar pasiones hacia un atrayente entorno de franca competencia deportiva.

Ese encuentro terminó 2-0 en favor del local, con goles de Rafael Serna de pena máxima, al minuto 15, y Carlos Pájaro Rodríguez, cuando el reloj del árbitro Elías Coll marcaba el minuto 38. De Serna se dice que fue tío abuelo de Mauricio Chicho Serna, estelar de Nacional y Boca Juniors en los años 90 y principios del siglo XXI; y de Coll, que fue el padre de Marcos Coll, autor del único gol olímpico en los mundiales, y abuelo de Mario Coll, que jugó con Júnior de Barranquilla y América en los años 80.

Ese primer campeonato fue posible gracias a un grupo de directivos y empresarios encabezados por Humberto Salcedo Fernández y Alfonso Senior Quevedo, quienes a pesar de la férrea división entre la Dimayor y la Adefútbol, impusieron su criterio sobre el de las ligas aficionadas y armaron el torneo con 10 equipos. La primera estrella fue para Santa Fe que nunca soltó la punta. Derrotó a Millonarios en el primer clásico bogotano por 5-3 y por cuatro puntos de ventaja le ganó el campeonato a Júnior.

Fue tal el éxito de ese torneo, que al año siguiente subió a 14 el número de participantes y comenzó la época de El Dorado que, entre 1949 y 1953, vio pasar por Colombia a grandes luminarias del fútbol suramericano. Dominó Millonarios con cuatro estrellas para el equipo de Adolfo Pedernera, Néstor Raúl Rossi, Francisco Cobo Zuluaga o Alfredo Di Stéfano, pero Deportes Caldas le arrebató el título de 1950, sumando entre sus filas al primer jugador que hizo historia en el balompié nacional: Carlos Arango.

Con él cobró forma una de las escuelas de formación de futbolistas: Santa Marta. No sólo fue campeón con Caldas, sino también con Medellín en 1955, Santa Fe en 1958 y Millonarios en los 60. Pasó por el Morelia de México y terminó en Venezuela. Un auténtico crack en un torneo de ídolos extranjeros. En Cali con “El rodillo negro” que convocó a media selección Perú, en Boca Juniors de la misma ciudad acariciando títulos o en Santa Fe que tuvo en sus filas a René Pontoni y Ángel Perucca.

Cuando cayó el telón de El Dorado fue el turno para los antioqueños. Nacional en 1954 con el mundialista argentino Fernando Paternóster en la conducción técnica y Humberto Turrón Álvarez como figura y emblema. Y luego Medellín en 1955 y 1957, con Efraín Caimán Sánchez en el pórtico y el estelar José Manuel Charro Moreno en la cancha o la estrategia. El título solitario de 1956 para Quindío con Jaime Manco Gutiérrez o Ricardo Pibe Díaz entre sus nacionales consagrados, y de nuevo Santa Fe y Millonarios.

Hasta los años 60, los conceptos técnicos tenían sello foráneo. Del argentino Alfredo Cuezzo en el tránsito del mundo aficionado al profesional; de su compatriota Carlos Peucelle o el húngaro Jorge Orth afianzando el semillero del Valle del Cauca; o de Pedernera que llevó a Colombia a su primer Mundial en Chile en 1962. Pero a esa hegemonía se le atravesó el exarquero Gabriel Ochoa Uribe. En Millonarios, Santa Fe y América saben que su nombre equivale a estrellas en sus divisas a lo largo de tres décadas.

En adelante, la formación de futbolistas tuvo cuota mixta y en los planteles se abrieron paso escuelas diversas. Uruguayos en Cúcuta, paraguayos en Pereira, brasileños en Júnior y argentinos en todos lados. El proceso de Francisco Pancho Villegas en Cali, bordado de títulos y una cantera de inolvidables como Óscar López, Miguel Escobar o Jorge Gallego. La pausa victoriosa del Unión Magdalena y su título de 1968, con paraguayos y caribeños. O la hora de los yugoslavos que empezó en Independiente Santa Fe.

Al tiempo que el paraguayo César López Fretes enseñaba en Pereira o Delio Maravilla Gamboa, Alfonso Cañón o Mario Agudelo acaparaban elogios en las canchas, de Yugoslavia aparecieron cuatro hombres del fútbol que hicieron memoria: Toza Veselinovic, Vladimir Popovic, Blagoje Vidinic y Dragoslav Sekularac. Los tres primeros dejaron enseñanzas en clubes o la selección nacional, y el último se volvió un personaje clave del balompié bogotano. En el Hexagonal del Olaya todavía lo rememoran.

Eran los años 70, la aparición de Willington Ortiz y la maestría de Alejandro Brand en Millonarios; o el título de Santa Fe en 1975 con Juan Carlos Sarnari y Carlos Alberto Pandolfi. Hasta que llegó a Nacional el estratega que dio la vuelta de tuerca: Osvaldo Juan Zubeldía. El creador de un exitoso kínder de eximios jugadores que se hicieron técnicos: Francisco Maturana, Eduardo Retat, Hernán Darío Herrera, Pedro Sarmiento, Víctor Luna. Y con ellos, Miguel Ángel el Zurdo López o el peruano César Cueto.

Cali no se quedó atrás e importó a Carlos Salvador Bilardo, de la misma escuela de Estudiantes. No fue campeón, pero su equipo disputó la primera final de la Copa Libertadores para un onceno nacional y dirigió la selección en la eliminatoria mundialista de 1982. Fue el momento en el que Júnior rompió su sequía en 1977 y 1980, con Alfredo Arango, Gabriel Berdugo y Juan Ramón Verón oficiando como jugador y técnico. Y también el del cierre de la década con la primera estrella para América de Cali.

De la mano del médico Ochoa, América sumó en los años 80 cinco títulos más. Perdió tres finales de la Libertadores, pero el equipo de Juan Manuel Bataglia, Gerardo González Aquino, Ricardo Garecca, Roberto Cabañas, Anthony de Ávila y Julio César Falcioni quedó enmarcado en la leyenda. Únicamente Nacional en 1981 y Millonarios en 1987 y 1988 interrumpieron su racha ganadora. Sin embargo, fue también un ciclo de contrastes. No cabe el olvido para admitir que el narcotráfico entró a meter sus sucias manos en el fútbol.

Por eso, la línea de tiempo tuvo una vergonzosa pausa, la de 1989 sin campeón. Tras el asesinato del árbitro Álvaro Ortega, el torneo fue cancelado. En contraste, Nacional ganó la Copa Libertadores y, de la mano de Francisco Maturana y Hernán Darío Gómez, Colombia clasificó a la cita mundialista de 1990. Fue el comienzo de una generación dorada que supo renovarse, acudió a dos mundiales más y dejó historia con Carlos Valderrama, Freddy Rincón, Leonel Álvarez, Andrés Escobar y Faustino Asprilla.

Los años 90 fueron nefastos para el fútbol bogotano y continuó la hegemonía del América, pero irrumpieron procesos notables. La escuela de Nacional, con Bolillo o Juan José Peláez en táctica y estrategia; el Júnior que sumó los talentos del Pibe Valderrama, Víctor Danilo Pacheco, Iván René Valenciano o Alexis Mendoza; y el Cali que, después de 22 años, logró las estrellas de 1996 y 1998 con Miguel Calero, Víctor Bonilla, Máyer Candelo, Mario Yepes y Gerardo Bedoya.

El siglo XXI, con nuevas generaciones a bordo y el auge de la televisión quitándole protagonismo a la radio, vio surgir los torneos cortos y con ellos el regreso de los antiguos campeones. En 2002, por ejemplo, la tercera estrella del Medellín tras 45 años de espera, o en 2003, la segunda del Caldas después de cinco décadas. Un año más tarde obtuvo la Copa Libertadores con Luis Fernando Montoya. Nueva década de olvido para los cuadros bogotanos y tres campeones inéditos: Pasto y Cúcuta en 2006 y Chicó en 2008.

No cabe duda de que los últimos tiempos tienen una marcada hegemonía del Atlético Nacional. Con Juan Carlos Osorio o Reinaldo Rueda lo ganaron todo. Además de seis títulos en esta década, sumaron la Copa Libertadores en 2016. También se evidencia el retorno de los campeones bogotanos. Tres títulos para Santa Fe en 2012, 2014 y 2016 y una Copa Sudamericana en 2015. Dos estrellas para Millonarios en 2012 y 2017. Con ellos, la gloria para Cali, Júnior, Medellín y el campeón vigente Deportes Tolima.

De ayer a hoy, muchas emociones se han amasado en el fútbol y el periodismo se ha encargado de canalizarlas. Como lo contaban Carlos Arturo Rueda, Armando Moncada y Jaime Ortiz, antes brillaban argentinos, uruguayos o brasileños. Nombres como Víctor Ephanor, Jorge Olmedo, Tito Gómez o Hugo Horacio Londero marcaban la pauta. El máximo goleador Sergio Galván Rey se hizo colombiano en el camino. Hoy son muchos los jugadores famosos que no empezaron en el fútbol local.

Los métodos y procesos han cambiado, se han fortalecido las canteras y surgen visiones organizativas innovadoras. Pero en esencia, los semilleros son los mismos: Chocó, Valle del Cauca, las canchas del Caribe, los potreros de Antioquia o la Liga bogotana, entre otros. Ya no se vive del recuerdo del 4-4 con la Unión Soviética en 1962 o del subcampeonato de la Copa América de 1975. En los Mundiales de 2014 y 2018 Colombia estuvo presente y fue protagonista. Los jugadores de renombre triunfan en Europa.

Lo demás son recuerdos sin olvido. De quienes vivieron El Dorado al borde de la cancha; quienes asistieron a los estadios cuando las aficiones se mezclaban, no existían barras bravas y a la salida de los partidos el tercer tiempo incluía unas cuantas cervezas; o de la consigna de los últimos tiempos en los que la televisión lo muestra todo y las cabinas de trasmisión radial permanecen cerradas, pero como decía Alberto Piedrahíta Pacheco: “El fútbol sigue siendo el mejor espectáculo del mundo”.